No hay temor de Dios, diría la tía mocha cuando se refiere a la caterva de candidatos que hoy tenemos que soportar los ciudadanos.
La vida de muchos de ellos no aguantan un escrutinio severo, en lo más íntimo, porque los desnuda en sus acciones, en sus actitudes, pero sobre todo en su calidad moral y como personas.
La gente, basta leerlo en las redes sociales, no está muy convencida de que haya que analizar a los candidatos y menos sus propuestas. No entienden que los actos de cada uno de ellos refleja con precisión cómo serán como autoridad. No hay análisis de Andrés Manuel y sus seguidores, sus apoyadores; no hay análisis de quien es José Antonio Meade, de su paso por la administración pública; tampoco del aspirante del Frente Ciudadano.
Esta semana visitó Campeche Ricardo Anaya y lo recibió la presidenta del PAN, Yolanda Valladares, y todo el panismo en pleno y dirigentes del PRD y de MOCI, pero les dijo que primero hay que armar bien el Frente antes de hablar de candidatos, esos que tanto les importan a todos, pero que el PAN no cederá, como no lo hizo en la candidatura presidencial.
Anaya y Valladares son dos aves del mismo plumaje. Ambos no han dudado en traicionar a quienes los impulsan, a quienes los ayudan y los dos tampoco son personas que cumplan sus palabra. Manipulan, engañan y, como bien saben hacer, son buenos para dar largas. No son amigos de nadie, tienen compañeros de intereses, que cambian cuando éstos se modifican.
Hoy, en la elección que viene, Anaya y Valladares tienen varias coincidencias: un enemigo común: Felipe Calderón y, por ende, Margarita Zavala, con quienes trabajaron ambos y traicionaron después no sólo por temas de grupo y aspiraciones canceladas sino por conveniencia propia y ambiciones personales.
También pueden presumir que se quedaron con el partido anulando a los que no les convienen o a los que no les acreditan lealtad o no se pliegan a sus deseos.
Valladares regresó a la casa de donde salió porque se quejaba que le publicaban cosas que no decía, que no declaraba y donde le fraguaron su renuncia al PRI para darle un golpe político al enemigo de aquellos días.
Asustada por la denuncia presentada en su contra por un gobernador priista, Valladares confiesa el modus operandi de sus abusivos amigos y renuncia a seguir con ellos. Hoy regresa a ese redil porque le conviene: le dan espacios, se usan mutuamente.
Las traiciones de Anaya no son secretas. Ha avasallado a quienes lo han apoyado y promovido, no ha perdido el tiempo para anularlos, hacerlos a un lado al tiempo de que sus leales, esos que no saben que los puede traicionar igual cuando no les sirvan, le han permitido quedarse con el partido y la candidatura. Bien por él: todo sea para sus aspiraciones, después de todo el fin justifica los medios.
Valladares en su ruta por el Senado y el reparto de las cuotas a sus incondicionales, no le importa al presencia seria y fuerte de varios aspirantes. Ella tomará la decisión que mejor le parezca y créanlo o no, poco le importa cumplirle a quienes hoy se alían con ella del PRD y MOCI que se libraron de Layda Sansores, pero cayeron en las manos de la Jefa Yola.
La traición a los amigos pareciera no ser impedimento para seguir adelante. La soberbia de ambos personajes, Anaya y Valladares, les impide ver temas de congruencia, de lealtad, de prestigio. Así, el candidato a alcalde para Carmen será Jorge Nordhausen, cuya presencia en la isla no deja de compartir el desprestigio y los temas de su padre. Ileana Pérez y Facundo Aguilar, no fueron considerados.
En Campeche, Eliseo Fernández Montufar será moneda de cambio. Lo que más le reditúe a la dirigencia y a sus intereses. Todo sea por el Frente y la presidencia de Anaya que servirá para redimir una salida vergonzosa del gobierno federal y un veto deshonroso aplaudido por timoratos y advenedizos que nunca vieron pero sí padecieron las consecuencias de sus actos.
Anaya en Campeche se sintió como pez en el agua, se sintió en confianza porque, después de todo, las coincidencias con su dirigencia local son absolutas, hasta que choquen sus intereses o sus egos y soberbia. Pobre de los que se llevarán entre las patas, de los que confiaron y no analizaron, y no vieron algo que nos decían los más viejos: por sus actos los conoceréis. Después de todo, como decía la tía mocha, no hay temor de Dios.
PD Los más aguerridos defensores de la transparencia se indignan porque un gobernador reclama que una lana que no autoriza el Congreso, que se negocia en lo obscurito y se presta a manipulación, no se la entregaron. ¿Y las cuentas?, ¿no es dinero público?