Creí conocer desde hace años a Elíseo Fernández Montufar. Su actuación como diputado me pareció una mala idea de sustituir a la autoridad municipal, evadiendo su responsabilidad como legislador, como aportador de leyes e ideas que debían debatirse en el Congreso.

Empero, a sus electores les pareció bien. Aunque no tenía nada que ver con su labor de legislador, Elíseo parecía escuchar a la gente.

Parecía estar en el cargo para servirles, para ayudarles y hasta parecía que le importaban los ciudadanos, pero la realidad quedó en evidencia cuando escuchamos los audios en los que se refiere de mala manera a quienes le pedían su apoyo, su gestión, su atención para resolverles el bacheo, la despensa, el desazolve…

Elíseo parecía diferente, distinto y hasta faltaba al Congreso, a su trabajo formal, como si esa chamba sólo hubiera servido para ejercer ese presupuesto a favor de la gente. Privilegiaba su labor social. Se veía auténtico.

Sin embargo, pocos diputados privilegian su labor legislativa, saben que esa es su chamba primigenia.

Pero todos, sin excepción, privilegian su tráfico de influencias para que la autoridad les construya, les entregue, o les haga algún trabajo en sus distritos. Saben su poder a la hora de negociar recursos, de aprobar cuentas, de los nombramientos…

Elíseo fue la excepción, pero con un pacto entre el poder que supo aprovechar. Ese acuerdo, hay que decirlo, había hecho que negociara solo no como un esquirol dentro del panismo sino siguiendo la tradición que se ha enseñoreado en el PAN campechano desde hace varios sexenios: pactar para recibir privilegios aunque haya que traicionar, que poner el pie.

Elíseo se dejó querer fingiendo que estaba de acuerdo con ese pacto. Es exactamente el mismo que su dirigencia sostiene aunque la realidad les dice que sólo pueden controlar a los dirigentes, a los consejeros, pero nunca a los electores. Es decir, repartir el dinero del partido para ganar abyectos, obedientes que hagan lo que las líderes quieren o les conviene para seguir vigentes y, claro, traicionando a los que no les convienen.

Ese pacto ilegítimo fue capaz de romper la unidad en el Congreso: por una parte los carmelos rebeldes, los que ganaron su elección, y por el otro los abyectos –algunos también electos- que llegaron por lista o por compadrazgos.

Dicen los que saben que la palabra y los compromisos nunca se dan en elecciones, precisamente cuando hacen falta, porque todo lo que se acuerda está sujeto a los intereses del que paga y del que cobra. Es como si privilegiaran la traición y el más traidor es quien más gana, aunque no es regla común.

A Eliseo han empezado a traicionarlos desde su propio partido, ahí donde lo convencieron de que no honrara sus compromisos con el poder. Sus traiciones personales hoy le cobran factura. En el evento de Ricardo Anaya en Ciudad del Carmen no le dieron espacio en el presídium, no lo subieron a la tarima, no le dieron su lugar como el candidato ganador que dicen que es.

Es como si quienes lo convencieron de traicionar ahora le devolvieran la traición porque ya es un estorbo para quienes dirigen el partido ante la falta de crecimiento de su candidato presidencial en las últimas semanas. Normal, ese es el sello de Ricardo Anaya y sus seguidores para quienes el fin justifica los medios. La dirigencia local no es diferente: todo se reduce a la conveniencia: nunca a la amistad, nunca a principios, nunca a lo correcto.

Eliseo, después del evento de Carmen, mandó un mensaje muy triste al verlo relegado a cualquier militante debajo de la tarima de las estrellas electorales del PAN: no tengo apoyo del candidato presidencial ni de la dirigencia por lo que su campaña quedó a merced de lo que realmente ocurra el día de las elecciones.

Eliseo está condenado por su propia conducta, su visión de los ciudadanos lo desnudó ante sus electores, pero aún queda por saber que tan grave fue el daño que se auto infligió con sus dichos el candidato a alcalde que sólo usaría el ayuntamiento, su presupuesto y la nómina para enriquecerse.

Las preguntas son: 1.- ¿operaran a su favor o le harán lo mismo que le hicieron a Mario Ávila? Y 2.- ¿la gente votará por alguien que ya anunció que sólo usará el ayuntamiento para enriquecerse?

Yo no votaría por Eliseo.