Ganó la discriminación, ganó el especialista en hacer trampas, el que se expresa con misoginia, el que ofende a quienes son diferentes a él y el que ha sacado provecho de las lagunas legales de sus propias leyes.

Ese señor será el próximo presidente de Estados Unidos, pero ¿qué nos asusta? En México vivimos con gobiernos que discriminan a nuestros indígenas, que son capaces de darle “cuotas” a las mujeres porque no las puede considerar iguales, que usan cada excusa legal para sacar provecho y que se empecinan en ocultar su pasado para que no contras- te con su presente.

Lo de Trump en Estados Unidos quizá nos ofenda a muchos, pero creo que el principal problema es que no volteamos a ver hacia adentro. Aquí, en ese México que Trump dice va a aislar económicamente, que va a construir un muro para dejarlo fuera de su paraíso, sólo basta salir a la calle para darnos cuenta de los propios muros que hemos construido nosotros mismos.

No es lo mismo la casa de Las Lomas, o de Bosques o de El Campestre para hablar de colonias bien de diferentes ciudades del país que no se igualan cuando se habla de Iztapala, San Rafael o San Antonio Xluch, para contrastarlas con las colonias mal o menos afortunadas.

Los problemas de México se van a complicar porque no hemos sido capaces de darnos gobiernos fuertes y quizá tengamos razón: todos los políticos roban, nos decepcionan, nos acreditan que usan la ley para aprovecharse de sus cargos, de nuestros impuestos, de nuestra confianza.

Sin embargo, Trump no es muy diferente. No paga sus impuestos usando argucias legales para evitarlo; aquí se les condona las deudas a quienes se roban el ISR de sus trabajadores si son del gobierno y mas si son priistas, panistas, perredistas, pero amigos. ¿Qué es diferente? Al menos Trump lo hizo sin ser parte del gobierno, ese del que ahora, según su currículum, podría usar para seguirse sirviendo.

¿Por quién votaron los americanos? Votaron por un tipo como el Bronco, que habla mucho, que saca lo peor del enojo ciudadano en sistemas políticos agotados por los excesos de los políticos profesionales. Sin embargo, ¿serán la solución que queremos o sólo otros depredadores del poder?

La crisis que vivimos en el mundo no está lejos del exceso, del abuso. De Revolucionarios que se convierten en dictadores como los Castro, los Ortega o los Kirschner, que se heredan el poder. Aquí panistas, priistas y perredistas han aprendido a hacer lo mismo.

¿Es tan grave adjudicarse la Casa Blanca sin pagarla usando el poder del cargo o evadir los impuestos para sostener un imperio inmobiliario? Es lo mismo, la proporción quizá exhiba más a unos que otros, pero el delito es el mismo que sólo se agrava cuando lo comete una autoridad electa, una a la que se le dio la confianza de administrarnos.

¿Nos ofende el racismo de Trump?, pero estamos cómodos con cómo se trata a rarámuris, mayas o los seris de Sonora.

¿Nos ofende cómo se expresa de las mujeres? Y no nos lastima lo que dice un magistrado de cómo se contrata a mujeres, o cómo el secretario de la Función Pública hostigaba a su pareja, o cómo le sacan provecho a las mujeres en la Av. Sullivan de la capital lo mismo los gobiernos del PRI que del PRD que del mismo Andrés Manuel López Obrador.

¿Nos molesta que nos traten como indocumentados? Pero no hemos creado las fuentes de empleo, no les pagamos bien a los empleados, evadimos los impuestos y nos fijamos demasiado si este es prietito, aquel güerito o el otro de “buena” familia.

Un presidente como Trump no vale la pena pero esa decisión corresponde a los estadounidenses. ¿Qué cree usted que piensen ellos de nuestro Peña Nieto o de nuestro Vicente Fox o López Portillo?

Sí, molesta que la nación más poderosa del mundo tenga a un ser así de despreciable en su máximo cargo, pero aquí, como allá, hay todavía quienes piensan que para qué votan si no logran cambiar nada, para qué votan si siempre llegan los mismos. Sólo que esta vez lograron deshacerse de los políticos profesionales, los que también han abusado ahí.

Los americanos se están dando la oportunidad de tener un presidente que no nos gusta a los de fuera pero que sí les gustó a ellos. ¿Nosotros nos hemos preocupado porque les guste nuestro presidente? Ya sé: no somos iguales, ellos son los dueños del mundo, pero somos dueños de nosotros y ni eso pareciera darnos el aliciente para ser mejores y escoger mejor.

¿De veras nos asusta Trump? Creo que aquí tenemos de quiénes asustarnos: los Duarte, los Padrés, los Borge, los Moreira, los Yarrington, y esos vaya que le pegaron a la economía interna de todos: esos sí dan miedo.