¡Caray! Estamos a tan solo 28 días de que se acabe el año. Es decir, han pasado 22 alegres y jugosas quincenas desde que en Enero pusiste entre tus propósitos de Año Nuevo el “voy a ahorrar en 2015”. La pregunta obligada es: Estando a dos quincenas y un aguinaldo de que se acabe el año… ¿cómo va ese propósito de Año Nuevo?

Me encantaría saber que eres de esos lectores que en este momento pueden presumir que juntó cierta cantidad en el banco y que ya está planeando utilizarlo, o de los que se animaron a abrir un fondo de inversión y que de manera constante le está depositando dinero para alcanzar una meta. O ya en el más austero de los casos, saber que eres de los que al menos se compró un cochinito de barro y ha resistido estoicamente la tentación de romperlo. Si estás en alguno de estos casos… ¡Felicidades! Puedes decir que cumpliste con tu propósito.

Ahora bien, si eres de los que hizo el propósito, pero no puedo ahorrar nada durante el  año, sin embargo tiene todo planeado para disponer este aguinaldo para empezar a formar el tan anhelado ahorro, ¡Muy bien! Aún es tiempo.

Los que me generan curiosidad son los que de plano, ya no la hicieron… y no la van a hacer. Los que están esperando a que caiga el aguinaldo, pero porque ya lo deben. Mismos que su firme propósito de ahorrar sólo quedará en un buen deseo.

Obviamente sé que tú, que lees está columna no estás en ese caso. Pero tal vez conoces al primo de un amigo que anda en ese escenario. Si es así, dile que no se preocupe, ya que no es el único, aun así algo tiene que cambiar para que el próximo año no le vuelva a pasar.

De modo general, existen dos razones por las que auto-saboteamos (sí, somos nosotros mismos) el propósito de ahorrar. Y que con pequeños cambios se pueden corregir: 

1) Falta de previsión: Es verdad, nunca sabemos cuándo vamos a tener una emergencia ni cuánto nos va a costar. Pero si sabemos que por más inesperado que sea un evento, siempre podemos prevenir. De ahí que tener un fondo de emergencia, o empezar a considerar la contratación de seguros para protegernos de estas posibles eventualidades, puede ser una muy buena práctica para evitar que el destino acabe con nuestros propósitos.

2) Falta de orden/ganas: Si lo que aconteció es que la frase que invariablemente se repetía al final de cada quincena fue “no me alcanzó”, entonces tenemos un problema de orden. Y para ello la palabra mágica se llama presupuesto.

Conocer tu capacidad real de ingreso y poder organizar prioritariamente tus gastos (incluido tu ahorro), no requiere más que papel, pluma y las ganas de querer tener control de tus ingresos. 

Existe quien puede argumentar que hay una tercera razón, la falta de ingresos. Es decir, asumir que no se puede ahorrar porque lo que se gana no es suficiente.

Si bien, la definición de los sueldos o la cantidad de empleo que hay para la oferta laboral de este país no está en nuestras manos, lo que sí está a nuestro alcance es la capacidad de decidir y actuar.

Adaptarse a nuestra realidad económica, buscar nuevas oportunidades de ingreso (si es que deseamos mejorar) y sobre todo entender que no estamos obligados a vivir la realidad económica que no nos corresponde. Son decisiones que está en nuestras manos tomar y que por el hecho de hacerlo, estamos dando el primer paso para tener una vida económicamente responsable, y por lo tanto financieramente sana.

Una vez más, quedan 28 días para que se acabe al año. ¿Qué quieres hacer para que tu propósito de este año (o tal vez ya el del siguiente) se cumplan como tú lo deseas?

La decisión está en tus manos.     

Si tienes dudas o comentarios, por favor házmelos llegar a mi correo, que con gusto las responderé. Y si te sirvió esta información, por favor compártela.

¡Ah!… y recuerda, la lana viene y va, pero porque tú la dejas escapar.

¡Hasta la siguiente colaboración!

Adolfo Vargas
Divulgador de la Economía, y especialista en seguros y retiro
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