Echar culpas siempre será más sencillo que asumirlas, es quizá lo más natural de nuestra naturaleza, el buscar una justificación y lavarnos las manos, es muy sencillo señalar a otro para desentendernos de nuestra responsabilidad. No hablaré de gobiernos, de administraciones, no le veo caso pues, son un reflejo de lo que somos como sociedad, mientras sigamos pensando que solo con una lana se aceita la maquinaria estaremos condenados a la corrupción; mientras seamos tan “pragmáticos” como para saquear un trailer accidentado antes que revisar el estado de salud de las personas que iban en el vehículo y no nos remuerda la consciencia por el herido ni por estar cometiendo un ilícito pues “las mercancías están aseguradas”; mientras sigamos pensando que sacar un diez en el colegio copiando o sacando acordeón es lo único que importa; mientras sigamos comprando cosas que no tienen factura, que están a un precio muy por debajo del mercado que, por esas características probablemente son robadas y en lugar de preocuparnos, nos ufanamos del “gran trato” que hicimos. Mientras no aceptemos la responsabilidad, estaremos dentro de esa espiral descendente en la que solo podremos… hundirnos más.

Hace unos días lincharon hasta la muerte a unas personas porque creyeron que eran unos maleantes y resultó que eran unas personas que solo paseaban por ahí, media población se equivocó, se dejó llevar ante esa furia que si bien puede ser justa, al no seguir un proceso, fue errónea, catastrófica y aquellos que por la impunidad decidieron tomar la justicia en sus manos, ahora están impunes ante la muerte de unos inocentes. Aquellos que se quejan de la inseguridad de las carreteras son los que saquean esos trailers en el accidente y los empresarios que se quejan de la impunidad con que saquean sus trailers quizá sean de los que compran combustible robado para aumentar su margen de utilidad.

En física hablaríamos de la tercera ley de Newton, pero una sociedad es el conjunto de individuos que si bien son libres, en ocasiones, la idea del grupo subyuga la del individuo y aceptamos por presión de esa masa lo que sucede, si uno saquea, los demás se unen, si uno descubre un error en el precio de una televisión, no llama a un empleado para que lo corrija, al contrario, toma varias teles aún sabiendo que es imposible que cuesten tres pesos pero, como alguien se equivocó, ahora “me los chin…” y no solo eso, le aviso a otros para que también se “agandallen” y si somos varios, la culpabilidad se diluye (falso).

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Todo es culpa del gobierno dirán algunos, ellos permiten la corrupción (no importa que los ejemplos arriba mencionados sean tan comunes que hasta natural los vemos), ellos permiten la impunidad (no importa que al cometer este tipo de acciones, la fomentemos).

Justifiquémonos, “no es lo mismo robar una caja de refresco del trailer estrellado que los millones que se embolsan los que están en el gobierno” ¿Neta? ¿Así nos justificamos? Es algo así como el “todos lo hacen” o el “no me des, ponme donde hay” o el “ya se rayó” cuando ponen a una persona en un puesto con acceso a recursos. Presuponemos que todos son iguales, presuponemos que todos robarán, prejuzgamos, emitiríamos el supuesto de que el hombre es el lobo del hombre y que Dios nos ampare pues si todos somos “iguales”… no habría salida.

Ahora, querido compatriota, amigo mío, es hora de escoger un lado, ¿eres parte del problema o de la solución? Si bien, como humanos somos perfectibles, propensos a errores, a caer en tentación, a buscar el camino con menos piedras, también podemos decidir que tipo de personas queremos ser, que tipo de sociedad somos y que tipo de ciudadanía deseamos pues si bien, el gobierno puede ser culpable, lo es gracias a que nos estamos viendo en el espejo. Lo sé, no te gusta leer esto, no me gusta escribirlo, quizá tú, al igual que yo, trates por todos los medios de ser un ser humano de bien pero, no hay que olvidar que cada ación que realicemos tendrá una consecuencia, positiva, negativa, depende de nosotros y por precaución, por confort, por falta de confianza caemos en la inacción, la omisión y la mansedumbre ante una injusticia y eso, no es otra cosa que perdonar al culpable y el perdón al culpable es… la traición al inocente.