Devoción. Interior y altar mayor de la Iglesia del Dulce Nombre de Jesús en 1934. Llama la atención que la imagen del Cristo Negro de San Román ocupa el sitio más importante al interior de la parroquia.

Abel Efraín Durán Reyes
eduran@multimedioscampeche.com

En 1560, cuando habían transcurrido apenas 20 años de la fundación de la Villa de San Franciscio de Campeche, la pequeña parroquia en la que se administraba los sacramentos a la población española ya era insuficiente debido al rápido crecimiento de la población.

Además, esa vieja capilla -hoy inexistente debido a su demolición desde la época colonial, pero cuyos cimientos fueron hallados en una de las esquinas del Parque Principal, en las calles 8 por 55- estaba dedicada, principalmente, a la atención espiritual de la población española, pese a que había una gran población de indios, negros, mulatos y pardos, quienes estaban el servicio de los blancos y a quienes había que cristianizar.

Para ello, esta población que compartía los espacios con los españoles pero con acceso limitado a los servicios de todo tipo debido a la segregación social, tenía que trasladarse hasta el Convento de San Francisco, donde se atendía a la población indígena, distante por lo menos un kilómetro del asentamiento europeo.

Quizá ese fue el motivo más importante por el que hacia ese año se construyera una capilla abierta a base de palos y palmas a escasos 100 metros de la entonces parroquia principal. Según el cronista Diego López Cogolludo, quien escribió su largo documento hacia 1688, esta capilla, que recibió el nombre de Jesús Nazareno, estaba dedicada a la administración de los santos sacramentos a los “morenos”.

Con los años y ante la numerosa feligresía que acudía a esta capilla abierta, comenzó a funcionar como presbiterio, con una bóveda de piedra, pero una nave a base de palos y palmas. Más tarde, cuando se decidió construir un edificio más sólido, el presbiterio fue conservado y la nave fue levantada con mampostería dividida por arcos y techada con vigas de madera.

Es probable que con el tiempo esta parroquia fuera ganando devoción entre todas las clases sociales de la villa, pues hacia la segunda mitad del siglo XVII ofrecía servicios religiosos a españoles, mestizos, y negros.

Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, esta iglesia pasó a convertirse en la sede de la Vicaría in cápite debido a que la entonces parroquia principal -la hoy Catedral- se encontraba en una de sus muchas fases de construcción, lo que la convirtió en la parroquia más importante de la villa por aquel entonces.

En julio de 1685, bandas de asaltantes comandadas por los piratas Laurent Graff (Lorencillo) y Gramont asolaron la villa de San Francisco de Campeche, prendieron fuego a los principales edificios, robaron las casas de los vecinos acaudalados y las bodegas de ricos comerciantes, pero también se metieron a las iglesias.

Al mando de alrededor de un millar de hombres, no solamente atacaron Campeche y permanecieron en ella varios días, sino que también se desplazaron hacia los ranchos Multunchac, Ebulá, Castamay, Chibik, Uayamón, Kobén y los pueblos de Chiná, Santa Rosa, Samulá y Lerma. El despliegue de más de una decena de navíos y cerca de 1300 hombres fue un acto no sólo vandálico sino una invasión de las más temibles y tan impune que les fue posible robar villas, estancias y poblados del interior, llevándose no únicamente riquezas y las acostumbradas maderas, sino también productos agrícolas con los que llenaron sus bodegas.

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La Iglesia de Jesús Nazareno, ya convertida en una de gran devoción, fue tambiuén objeto del pillaje. Graff y Agramont entraron al edificio y se llevaron consigo todas las joyas, pinturas, esculturas e imágenes con que contaba la iglesia.

Pero eso no fue todo, los piratas además destruyeron los altares e incendiaron el archivo parroquial donde se resguardaban todos los documentos públicos desde la fundación de la villa hasta ese entonces: fue una pérdida más importate que las riquezas que se llevaron. Al día de hoy, Campeche cuenta con uno de los archivos menos completos de la región pese a que es la ciudad más antigua de la misma.

Hacia 1901, el entonces administrador de la diócesis Valerio Couto, realizó la construcción de la Capilla del Santísimo Sacramento, donde colocó la imagen de la Santísima Trinidad, y restauró los otros altares.

Inmutable. Salvo por la Catedral, es la única que conserva su atrio enrejado. Aquí en 1911, cuando todavía estaba en funciones el tranvía.

Una rápida descripción

Según expertos del Centro INAH-Campeche, la iglesia es una construcción austera, característica de la orden franciscana.

Sus muros de gruesa mampostería están reforzados por grandes contrafuertes que rematan en almenas, de estas últimas unas fueron construidas en el siglo XVI y son las más pequeñas, y otras en el siglo XVII que son más altas y puntiagudas, dándole el aspecto de una pequeña fortaleza.

Su fachada principal no tiene más decoración que la espadaña debajo de la que localizan la ventana del coro -modificada probablemente en el siglo XIX con la construcción de la ménsula con detalles neoclásicos-, y el acceso principal con un arco de medio punto.

El edificio consta de una sola nave dividida en cinco tramos por medio de pilastras con capitel y arcos que soportan los empujes del techo.

Lo más interesante de la Iglesia del Jesús es su interior. El presbiterio está techado con bóveda de cañón corrido y el resto de la nave con un entramado de vigas de madera.

El presbiterio se encuentra separado del resto de la nave por una serie de escalones ya que se encuentra en un nivel más elevado, y en su interior se encuentra el altar mayor en el que se aprecia un sencillo ciprés de madera estilo neoclásico -probablemente del siglo XIX-, género que se introduce a México durante el virreinato.

A su lado se encuentra la capilla del Santísimo Sacramento, que alberga un retablo del mismo estilo. La nave cuenta con dos altares, uno fechado en 1901 y el otro, dedicado a la Santísima Trinidad, en 1902, ambos también de estilo neoclásico.

Sobre el lado sur del templo se ubican el confesionario y el púlpito.  Existen tres retablos, dos de estilo barroco, de los cuales uno es característico del estilo salomónico -llamado así por el contorneado del fuste de sus columnas-, y el tercero, sin un estilo definido, fechado en 1786.

La iglesia posee lámparas de cristal, piso de mármol y un cuadro donde se representa la Trinidad y al arcángel San Gabriel en el purgatorio fechado en junio de 1659.