Vladimir de la Torre_3

El sábado 12 de agosto, el PRI decidirá cuál será el calendario electoral con el que concluirá el año. Aplanar el camino para la elección del candidato presidencial, inicia la negociación y la presión para la integración de las listas plurinominales al Congreso y al Senado, y el estatus de la dirigencia del partido.

Al presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa se le ve cómodo y sonriente, pero se tiene que ir. El PRI necesitará construir la figura del candidato a la Presidencia de la mano del partido, y Ochoa no parece muy dispuesto a ceder terreno.

Tras los resultados electorales del 4 de junio, Ochoa se subió a la narrativa de “y en el 2018 volveremos a ganar”. Con esto busca dar vuelta a la página y enviar un mensaje de permanencia. Critica a quienes se obsesionan con el poder, pero se observa aferrado. Y se equivoca. Permitirle quedarse más tiempo también es una equivocación. ¿Por qué?

Hay tres rutas entre las que puede elegir el PRI:

La ruta 1: Esperar a diciembre para que elijan a su candidato, asumiendo que así evitarán desgastarlo, pero entraría con desventaja a la carrera del 2018, cuando hay otros candidatos posicionados.

La ruta 2: Modificar los estatutos del PRI, que prohíbe al presidente del partido aspirar a la candidatura presidencial. Bajo las actuales circunstancias si Ochoa no será el candidato no tiene sentido que continúe ocupando los espacios asignados en radio y Tv durante el resto del año, mientras que los aspirantes Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador hacen uso de ellos como presidentes del partido. Salvo se piense que Ochoa sí conseguirá la candidatura, solo en ese caso se justificaría que continúe con semejante exposición mediática.

La ruta 3: El PRI llegará al 2018 gobernando 14 entidades; para que pueda proteger e impulsar a su candidato presidencial en los 18 estados donde es oposición, el partido necesita a un estratega con experiencia, y hasta ahora Ochoa no es lo primero ni tiene lo segundo.

LAS DEL PAN. En los estatutos del PAN (Artículo 91) está previsto que el arranque para la selección de su candidato presidencial inicie en septiembre del año anterior a la elección. Desde el 2016 corrientes al interior del PAN, impulsadas por Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle han solicitado al presidente del CEN, Ricardo Anaya, que defina sus aspiraciones.

El Artículo 92 establece que los militantes del PAN elegirán a los candidatos a cargos de elección popular. En el inciso 2 advierte que pueden emplearse como métodos alternos, la designación o la elección abierta de ciudadanos. El escenario es poco usual, por primera vez un presidente del PAN, una exprimera dama y un expriista aspiran a la candidatura del partido, eso implica un rompimiento de todas las reglas conservadoras con las que se ha manejado el albiazul.

¿Ricardo Anaya puede ser juez y parte? No debería. Las elecciones del 2017 van a tribunales, al menos dos de ellas, concluido este plazo su papel como presidente del partido debe concluir.

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Anaya, en las condiciones actuales, deja de ser un interlocutor creíble ante los otros competidores que piden, con razón, piso parejo.

Estas son tres rutas entre las que puede elegir el PAN:

La ruta 1: Concluida la etapa de impugnaciones, que Ricardo Anaya pida licencia como presidente del partido y se ponga en igualdad de condiciones con sus competidores.

La ruta 2: Que sea toda la militancia la que decida la forma de elección de candidatos y no el Consejo General. Así quedaría legitimado el método y no lo decidiría solo el Consejo, actualmente controlado por Ricardo.

La ruta 3: Que Anaya decida no competir por la candidatura y deje pasar a los otros dos contendientes y se quede como árbitro del proceso interno. En esta última ruta el beneficiado sería Moreno Valle. En su comportamiento, es evidente que piensa primero en él, luego en Moreno Valle y Zavala es su última opción.

LA DE MORENA. En febrero pasado, la dirigencia nacional de Morena confirmó que el candidato a la presidencia será electo por los ciudadanos. Hasta el momento parece que la única opción del partido es su presidente nacional, López Obrador. Sería la tercera consecutiva (2006, 2012 y 2018), igualando la marca de Cuauhtemoc Cárdenas (1988, 1994 y 2000).

Obrador tiene una clara ventaja al interior de su partido: no tiene sombra. Desde que comenzaron a representar una competencia, la izquierda mexicana ha sido obediente.

Obrador ha competido anteriormente por las siglas del PRD, PT y Movimiento Ciudadano.

Para 2018, si bien Obrador lleva una ventaja sobre sus posibles competidores, considerando las circunstancias se dificultan sus aspiraciones. Obrador ha minado su propio terreno al negarse a construir alianzas con otras fuerzas políticas salvo el PT.

En 2006 hubo cinco candidatos presidenciales, y en 2012 solo cuatro. En 2018  habrá entre cinco y seis, incluidos candidatos independientes. El voto se pulverizará, sin alianzas fuertes, Morena dificulta su propio escenario.

Estas son tres rutas entre las que puede elegir Morena:

La ruta 1: Que Obrador recapacite y considere nuevas alianzas con fuerzas políticas que estarán a la deriva, esperando la mejor propuesta. A diferencia del 2006 y 2012, que jugó con el PRD, Morena llegará al 2018 sin gobernadores de su partido en el país y eso impactará en su operación electoral.

La ruta 2: Morena deja de desacreditar a los militantes y simpatizantes de otros partidos para pedir luego el voto útil a su favor. En el Estado de México más de un millón de perredistas siguieron apoyando a su partido y no a Morena como tenían previsto.

La ruta 3: Obrador emplea un discurso más conciliador con los ciudadanos para simpatizar o lo radicaliza más para seguir defendiendo que es no es igual a los demás.

En solo semanas serán visible las rutas que van tomando las principales fuerzas políticas del país. En un escenario donde se confunden las ideologías y prevalecerán los liderazgos que les alcance construir.