Jorge Salomón Azar García ha sido quizá el gobernador de Campeche que más ataques ha recibido en la historia reciente de las gubernaturas de la entidad.

En su momento, mucha gente creía a pie juntillas lo que se publicaba sobre la gestión del ingeniero, pero la realidad es que al día de hoy su imagen pública es bastante limpia: tiene una cuenta de Facebook en la que hay pocos comentarios ofensivos en una época que eso es lo común para un político; camina por la ciudad y acude a sitios sin que tenga problemas y la semana que terminó se acercó a saludarlo un ingeniero que le agradeció los apoyos de su gobierno que le provocaron comprar casa y quedarse a vivir en Campeche.

La narrativa no trata de justificar o vanagloriar a quien hace muchos años es mi amigo personal. La idea es acreditar que el tiempo pone a cada quien en su lugar y así como los ataques de hoy pueden no quedar en el subconsciente colectivo Jorge Salomón es un ex gobernador priista que no sólo ha estado activo en temas de su partido sino que ha sido delegado del PRI en un par de entidades en tiempos del PAN y del gobierno de Peña Nieto, hasta poco antes de las elecciones de julio pasado.

Dice en su análisis del PRI publicado en su blog y cuentas de redes sociales que no hay nada permanente, excepto el cambio, retomando una frase de Heráclito.

Azar generó en su gobierno muchos temas polémicos en su momento que poco después se convirtieron en norma nacional. Quizá se haya equivocado en la inamovilidad de los magistrados del Tribunal Superior de Justicia.

En su momento, evitó caer en el espejismo de pagar protección y dejó correr muchas de las acusaciones en su contra. Unas las demandó legalmente, las ganó, otras las perdió, pero si hay alguien que vivió de cerca, en su partido, la alternancia panista y el regreso del tricolor al poder desde cargos de responsabilidad política partidaria es él.

Valga la explicación para referirnos a sus consideraciones públicas en sus sugerencias y propuestas para la permanencia de su partido como instituto político luego de la derrota de julio pasado.

Habla de modificar el lenguaje, las actitudes y en ser incluyentes, escuchar a la sociedad y si fuese necesario cambiar el nombre del partido hacerlo, pero con el compromiso de cambiar las actitudes, alejarse de la corrupción, del compadrazgo. Un cambio absoluto de las actitudes que la sociedad rechaza.
Habla de reconfigurar los estatutos, de voltear a ver la doctrina demócrata cristiana y de volver los ojos a los países nórdicos de Europa como ejemplo a seguir.

Dotar de herramientas a la Comisión de Justicia Partidaria ante tantos actos de traición para que actúe con eficiencia y eficacia.

La propuesta de Azar es mesurada admitiendo siempre su origen priista y su gratitud al partido que lo llevó a gobernar Campeche, pero creo que a Jorge le faltó decir en que le gustaría que se convirtiera el PRI en tiempos de López Obrador.

Para muchos hoy la única opción pareciera unirse a la cargada replicando la vieja costumbre que el PRI pareció enseñarle a todos los partidos. La crisis hoy es de partidos y el PRI pagó los platos rotos porque era gobierno pero todos deben hacer un acto de contrición y revisarse al interior. El PAN y la soberbia de su dirigencia, el PRD y el desmoronamiento de sus tribus, el Verde y su gran capacidad para prostituirse y hasta tener senador y gobernador en la misma persona al mismo tiempo. El PT y el PES como las dos grandes prostitutas del sistema electoral.

Morena, por su parte, llegó a ganar vendiéndose como el partido de la honestidad, de la diferencia, de los distintos y hasta ahora sólo ha acreditado que son más de lo mismo y que su proyecto es regresarnos a un pasado que, por desgracia, no nos dejó un buen sabor de boca.

Jorge Salomón tiene razón en poner su grano de arena al PRI, vaya que lo necesitan, pero la realidad es que como país, como sociedad también debemos de vernos en el espejo y valorar si nos gusta lo que vemos en el espejo porque pareciera cierto que tenemos los gobiernos que nos merecemos.

Otra de Rocío Abreu: yo y mis convicciones, cualquiera que sean… sólo que me dejen para vivir. En este país a nadie se obliga a nada, menos en política.