La principal misión de la educación es la formación de calidad en conocimientos y valores del perfil adecuado de las nuevas generaciones. Habría que asegurar que la educación es una de las más delicadas tareas sociales, ya que enriquece su esencia de manera permanente. México tiene bien definido en el Artículo Tercero Constitucional la filosofía educativa que requiere. Nada, así ha sido siempre, permanece inmutable. La dinámica de los hechos permite una actualización de criterios, contenidos y métodos, a través de los cuales cada época transmite información sobre su acontecer. Corresponde a la sociedad, cuando así lo juzga, proponer y orientar en lo que sea preciso.

Corresponsabilidad es en definitiva la acción que no debe soslayarse. En relación al fenómeno educativo la comunidad entera, la sociedad en su conjunto, tiene abierta esa oportunidad.

Una Nación no puede al mismo tiempo ser libre y avanzada, moderna y poderosa, si arrastra un lastre de ignorancia. Por ello la intención de la Reforma Educativa representa al igual que un difícil reto, una oportunidad para con el esfuerzo de todos los actores comprometidos en el hecho educativo, alcanzar resultados de calidad, talón de Aquiles de ese colosal Sistema Educativo Nacional, con una población mayor a los 30 millones de alumnos.

El desarrollo de una Nación corre paralelo a los avances y logros de calidad de su educación. En la medida que exista convencimiento pleno de esa necesidad y que, en consecuencia, se de un esfuerzo adicional para hacer posible ese propósito, habrán  logros sustantivos.

Se afirma con verdad que el ser humano está sujeto a una educación permanente; sin embargo es necesario aclarar que lo permanente debe estar sujeto a la evolución, al ascenso, al progreso. Es por ello que la profesionalización y en consecuencia la superación académica de los educadores, no solamente debe garantizar un obligado compromiso de mejores percepciones salariales, sino más importante aún, que esa mejor preparación académica permita el abatimiento, o al menos la disminución de esa abismo que separa en México, en cuanto a la cantidad y la calidad, los resultados educativos.

La magnitud del sector educativo nacional no debe hacernos dudar que aún cuando es importante la participación de la sociedad  en favor de la educación, son los maestros y los alumnos en el salón de clase los auténticos protagonistas del hecho educativo.

Ese “aprender a aprender”, esa mágica conexión que la enseñanza-aprendizaje genera entre quienes trasmiten los conocimientos y quienes los reciben, debiera no ser olvidado como parte sustantiva de ese Modelo Educativo presentado por la SEP, mismo que en próximas fechas, en Foros abiertos en todos los estados del país, será puesto a la revisión, análisis y comentarios de la comunidad educativa.

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El reclamo de la ausencia de un Modelo Educativo que valide lo que la Reforma se proponía llevar a cabo parece, aunque con un poco de retraso, contestarse. Con ello se responde a quienes insistían en señalarla limitada tan solo a la parte administrativa, laboral.

¿ Dónde, se decían los inconformes, estaban los fundamentos: Programas, Contenidos, Planes, Metodologías, que permitieran, objetivamente, tener los elementos necesarios para justificar una Reforma en sus alcances y complejidad, que todavía aún, reta a los más capaces para aterrizarla a la realidad de un México urgido  que así sea ?

¡ Pues bien!, producto de un trabajo acucioso de profesionales de la educación, con experiencia en estos menesteres, el nuevo Modelo Educativo, del que se espera sustituya al que durante muchos años guió el devenir de generaciones de mexicanos, habrá de pasar por el conocimiento de quienes serán sus aplicadores directos, ¡los maestros!

Parece, pues todavía no existe la información suficiente para precisar su contenido y alcances, que la propuesta busca modificar aquellas formas y procedimientos que si bien en el pasado dieron resultado, los cambios que por años han trasformado a la sociedad, obligaban también a una urgente e inaplazable revisión.

La dinámica de un mundo globalizado donde el cambio es la divisa que señala un quehacer que pareciera no detenerse, hace imperativo responder a los reclamos de una educación cuyo producto evidencie calidad, esa que señala una abismal diferencia en aquellos que al concluir sus estudios se enfrentan a la cruda y dolorosa realidad de un mercado laboral cada vez más escaso y selectivo, donde solo los mejores, los más calificados en sus particulares desempeños tienen alguna oportunidad de encontrar empleo.

No serán únicamente los maestros quienes opinen al respecto de ese importante documento, eje vertebrador de la Reforma Educativa; también la opinión de los académicos, padres de familia, empresarios, habrá de escucharse y valorarse. La sociedad en su conjunto, pues de ello depende su futuro, seguramente dará seguimiento a este proceso de búsqueda de consensos y de apertura, para con ello lograr la credibilidad que permita un solidario y efectivo trabajo de equipo.

Con la apertura de esos foros para la presentación del Modelo Educativo que la SEP pone a la consideración del magisterio nacional para su conocimiento y observaciones validadoras, se inicia la parte más difícil del proceso reformista de un sector por mucho tiempo anclado en el pasado.

El Modelo requiere, para retroalimentarse, de una revisión con verdaderos conocedores, de sus subsistemas; de su realidad y resultados, de sus Planes y Programas; de sus Contenidos; de las Metodologías aplicadas; de sus Sistemas de Evaluación; de las características de sus docentes. La invitación está abierta, ¿nos sumamos a ella?