Caray. Dos días después y aún no salgo de la sorpresa de que la Selección Mexicana le ganara a la de Alemania con un resultado mínimo, pero en un juego no circunstancial sino jugado de frente y sin temor.

“¡Hombre, es un juego, qué más da!”. Efectivamente es solo un juego, no obstante era uno que nadie esperaba que se ganara; al contrario, remoloneamos en el pesimismo de la derrota y aún así nos pusimos la ‘verde’ y vimos el partido con esperanza de vencer, y si esto no sucedía nos justificaríamos diciendo lo que fuera: “Ya lo sabíamos”, “han estado mal desde hace mucho”, “eran los campeones del mundo”, “es culpa del director técnico y sus mil rotaciones”.

Somos especialistas en el pesimismo, esperamos siempre lo peor para que cuando suceda no nos decepcione, para que estemos preparados. En otras palabras, somos especialistas en el autoflagelo, pero en cierta forma nos desconcierta la victoria.

¡Ganamos! ¿Ahora qué? ¿Cómo administramos la euforia? ¿Cómo sobrevivimos a la incredulidad?

Es tan extraño que no, no sabemos qué hacer con ello, empezamos a pensar en que algo malo sucederá, que fue “chiripa”, que es una cortina de humo, que no debemos hacernos ilusiones y, créanme, no pasaría nada si solo fuera en fútbol, pero pareciera que nos gusta el dolor, las mejores telenovelas son las mexicanas y eso quizá sea porque nos gusta reflejarnos en esas circunstancias de tener todo en contra y aún así sobrellevar el día a día, el soportar crisis y recesiones tan continuas que parecen una sola y reírnos de la muerte, pues eso es parte de nuestra cultura. Sí, estamos inmersos en el dolor y hacemos fiesta, quizá para sobrellevarlo, quizá para olvidarlo, pero a la hora de la victoria, del éxito, no sabemos cómo reaccionar por la simple y sencilla razón que no estamos acostumbrados.

Los mexicanos nos comemos a los mexicanos y aquí, en nuestro estado hay un dicho famoso de María Lavalle Urbina: “lo único que no perdona un campechano, es el éxito de otro campechano”. Debemos cambiar la forma en que nos vemos, la forma en que pensamos y acostumbrarnos a ganar, y no, no hablo de fútbol, ese es un juego, ahí tenemos a Suecia, Australia, Suiza, Finlandia, Canadá, países que son potencias mundiales, en las que se vive bien, en que la cultura es parte del día a día, en que el ingreso per cápita es de los más altos, en que la inseguridad es prácticamente inexistente y donde sus selecciones de fútbol no son de lo mejor que hay. Sin embargo, nosotros no tenemos todo lo anterior así que bien podemos empezar a confiar en nosotros mismos y en nuestra selección nacional. Ya basta de ponernos el pie solos, es hora de construir juntos.

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Somos de los países con mayor creatividad, de los más resilentes, de los que a pesar de todo, seguimos ahí y que estamos, aunque no lo parezca (o no lo creamos), en un proceso de evolución en la que cada día somos más participativos, y estamos, por consiguiente, mejor informados.

Creo en México, siempre lo he hecho, pues no es que aprendamos a ser grandes, es solo recordar que ya lo fuimos, aceptar que lo somos y trabajar para seguir siéndolo… si así lo queremos.

CELEBRANDO 13 AÑOS
Mi razón de escribir, es aportar un pequeño grano de arena en la inmensa playa de nuestra sociedad. No soy más pero tampoco menos; no sé todo ni pretendo saberlo, doy mi opinión esperando que me rebatan, que me complementen, incluso que me tachen de ingenuo, soñador o me tiren a loco. Pero de eso se trata esto: de generar ideas, de elaborar (y enarbolar) opiniones, de soñar y de ver al cielo sin despegar los pies de la tierra mientras analizamos la mejor manera de subir.

Escribo para ustedes y, también para mí porque es una de las cosas que me hace feliz. No obstante, el hacerlo en un espacio público le añade una responsabilidad social y un compromiso ineludible con ustedes y eso es gracias a EL EXPRESO que no solo me dio la oportunidad de escribir, sino de hacerlo con total libertad.

En este su decimotercer aniversario de circulación, muchas cosas han pasado, muchas otras pasarán, pero esa libertad, ese compromiso, esa lucha por la mejora social seguirá conmigo, con ustedes y mi gratitud imperecedera a ti lector y al medio que me ha dejado acercarme para que tú y yo construyamos un mejor Campeche y un mejor México.

¡GRACIAS!