La memoria del pueblo de México es muy corta. Es como si nadie se acordara de cómo era este país en los años 60. Es verdad, pocos quedamos de esa generación, pero más de las que siguieron.

Sin embargo, dice el dicho que nadie escarmienta en cabeza ajena y pues eso pareciera que sucederá en la siguiente elección: ganaría el candidato más priista y miembro del sistema político mexicano mientras la gente cree que votará por un cambio real, por una nueva opción política.

A principios de 1983, Andrés Manuel López Obrador fue nombrado presidente del comité ejecutivo estatal del PRI en Tabasco, cargo al que tuvo que renunciar en noviembre del mismo año por conflictos con algunos sectores del partido, debido a las intenciones de López Obrador de “formar comités de base para transparentar el ejercicio presupuestal de las alcaldías”; paralelamente, algunos militantes acusaron que Andrés Manuel buscaba “difundir ideas socialistas en las comunidades”. En 1984 viajó al Distrito Federal para asumir la Dirección de Promoción Social del Instituto Nacional del Consumidor. Fue maestro en el Instituto de formación política del PRI, coordinó el seminario Tabasco en el desarrollo político de México y la publicación El revolucionario tabasqueño.

De acuerdo con su biografía, en 1988 se unió a la Corriente Democrática, una facción del Partido Revolucionario Institucional que se opuso al tradicional método de selección de la candidatura presidencial, a la eventual postulación de Carlos Salinas de Gortari para las elecciones de 1988 y la nueva política económica neoliberal adoptada por el gobierno de Miguel de la Madrid; dicho movimiento se posicionó a favor de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, ex gobernador de Michoacán y fundador de la facción junto a Porfirio Muñoz Ledo.

La Corriente Democrática derivó en el Frente Democrático Nacional (FDN), una coalición de pequeños partidos de izquierda que postularon a Cárdenas como candidato presidencial y a López Obrador como candidato a la gubernatura de Tabasco. Andrés Manuel renunció a su militancia priista y buscó convertirse en gobernador de Tabasco, respaldado por el Partido Mexicano Socialista (PMS), el Partido Popular Socialista (PPS) y el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) para las elecciones estatales de Tabasco de 1988, obteniendo solo el 20.9% de los votos emitidos y perdiendo ante el candidato del PRI, Salvador Neme Castillo, con 78.3% de los sufragios a su favor, dice su biografía.
De nuevo en 1994 volvió a ser candidato y volvió a perder esta vez frene a Roberto Madrazo Pintado. Fue presidente estatal en Tabasco y nacional del PRD y en 2000 candidato a jefe de Gobierno del D.F. a pesar de la polémica por no tener residencia de cinco años, fue jefe de gobierno y candidato presidencial en 2006 luego de un proceso de desafuero por no cumplir una orden judicial. En esos comicios perdería ante Felipe Calderón y más tarde ante Enrique Peña Nieto, pero en ambos alegó fraude y en el primer caso realizó hasta plantón en Reforma.

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Si los ciudadanos están hartos de los partidos y de sus candidatos, con Andrés sólo ratificarán no sólo a los partidos sino a los propietarios de los mismos con el desvío de recursos y los abusos y excesos que ello conlleva.
El candidato que se vende como “el del cambio”, da todos los días cátedra de intolerancia: “o votan por nosotros o son unos traidores”, dice una y otra vez y hasta asegura que “tendremos cayuco completo”, en una reedición tropical del carro completo que tanto presumían en el PRI.

Ese candidato además ha militando o usado a una docena de otros partidos, algunos ya desaparecidos, para sus aspiraciones amén de más de $4,500 millones con los que ha costeado sus campañas presidenciales.

Andrés está lejos de ser el hombre de izquierda que presume: en su gobierno no hubo legislación sobre matrimonio igualitario, tampoco se autorizó la interrupción del embarazo, postulados de la izquierda, y tampoco “contagió” de honradez a Bejarano, a Ponce, a Padierna, a Imaz, marido esos días de Claudia Sheimbaum, a quienes se vio en cadena nacional embolsándose dinero del empresario Carlos Ahumada.

Todos los días Andrés da muestras de enojo: me están agrediendo, dice; me están echando montón, argumenta; pero no acepta que él ha difamado y ofendido a muchos en sus tres intentos por llegar a la presidencia.

Andrés es un pragmático: acusa a Salinas de ser el jefe de la mafia y tiene a Bartlett a su lado, a pesar del fraude del 88 que consumó cuando era secretario de Gobernación; a Alfonso Romo lo acusa de beneficiarse del gobierno pero lo incluye entre sus colaboradores; se queja de Televisa y tiene al suegro del dueño como su coordinador de Turismo; de Slim y tiene a su consuegro como parte de su aliados. Es un incongruente. (sigue).