Es complicado pensar que podamos, de manera individual cambiar algo en este, nuestro país, lo que deseamos que representen nuestros representantes populares suele ponerse en una lista de espera por detrás de los intereses partidistas a los que responden pues nuestra lealtad es algo extraña en este país, mientras mayor sea el número más se diluye la responsabilidad que se tiene, es decir, los electores, esa masa de ciudadanos que se supone eligieron a ese representante, al ser tantos no se les debe nada, por el contrario, al que palomeó la lista, la candidatura, el anhelo, es un rostro definido a quien se le debe lealtad, los intereses individuales se anteponen a los de la mayoría, el favor se debe y eventualmente se cobrará, se creará una red de relaciones que aíslan a quienes se supone deben de servir pues se mueven en realidades diferentes, en una se creen iluminados, en otra esperan que al menos se ponga la luminaria de la calle oscura donde se nos va la vida.

Pero lo verdaderamente grave es que no pasa nada, lo vemos a la lejanía, cual si fuera un espejismo y mientras el calor reseca aún más nuestra garganta, caminamos en busca de esa gota de agua que vemos beber copiosamente pero que por mucho que andemos no habremos de llegar.

La mayoría de nosotros no entendemos a nuestros representantes, no entendemos sus funciones, no sabemos qué están haciendo, para que lo están haciendo o como lo están realizando, quizá recibiremos algún anuncio con el fin de informar y nos conformaremos con eso pues nos dicen que se trabaja por nosotros y estamos tan ocupados en sobrevivir en nuestra vida diaria que francamente ni le damos importancia pues así nos acostumbraron y así lo dejamos ser.

Es complicado pensar que solos podríamos hacer un cambio pero en realidad no es tan difícil, no podemos cambiar en lo general pero sí en lo particular, no es cuestión de decirlo nada más sino empezar a hacerlo y no será necesario esperar el visto bueno pues no necesitamos que nos digan que está bien que limpiémoslo frente de nuestra casa, que nos pongamos de acuerdo para limpiar el parque de la esquina, que entre todos los de la calle pongamos un farol en la puerta para que la noche oscura, no lo sea tanto.

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La representación de nuestros intereses, aunque es una obligación constitucional es algo que en nuestra realidad parece ser lo de menos, si nuestra realidad está separada de la de aquellos que nos prometieron que en esta ocasión las cosas cambiarían pues que así sea, empecemos a cambiar desde nuestros hogares, evitemos caer en esa comodidad supuesta de saltarnos las reglas, de pedir un favor a través de una llamada o creer que con una mordida o un diezmo somos más inteligentes que la mayoría. Nos tardaremos más, eso es seguro, pasaremos por una interminable fila de escritorios que nos llevarán de punto a punto pero regresaremos a nuestro hogar y estaremos tranquilos. Demasiado tiempo hemos vivido en esa idea absurda de que “el que no transa no avanza” y es absurda pues si creemos eso, alguien eventualmente transará contra nosotros para que no avancemos.

Las personas que te quieren y están cerca de ti, son las que te verán, a las que no debes de convencer de cómo eres pero, son las que seguirán tu ejemplo y ser ejemplo no es cuestión de un día, es una decisión diaria.

Nuestra representación puede no representarnos pero, eso no es justificante para que no empecemos a cambiar las cosas por nuestra cuenta, no es impedimento para hacer las cosas bien sin que importe si alguien nos ve o no, pues no es para la foto, es para nuestra vida. Quizá creas que esto, aquí escrito es un sueño guajiro y que nuestras acciones no impactan en nuestra realidad… Tus acciones representan tu realidad, tu actuar habla por ti y aquellos que más amas, verán que no importa lo complicado que sea, siempre se podrá.

Nuestros representantes populares pueden no representarnos y vivir en una realidad alterna pero aquí, de este lado, la obligación siempre será nuestra.