Raúl Sales Heredia

¿Por qué no hemos viajado en tren? Esa pregunta me la hizo el mayor de mis hijos, ojalá hubiera podido contestarle que lo haríamos pronto pero no es tan sencillo.

En México la infraestructura ferroviaria no se ha desarrollado de la manera como lo hizo en Europa, por ejemplo, donde los trenes son el pan nuestro de cada día y una opción viable de comunicación en los países de la Unión Europea.

En cambio, en nuestro país, los trenes fueron convirtiéndose en transporte de mercancías más que de personas y luego, ya ni en eso. En nuestro país solo nos queda un tren de pasajeros que opera en la ruta Chihuahua-Pacífico el Ch-P de donde proviene su sobrenombre “El Chepe” que en mis recuerdos de niñez (solo una vez he viajado en tren) fue tan alucinante como memorable y la emoción que sentí, aún la siento. Pero, ese es rollo mío y seguro les vale una pura y dos con sal el cómo me sintiera.

El caso es que con la posible salida de una aerolínea de nuestra ciudad las opciones de traslado se reducen, ya sé que están en pláticas para que los vuelos no se vayan y ojalá no lo hagan, pero el caso es que hasta el momento ya no se pueden comprar o reservar boletos desde finales de este mes.

En el inicio del sexenio actual, se barajó la posibilidad de hacer una ruta con un tren bala que atravesara la península, por razones principalmente económicas y de la infraestructura ferroviaria se pospuso (o se desechó, no hay información clara al respecto) y es una lástima pues aquellos que hemos tenido la oportunidad de de viajar por tierra (esos viajes en auto en los que o manejas sino vas de pasajero) sabemos de la belleza de nuestra geografía nacional, de lo rico que se come en ciertos lugares a los que solo se llega por tierra y conforme se van subiendo nuestras montañas dejamos los bosques tropicales y el sabor a sal de nuestro mar y lo cambiamos por el olor del pino y el aire frío y tenue que nos indica que estamos más cerca del cielo.

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Se imaginan un tren que conectara de punta a punta nuestro país, que pudiéramos relajarnos en nuestras cabinas o tener una plática de sobremesa en el vagón comedor mientras vemos el atardecer. Pero, ok, quizá no sea factible de punta a punta pero que tal si el tren rápido transpeninsular permitieran o solo llevar pasajeros sino mercancías, para empezar, las carreteras que unen Villahermosa-Cd. del Carmen-Campeche-Mérida-Cancún quedarían en buena medida libres de camiones de doble remolque (que deberían estar prohibidos desde hace décadas), los turistas podrían moverse libremente entre ciudades y así, disfrutar de la playa de Cancún, las artesanías de Yucatán y la historia de Campeche, quizá quisieran ir más lejos y observar aves en Isla Aguada o conocer las famosas cabezas olmecas en Villahermosa.

La conectividad es una herramienta indispensable del turismo, la atención es otra y la generación de experiencias es lo que logra que el turista quede prendado de nuestra tierra para siempre.

Ahora bien, quizá se pregunten la razón de escribir esto y es bastante simple: así como los cruceros tienen delimitados sus puertos de atraque y el turismo florece por la llegada de los mismos, así puede suceder con la definida línea ferroviaria que cruza la Península pero no sólo sería para el turismo, podría integrarnos como estados hermanos y trabajar conjuntamente no solo en montería turística sino en cuestiones productivas, agrícolas, médicas y podría ser la tuerca que hace falta para terminar de poner a punto lo que puede convertirse en el mejor motor de desarrollo de nuestro país… un motor llamado sureste.

No sé cuando llevaré a mi hijo a un viaje por tren, me encantaría hacerlo dentro de mi país y estoy seguro que sonreiré igual de emocionado que esa única vez que me subí a un tren.