Por intuición y devoción de san Juan Pablo II celebramos en la Iglesia universal el Domingo de la Misericordia. Esa celebración se realiza el II Domingo de Pascua. La instauración corrió a cargo del Papa, pero el impulso originario nació de una santa, Sor Faustina Kowalska.

Ella nació el 25 de agosto de 1905 y murió el 5 de octubre de 1938. Después de recibir la Primera Comunión se confesaba cada semana. Ayudaba a sus padres en las labores de casa, ordeñaba vacas. Dejó de estudiar debido a la ocupación rusa en Polonia (1919).

A sus padres les pidió permiso para entrar en el convento. Ellos se negaron categóricamente. Entonces, como ella misma lo relata: “Evitaba a Dios dentro de mí y con toda mi alma me entregaba a las criaturas, pero la gracia divina venció en mi alma”.

La fiesta litúrgica se celebró por primera vez el 30 de abril del Año Santo de la Encarnación, el año 2000. En ese marco festivo se canonizó a sor Faustina. La monjita polaca nos dejó unos mensajes que recopiló en un Diario.

JESÚS DIVINA MISERICORDIA

Son muchas las insistencias, que aparecen en el Diario, acerca de la misericordia de Dios.  El mensaje de la Santa abre abismos de misericordia, como nunca se había hecho tan palpable. Hacemos referencia a algunas; a saber:

-Mientras estaba en la ciudad de Lodz, escribe lo siguiente: ““Una vez, junto con una de mis hermanas fuimos a un baile. Cuando todos se divertían mucho, mi alma sufría tormentos interiores. En el momento en que empecé a bailar, de repente vi a Jesús junto a mí. A Jesús martirizado, despojado de sus vestiduras, cubierto de heridas, diciéndome esas palabras: ‘¿Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañarás?’ En aquel momento dejaron de sonar los alegres tonos de la música, desapareció de mis ojos la compañía en que me encontraba, nos quedamos Jesús y yo.

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-Qué doloroso es que no confíen en la bondad de Dios. Los pecados de desconfianza son aquéllos que hieren más a Dios, es una de las maneras más dolorosas de herirlo.

-En otra parte del Diario, sor Faustina escribe que Dios es como una tierna madre, que ama mucho a sus hijos. Él es la más tierna de las madres, pero sus hijos desprecian ese amor de madre. Es imposible dar consuelo. Por eso, impulsa a hablar de la misericordia, y a imprimir el deseo en las personas de buscar el tribunal de la misericordia. Allí suceden los milagros más grandes que existen.

-Para obtener el milagro de la Misericordia no se requieren peregrinaciones a tierras lejanas, ni celebrar fastuosos ritos exteriores, sino que basta con presentarse con fe a los pies de uno de los representantes de Dios y confesarle la propia miseria, y el milagro de la Divina Misericordia se manifestará en toda su plenitud.

-Toda su vida se concentraba en caminar con constancia hacia la cada vez más plena unión con Dios y en una abnegada colaboración con Jesús en la obra de la salvación de las almas. “Jesús mío – confeso en el diario – Tú sabes que desde los años más tempranos deseaba ser una gran santa, es decir, deseaba amarte con un amor tan grande como ningún alma Te amó hasta ahora”.

A sor Faustina, Jesús le decía: “Hija mía, deseo que tu corazón sea moldeado según mi Corazón misericordioso”.

¡Ten misericordia de nosotros y del mundo entero!