La península de Yucatán, lugar de asentamiento de una cultura ancestral en la que basamos buena parte de nuestros conocimientos, orgullo y gastronomía, lugar de dos de las ciudades más importantes de la colonia, Mérida y Campeche que, después de tener una relación simbiótica terminó con el desconocimiento del gobernador un 7 de agosto de 1857 y el inicio de la rebelión que conformaría el Estado libre y soberano de Campeche.

La historia tiene dos versiones, las causas pueden ser diversas, cada uno de los que aquí vivimos debemos, en algún momento, leerla y entenderla. No obstante, la división, se debiera a liberales, conservadores, afectaciones económicas, intereses y demás, lo cierto es que nuestra relación simbiótica siguió pero, la rivalidad aumentó, comparar ciudades no solo es absurdo sino innecesario, decir que una es mejor que otra es subjetivo, ahora que si hablamos de poderío económico, creo que no hay duda por mucho que algunos les duela y, sin embargo, nuestras similitudes son mayores que nuestras diferencias.

Celebramos la creación del Estado de Campeche pero, deberíamos estar viendo el futuro de nuestro estado y eso no lo podemos ni debemos hacer de una forma aislacionista o xenófoba (aunque algunos se empeñen en ello). La región sureste del país es una de las más atrasadas y no obstante, es una de las más ricas en tierras, agua y recursos naturales. Pensar solo en nuestro estado sin considerar las ventajas competitivas de la región sería meternos el pie solos, seguir con rivalidades históricas solo por nuestra “libertad” es hasta cierto punto, obtuso.

Es en un momento donde el sistema político cambia cuando se crean las condiciones de reinvención para una región, hay que ser claros, competir en industria con Yucatán es jugar con Sansón a las patadas, competir con el turismo de playa de Quintana Roo es algo cercano a la imposibilidad pero, no por ello debemos de bajar los brazos, al contrario, debemos de impulsar nuestras fortalezas y encontrar mares azules de oportunidad.

Todos tenemos alguna idea que serían un detonante importante dentro de nuestro estado y no, no es necesario invertir enormes cantidades de dinero, es buscarle, pensarle y, nuestra pequeña participación, esos dos empleos generados en nuestra microempresa estarán alimentando a dos familias de un promedio de cuatro que les cambiará la vida y el futuro. No, no es necesario ir a solicitar recursos extraordinarios para construir una isla donde asentar nuestro negocio de paseo por la costa pero, tampoco debemos ser los que vemos que como al vecino le fue bien con el puesto de tacos, le ponemos uno enfrente porque los nuestros son más ricos o conseguimos otro Foodtruck y vendemos lo mismo, en el mismo lugar, a la misma hora (bueno, ya captaron la idea).

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Si encontramos algo que complemente lo de Yucatán y se consuma en Quintana Roo estaremos mejor los tres estados, la región en su totalidad ahora, que si le competimos a Yucatán para venderle al turismo de Q.Roo… bueno… pues buena suerte, mucha, cantidades industriales de fortuna para hacerlo (que se da, no lo duden).

Hay que aprender algo de Yucatán, prefieren lo que ellos producen (cosa que pocas veces sucede aquí) por encima de lo foráneo, hay algo que aprender de Quintana Roo, se reinventan y su servicio y atención es excelso.

Mejores y mucho más capaces hombres y mujeres que su servidor, han hablado de las ventajas regionales, de como podemos crear una sinergia que beneficie a toda una región, no estoy inventando el hilo negro, ni descubriendo el agua tibia al hablar de esto pero, es hora de sacudirnos la espera de nuevas oportunidades y empezar a crearnos las nuestras pues, tenemos una ventaja que antes no teníamos, el mundo es un pañuelo, la información está a un click de distancia, el sistema se está reajustando y el futuro es una página por escribir.

La creación de un estado merece una celebración pero, encerrarnos tras sus murallas no fue, no es y nunca será una opción. Por el contrario, podríamos subirnos a ellas y otear en todas las direcciones buscando el horizonte deseado. Las murallas (las mentales), protegen pero, nunca deben limitar.

P.D. Salvar a nuestro mar es urgente no solo como sustento y futuras oportunidades de negocio sino como responsabilidad obligada con nuestro planeta o más cercano…con nuestros niños.