El presidente Andrés Manuel López Obrador cree que por decreto se puede eliminar para siempre una corriente económica mundial, pero también pareciera que muchos de los que lo ven y escuchan no le dicen que ya vivimos en un país donde la economía se manejaba desde la casa presidencial, y vaya que así nos fue.

Seguro que alguno de mis lectores tendrán menos de 25 años por lo que el país que conocen solo es el de la transición política que llevó a Vicente Fox a la presidencia.

Para más de uno de los que hoy nos leen, lo que pasó en esos aciagos días de los 70’s, 80’s y hasta los 90’s, la narrativa de sus padres, abuelos o hermanos mayores no tiene la misma magnitud de lo que se vivió.

La crisis de 1982 era la peor hasta el momento, la cual provocó una devaluación de 3,100% en el sexenio, la inflación creció 4,030%, el poder adquisitivo decreció 70%, el PIB per cápita se encogió 10%, y las paraestatales se redujeron de 1155 a 413.3

Se pagaban en esos años la borrachera de poder de Luis Echevería y José López Portillo. Uno absurdo en sus planes populistas y el otro mareado por la supuesta bonanza petrolera que nos llevó a endeudar al país hasta que el precio internacional del crudo se hizo presente y la euforia de la riqueza volvió a una realidad que pocos habían conocido.

En 1970 el México político que conocemos estaba condicionado por un tipo de herencia en la que la banda ejecutiva era traspasada de mano en mano, hacia aquel que el presidente en turno designaba como su sucesor.

Justo ese año, Luis Echeverría asumió la presidencia de México. Heredó un país en crisis de legitimidad tras los sucesos de Tlatelolco en 1968. Díaz Ordaz, encima, no reconocía uno de los errores más delicados y trágicos en la historia nacional, tenía un marco de acción complicado, terrible.

En el estudio Crecimiento económico y crisis en México, 1970-2009, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo UAEH, se remarcan algunas de las problemáticas económicas ocurridas durante la época de este mandatario.

Encontramos un crecimiento desmedido de la deuda externa, según publica Excélsior.

“A partir de 1972, el gasto público creciente se convierte en el eje de la política económica del gobierno federal, pero con expansiones y contracciones en el periodo 1972-1976. El déficit público, por exceso de gasto, fue financiado con crédito externo. Como de combate a la pobreza, Luis Echeverría implementó el Programa Integral para el Desarrollo Rural (PIDER)”, según los autores de la investigación.

Su visión “populista” como fue calificado -posiblemente, por la época delicada de crisis de legitimidad, fue necesaria-, lo hicieron apostar por aumentar la deuda extranjera para ocupar las entradas en programas sociales. Para imaginarlo, en 1970 recibió un México con una inflación de 4.6 por ciento y un año antes del término de su periodo, ya era del 11.3 por ciento.

Para los trabajadores, los aumentos en los precios de los productos de consumo común eran “equilibrados” con incrementos de salarios para los trabajadores.
La inversión privada también se vio afectada ante tales políticas. La conjunción de estos sucesos, provocó que se terminaran las reservas internacionales. En 1976, al término de su periodo, el peso sufrió una devaluación severa. La fecha marcada es el terrible 31 de agosto.

Su periodo fue marcado por una idea de paz con la sociedad mexicana, un perdón parcial post tragedia, que terminó en la concepción de una deuda que aún nos queda, y una devaluación que sin lugar a dudas, quedará en la historia incómoda nacional.

Las condiciones del país hoy son otras, pero las medidas que tomó Echeverría y luego siguió López Portillo han sido un pesado lastre para el México de hoy, cuando aún cargamos en la espalda los errores económicos que nos han evitado entrar en periodos de prosperidad.

El gobierno de José López Portillo fue tan malo que lloró ante la nación en su último Informe de Gobierno, pidiéndole perdón por haberlo llevado al primer desplome económico de la era moderna, habiendo tenido todo para evitarlo, dice Ricardo Pascoe Pierce. El país no le creyó el arrepentimiento y murió solo, desprestigiado y ridiculizado. Incluso, hubo ciudadanos que le ladraron en el aeropuerto imitando a un perro, como se dijo a sí mismo cuando garantizó la defensa de la moneda.

La historia no fue diferente con Carlos Salinas de Gortari que creó las condiciones para que, en su momento de gloria -la entrada en vigor del TLCAN-apareciera la guerrilla del EZLN y fuera asesinado su candidato presidencial, en circunstancias que indicaban la complicidad del poder. Se convirtió en villano del país y sigue siendo impresentable a pesar de su activismo.

Esas historias parecieran no estar presentes en la memoria del presidente López. El viernes las que nos faltan hasta nuestros días.