El video en el que Andrés Manuel López Obrador pide a los electores de Álvaro Obregón su voto para Layda Sansores San Román ratificó mi decisión personal de no votar por él.

Conozco a Layda y sé que les propuso a los dirigente de Movimiento Ciudadano, cuando dejó ese partido, que usaran sus prerrogativas para apoyarla y a los candidatos de Morena. La senadora que denuncia la corrupción, les exigió su reconocimiento y apoyo si ellos faltaban a la ley para apoyarla.

Layda no ha tenido empacho de ir a donde el viento la mueva: ha estado en el PRI, coqueteó con los panistas –apoyó a Fox-, con los parmistas, se alió con el PRD –fue su candidata a gobernadora de Campeche-, con Movimiento Ciudadano, con el Partido del Trabajo hasta que terminó en Morena.

Lo he narrado aquí varias veces. La señora Sansores vendió su movimiento de protesta por el fraude electoral de 1997 por $300 millones que salieron de nuestros impuestos.

La señora recibió el dinero sin ningún recato y sin ni un solo pestañeo de por medio: me los deben, con esto me recupero de lo que gasté en la campaña, pareció decir la hija del gran cacique tricolor Carlos Sansores Pérez.

Durante esa campaña, la señora Sansores “convencía” a los reporteros a no hacer un análisis crítico de sus mítines, de sus declaraciones, de sus actos cuando fue aspirante a gobernar Campeche.

El que escribe terminó cubriendo sus actos y en una caminata por los pasillos de lo que es ahora la SCT la candidata le pidió que fuera su “amigo” porque con “amigos hago excelentes negocios”. Ella como epítome de la honestidad, ella como la otorgadora del certificado de las virtudes.

Ver a Andrés con ella y con quienes él escogió como sus compañeros de campaña y de partido sólo me merece repudio. López, como ella, son capaces de aliarse con el diablo si eso les da poder y con él todo los beneficios que conlleva. No por nada Andrés ha sido tres veces candidato a la presidencia y no por otra cosa ella, como los demás, sigue apoyándolo.

Layda no puede hacer nada distinto a lo que abrevó en el seno paterno. “El Negro” falleció cuando renunció al partido que lo hizo millonario, que le dio poder y fortuna, pero que también usó para la traición y para destruir a quienes se le oponían. Hombre de horca y cuchillo supo venderse como un benefactor.

Para los Sansores su vida se fincó en la máxima de quienes creen que el dinero lo hace todo y precisamente por ello terminaron haciendo todo por dinero y por poder, sin importar la congruencia y menos el ejemplo.

Precisamente por ello creo que sería un error grave votar por Aníbal Ostoa para el Senado. Layda es el mismo caso de Yolanda Valladares: sólo son leales a quienes se les doblegan o a quienes les pueden dejar algo, nunca a quienes les han dado apoyo, ayuda. Piden una lealtad que no están dispuestos a otorgar. Aníbal no será un senador distinto a Layda, como Valladares no será distinta a sus intereses personales, esos que los han hecho incongruentes. Votar por ellos sería un desperdicio y sería enviar a la Cámara Alta a dos personajes que operarán según sus intereses, nunca los de Campeche o de sus habitantes. Las evidencias los exhiben.

Antes de tomar una decisión final, los electores deberían fijarse en a quien le darán su voto, pero no basarse en promesas, en ofertas políticas o propuestas grandilocuentes imposibles de cumplir.

Para definir el voto deberían de sentarse y analizar con detalle el pasado de cada candidato, sus hechos, sus aportaciones no sólo al país sino al terruño teniendo claro que ese personaje estará en el cargo tres o seis años si antes no se le aparece otra oportunidad que los beneficie y dejen tirada la representación.

Siempre he desconfiando de quienes sólo tienen halagos para sí mismos, de quienes son capaces de encontrar cómo justificar sus trapacerías y tienen el cinismo de esperar que uno se los crea.

Esta columna se publicará antes que inicie la veda electoral y verá la luz de nuevo el próximo viernes, justo antes del fin de semana electoral. El martes siguiente deberíamos saber ya quién ganó la elección. Ojalá lo haga quien pueda cumplir lo que ofreció, que lo haga quien pueda respetar a los que votaron en contra, pero sobre todo que gane el que tenga más votos y se respete la decisión de esa gran mayoría.