La elección de Gerardo Montero como Rector de la Universidad Autónoma de Campeche para el periodo 2015-2019 era algo que se veía venir y que es positivo desde mi punto de vista pues se le podrá dar continuidad al sinnúmero de proyectos que están pendientes dentro de la Universidad.

Yo soy orgullosamente egresado de la UAC y mi historia en ella va desde la preparatoria en la que, si bien no fue mi mejor etapa académica, sí fue la más divertida de todas las que he vivido. En esa etapa fui más alumno problema que alumno promedio, pero a pesar de todas las veces que me puse el pie solito sin nadie que me pusiera trabas, logré salir avante y entre a la Facultad de Contaduría y Administración en la que fueron 5 años de aprendizaje y en los que la madurez fue el mejor de ellos. En décimo semestre fue que dije la frase que provocó risas dentro de mi salón y una sonrisa (no muy alegre) de mi maestra. En el momento que me pidió hacer los asientos contables,  muy seguro de mí mismo dije: “Lo siento, no soy contador” después de un largo (y merecido) regaño me preguntó que entonces ¿qué era? y mi respuesta fue el detonante de la carcajada “soy escritor”.

Al año siguiente, al dar las vueltas para presentar mi examen profesional, uno de mis sínodos que, infortunadamente no había estado en ninguna de sus materias asignadas, me dice a bocajarro: “Ah, tú eres el escritor”… En ese momento me debo de haber puesto rojo pues mi cara nunca ha sido de jugador de póquer y las chanzas, aún las bien intencionadas, me avergüenzan… “Sí, yo soy”, contesté en voz baja, inseguro en ese momento de si alguna vez realizaría lo que toda mi vida he querido hacer… escribir. Pero aquí estoy, escribiendo (quizá no muy bien, pero haciéndolo y disfrutándolo).

La UAC ha marcado mi vida en una infinidad de anécdotas y los maestros que para mi fortuna (y quizá infortunio de ellos), me dieron clase, los encuentro y saludo con genuino afecto pues son parte de mi historia, aunque yo fuera solo uno más de la lista o motivo de chiste cuándo me sacaban de clase (Sales… ¡Te sales!). El caso es que aún ahora camino por su explanada y recuerdo la agradable vida que llevé y que solo con el paso de los años se aprecia en su justa medida.

La UAC debe tomar su lugar, junto con la Unacar, como los puntos de referencia en la vida académica de este estado y ¿por qué no? De la península y del país.

Los proyectos de la UAC siguen avanzando y con todo el cariño que le profeso a mi alma mater me gustaría ver cómo sus campus se especializan en sus respectivas áreas y las residencias universitarias se convierten en una realidad y así sean los alumnos los que trasladándose para estudiar lo que su corazón les llame conozcan su tierra, obtengan a través de la confianza de sus padres la responsabilidad, y enfocados en sus estudios se vuelvan la mejor materia prima de este estado.

En la UAC existe todo para convertirse en la mejor Universidad y, como egresado orgulloso, solo puedo desearlo y con mi trabajo, mis actos y mis palabras, pueda hacer un poco más brillante su prestigio cuando, si lo hago correctamente, digan: mira, es egresado de la Universidad Autónoma de Campeche… Pero eso, como cada cosa que realizamos, depende exclusivamente de uno mismo.