El 19 de julio de 1979 el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) derroca a la dictadura hereditaria de los Somoza. Era la segunda revolución que triunfaba en América después de la cubana. Mañana se cumplen 39 años de esa victoria y ahora su celebración ocurre en medio de la represión desatada por el gobierno en contra de su población.
En Managua, el pasado 18 de abril se realizó una pequeña manifestación de pensionados en contra de una nueva ley que afectaba sus intereses. Las autoridades responden con violencia, un grupo de jóvenes se solidarizan con los manifestantes y salen a la calle. El gobierno los reprime con mayor fuerza.

Así, la decisión del gobierno de reprimir a los jubilados desata un movimiento nacional de protesta que el gobierno se propone frenar con la actividad de grupos paramilitares que le son fieles, la población les llama “las turbas”, y cuentan con el apoyo de la policía sandinista.

En estos 90 días, la represión del gobierno en lugar de doblar a la población ha hecho que la gente se crezca y que aumente el descontento. La estrategia asesina de las autoridades ha provocado que cada vez más gente participe en las protestas y en las grandes movilizaciones.

El gobierno se niega a reconocer esas cifras. La evidencia es aplastante. En las redes sociales circulan videos con los asesinatos. Hoy todo lo que el poder público realiza termina por saberse. El gobierno ante los hechos actúa como avestruz y trata de esconderse.

Daniel Ortega, el presidente, y su esposa Rosario Murillo, la vicepresidenta, hacen todo por aferrarse al poder. El gobierno anima a los grupos paramilitares, para que maten y atemoricen a la población. Ellos han creado un verdadero “estado de terror.

La pacífica Nicaragua, una sociedad sin mayores niveles de violencia una vez que terminó la guerra entre el gobierno y la Contra, ahora es un campo de batalla entre la sociedad y el gobierno. El 30 de mayo pasado los empresarios rompieron con el presidente Ortega. Después de que hace diez años se hizo del poder, por segunda ocasión, eran sus mejores aliados.

La familia real compuesta por Ortega, Murillo y sus hijos, como la califica el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, gobiernan Nicaragua como en la época de Somoza. Ellos desde hace muchos años traicionaron a la Revolución y a los que dieron su vida por ella. A esta familia lo único que les interesa es el poder y el dinero. Por eso matan.