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Dicen que nada habla mejor de uno que nuestros propios actos. La decisión de aceptar como militante de Morena a Ramón Ochoa Peña debió quedarse como eso: un hecho consumado.

Pero no, Manuel Zavala Salazar salió a explicar que quien fungió como presidente del Congreso, aprobó las cuentas públicas de Enrique Iván González y ha incursionado en actividades delictivas que en este espacio narramos, es un hombre probo por afiliarse a Morena, “por haber recapacitado”, ya no sólo no es un traidor “vendepatrias” sino un prohombre de la izquierda mexicana. Vaya, vaya…

No sé qué ofende más: que se burlen de la inteligencia o que un dirigente político argumente eso para justificar esos antecedentes. Luego no se quejen los que lo reclutaron y postularon y menos los que voten por él.

En fin, ¿qué podemos esperar de quienes redimen a Elba Esther después de acusarla? de quienes se alían con quienes antes censuraron y acusaron de lo peor; con gente que tiene a Manuel Bartlett como asesor electoral después de responsabilizarlo del gran fraude que hizo presidente a Carlos Salinas en 1988.

Por eso me caen mal –no son los únicos- los de Morena: incongruentes. Es como los que se solazan agrediendo a los de enfrente sin verse la cola y no porque la cola de los de enfrente sea justificada o justificable, pero ¡por Dios! den argumentos inteligentes y aspirantes a candidatos honestos, de trayectoria limpia o, de plano, no salgan a venderse como si fueran puros y honestos cuando tienen mil y un cochupos detrás.

Precisamente por eso les digo: cuidado, López y sus seguidores no son diferentes, son exactamente lo mismo pero con la ayuda de quienes lo están haciendo de la patada y les ponen todas las fichas a favor.

¿Ya vieron la entrevista con Jorge Ramos? Veánla en mi Twitter o Facebook.

Prójimo próximo

¿Ha visto ud. a su vecino?, ¿ha apoyado a la señora que le ayuda en su casa?, ¿le ha regalado a su amigo sin trabajo un plato de comida o le ha ayudado con los útiles escolares?, ¿ha visto de qué tamaño puede llegar el recibo de luz? Todo es enorme cuando no hay trabajo o dinero.

Quizá no lo haya hecho, pero sepa que la gente en la calle la está pasando mal. No hay el trabajo indispensable, no hay la oportunidad de ganar un poco más o de completar para llevar a la casa algo. No lo haga por ellos, sea egoísta: Hágalo por ud. La caridad nunca debe verse como ofensiva y menos como vejatoria. Vivimos en un mundo donde si alguien no hace la diferencia el otro puede hacer algo desesperado.

¿Cree ud. que un padre que no consiguió los 50 ó 100 pesos para la comida del día desprecia a un tipo que le da bolsitas de droga para que venda y le garantiza 300 ó 500 pesos diarios?

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Quizá muchos de los que leen esta columna no saben lo que es la desesperación de no tener a quién acudir, de no poder pedir ayuda, de no lograr que le dejen hacerla de jardinero o lavacoches o lo corren de la calle donde la hacía de viene-viene. ¿Y si el chamaco está enfermo…?

Escuché a amigos empresarios pedir le presten para completar la nómina y dar su maquinaria como garantía; otro empeñó la casa para lograrlo en un intento desesperado por no sucumbir o aquellos que dicen que si no compran el diesel robado no puede salir al mar.

No lo sé. Entiendo la desesperación de unos y otros, pero ¿podemos justificar la comisión del delito?

La situación para más de uno es desesperante al extremo de buscar hasta opciones que no tienen una justificación más que esa: la desesperación.

En serio ¿no podemos hacer algo por el prójimo más próximo?

Asesinados

Están matando periodistas en México. La gente sale y reclama, piden trato especial, más cuidados, más presupuesto, más… más. No, lo lamento. Siempre, como periodista, estoy en contra de un trato especial en la ley, que nos perdonen cosas o que nos den otras solo por dedicarnos a esto.

Es verdad. Ser periodista nos da acceso a cosas, lugares y personas que muchas otras personas no podrían ver o saber, pero eso es parte de los riesgos y privilegios del oficio que cada uno de nosotros eligió.

Estoy orgulloso de lo vivido en 36 años, en los que he conocido gente valiosa y ejemplar pero también a seres torturados, obsesionados y enfermos no sólo de poder sino también de sus bajas pasiones y prejuicios.

El periodismo me ha dado amigos que hoy respeto y valoro, otros que nunca lo serán, gente que prefiero no estén en mi vida.

Me ha amenazado de muerte un cobarde, he visto pasar muy cerca las balas de la guerrilla guatemalteca, he sido temeroso al no escribir algunos pasajes que creo me hubieran llevado irremisiblemente a la estadística luctuosa, pero me sigo negando a que se nos dé un trato diferenciado al de los ciudadanos de todos los días.

Y perdón al gremio pero no creo merezcamos un premio por hacer nuestro trabajo, por serle útil a la sociedad y menos que se celebre lo que es un derecho y por el que hoy hay más de un muerto.

Ojalá no haya más muertos, periodistas o no. Ya basta.