Bueno, es imposible construir la refinería en Atasta, es imposible porque es un área natural protegida y la tendencia mundial es rescatar lo poco rescatable de nuestro entorno antes de que acabemos nuestro planeta en su totalidad.

Ok, no se puede ahí pero, en una plática con uno de los empresarios más informados y activos de este estado, me dijo que porque no hacerlo en Seyba, ahí están los terrenos pero, no dejarlo ahí, mientras está la refinería de petróleo, construir una planta de etanol y sembrar mil hectáreas de caña de azúcar ¿Qué no se puede hacer etanol? Azúcar, ¿qué no se puede azúcar? Que se le Dé al ganado, es decir, un solo producto estaría abriendo las posibilidades a tres áreas productivas, el mismo huevo en tres canastas, casi, casi, un huevo fabergé.

En este mismo espacio hablamos de los trenes, parece que será una realidad, en la onda rara de cambiar el aeropuerto a Seyba, aquí mismo hablamos de reactivar las vías férreas en lugar de mover la infraestructura aérea, pero dejando de lado esa “onda rara” y lo unimos con lo del segundo párrafo, imaginen el nuevo puerto de Seyba con una refinería pero, empezando con la producción de combustibles renovables, con una infraestructura férrea que utilizaría la misma vía no solo para el transporte de pasajeros del nuevo tren maya sino el transporte de productos.

Ahora bien dejando las “ondas raras” y empezando con “los sueños guajiros”, que tal si le sumamos a esa nueva área industrial un centro de investigación de conservación de especies nativas para lograr que la producción de pulpo, camarón, cangrejo, cazón, pámpano, boquinete y pepino de mar, logren aumentar su población y además de eso, ponemos dos despachos, uno que maneje las Normas Oficiales y los permisos de exportación y otro que se encargue de los estudios necesarios para darle valor agregado. En otras palabras, crear un verdadero centro industrial.

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Imaginen que ese centro industrial y de investigación se convierta en referencia estatal, que empiecen a generar proyectos, a darle seguimiento y acompañamiento para evitar situaciones que se salgan del plan y una vez que estén exportando, tantán, listo, a lo que sigue.

Imaginen que además de la refinería, de la generación de etanol, azúcar, alimento para ganado, investigación para la recuperación de especies marinas, valor agregado a productos locales, tendríamos dos salidas, una vía férrea con conexión directa al aeropuerto, con salida vía puerto que se convertiría en uno de los más importantes del golfo y si a eso, le adicionamos la generación de energía sustentable, crearíamos uno de los motores más importantes de la región.

Pero bueno, dejemos los sueños guajiros y empecemos con las realidades, estamos en vísperas de un cambio, todo cambio es bueno, no obstante, dentro de los cambios, se pueden realizar planeaciones que puedan transitar de manera paralela a los cambios nacionales y se integren a los proyectos nacionales, que se unan con otras planeaciones estatales y se logren coordinar en un crecimiento regional. La realidad es que un cambio sin planeación puede generar complicaciones, una planeación en vísperas de un cambio no solo atempera la resistencia a los mismos sino que se mueven en la misma frecuencia generando altas expectativas.

El punto es, hay personas que pueden aportar ideas, proyectos, innovaciones, conocimientos y casi siempre, van en solitario cuando, desde mi punto de vista, es el momento de crear las oportunidades para integrarlos.

Ahora bien, si el problema que tenemos desde hace tiempo y que ahora parece agravarse que es la disminución de empleo, es hora de buscar la creación de nuevas fuentes desde la iniciativa privada y para que eso se dÉ, se necesita que la infraestructura pública se genere bajo una idea clara de lo que queremos.
Se puede hacer… se debe planear.