Pasó el día D. Se votaron 3 gobernadores, 55 diputados y 270 alcaldes. En Coahuila, bajo el látigo de la deuda pública impagable e inexplicable de los Moreira, participaron 15 partidos políticos. En Nayarit, bajo la sombra del narcotráfico oficial, participaron 10 partidos. En Veracruz y Estado de México, bañados por la sangre y la corrupción, compitieron nueve partidos en cada uno.

Impensable… pero triunfaron las dinastías. En Nayarit ganó Antonio Rodríguez García, hijo del exgobernador Antonio Rodríguez Domínguez (1999-2006). Aquella elección dio la primera alternancia a Nayarit. Con una alianza similar a la del 1999, entre el PAN y el PRD, 17 años después Antonio Rodríguez II repite la hazaña y barre a sus oponentes.

En el Estado de México, Alfredo del Mazo III ganó la gubernatura para igualar los registros de su padre, el exgobernador Alfredo II (1981-1986) y de su abuelo, el ex gobernador Alfredo I (1945-1951). Aunque resultó ser peor candidato que sus predecesores. Del Mazo III resultó tener poco atractivo electoral, como cuando compitió por la alcaldía de Huixquilucan, en 2009 también puso de rodillas a su partido. Aunque hubo presiones, Enrique Peña Nieto no le concedió la candidatura en el 2011, y decidió por Eruviel Ávila, quien había amenazado con irse a competir por el PRD. Ávila desbordó las urnas en 2011 y acumuló más del 60% de la votación para el PRI.

Peña creyó, seis años después, que el escenario estaría listo para Del Mazo y se equivocó. Consciente del error movió cielo y tierra para retener la gubernatura. Mandó a todos a operar, mientras él se mantenía distante en las últimas semanas, para no perjudicar a su candidato. Tras dos elecciones, el domingo nació una gran verdad política en la carrera de Alfredo: nunca más aparecerá en una boleta, perdió hasta en su casilla, (la No. 2036, contigua 2, del distrito 17 de Huixquilucan). Alfredo es un político con muy baja rentabilidad electoral.

Rodeada de traiciones y traidores desde el 2012, a Josefina no le quedó de otra que dejar que su hija María José Ocampo le coordinara la campaña, su hija sin experiencia, y su yerno, un priista reconocido que estaba presente en las decisiones claves de su campaña. El golpe sobre las supuestas denuncias que pesaban sobre la familia de Josefina en la PGR, la empujó al final de los conteos de donde no pudo recuperarse.

Hay que sumar el despido de su estratega, el consultor colombiano Mauricio de Vengoechea, anclado durante años en las campañas del PRI, gracias a su relación con el senador yucateco Emilio Gamboa Patrón. Según los panistas el colombiano filtró información.

Andrés Manuel López Obrador subió a su espalda a la maestra Delfina Gómez. Lo hizo convenientemente. A finales del 2016 el popular perredista Juan Zepeda se acercó a Morena para que lo eligieran su candidato. El “no” fue rotundo. Obrador se sentiría más cómodo con una candidatura que pudiera manejar y Zepeda era notoriamente más independiente que la maestra Delfina.

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Desde el 2015, después de ganar la diputación federal de mayoría, Obrador y los dirigentes Higinio Martínez y Horacio Duarte, decidieron que Delfina fuera la candidata. En junio del 2016 la nombraron Presidenta de la Soberanía Nacional (PSN) y bajo este cargo pudo recorrer la geografía estatal. Para fines de año ya empezaba a despuntar.

Las acusaciones de Obrador al PRD y al PT, de ser cómplices del gobierno, impidieron una alianza oficial. Obrador estaba seguro que su partido podría solo, se equivocó. Al de las campañas llegaron los ultimátum. El candidato perredista se la cobraría al tabasqueño al negarle la declinación.

La estructura priista de Coahuila ha sido desde hace años una maquinaria perfecta. Puesta a prueba, es la más ordenada y efectiva de México. Tanto que ese modelo impulsó a Humberto Moreira a la presidencia del PRI para que replicara el esquema en todo el país. Tuvo que renunciar y el proyecto quedó inconcluso en muchas entidades, pero el PRI sigue reteniendo Coahuila.

El PRI es el partido mexicano con mayor rechazo de los ciudadanos, dicen las encuestas, pero sigue siendo un partido muy votado.

Sumando todos los votos de los 328 cargos que fueron electos el domingo en las cuatro entidades, el PRI fue el partido con más votos recibidos, le siguen Morena, en tercero el PAN y en cuarto el PRD. Sin embargo el PRI perdió por un punto (29,8 %) ante Morena (30,8%) en el Estado de México. Fueron la suma de los votos de la alianza con el PVEM-Panal-PES lo que terminó por darle la victoria.

Veamos cinco lecturas iniciales: 1-Con elecciones cerradas como estas (en el 78% de los cargos electos la diferencia entre el primer y segundo lugar fue de menos de 5%) las alianzas son muy importantes. 2- Si los partidos hacen alianzas, los candidatos independientes empiezan a resultar útiles, algunos obtuvieron más porcentaje de votación que partidos como el PVEM, el Panal o el PES, lo que ayuda a fragmentar el voto. 3- La inyección de dinero ilimitado a las campañas no es directamente proporcional a los resultados, porque el electorado es cada vez más independiente. 4- El INE, los cuatro institutos electorales locales que funcionaron y la Fepade son una vergüenza. Se tienen que reconsiderar los criterios para decidir de qué tamaño tendría que ser un fraude para cancelar un registro o anular una elección. 5- El 2017 no es la primera vuelta del 2018.

Lo del domingo, en todo caso, sirvió para evidenciar que Morena no gana elecciones pero sigue creciendo; que el PAN necesita al PRD, que el PRD tiene un abanico de opciones y que el PRI y su muleta verde-ecologista no están muertos.