Adelina Pintos: Enamorada de la pesca

Especiales, Lunes 4 junio, 2012 a las 8:00 am

Para llevar más de un cuarto de siglo en el negocio de la pesca, Adelina Pintos Roque ha tenido que mostrar el carácter y superar muchos obstáculos profesionales y personales. (Fotografía: J.Pablo Delgado Berman / El Expreso).

J. Pablo Delgado Berman

jpdeberman@multimedioscampeche.com

Sonriente, pero sin perder un aire de seriedad y una ligera altivez, es como Adelina Pintos Roque recibe a EL EXPRESO en su oficina en Por­tofreco, lugar que desde hace poco más de un par de años se dedica a la captura, compra y venta de pescados y mariscos, principalmente al pulpo.

Originaria del legendario puer­to de Acapulco, en Guerrero, Ade­lina lleva casi tres décadas en la ciu­dad de Campeche, lugar al que llegó después de contraer nupcias con un campechano.

Amable pero evidenciando al mismo tiempo un carácter fuerte, la apariencia casual de Adelina no co­rresponde a la que la mayoría de las personas piensan que debería verse alguien que hace su trabajo, el cual consiste en hacer negocios con los hombres de mar.

“Los pescadores merecen respe­to, a mí no me verán desarreglada”, comenta quien actualmente trabaja en su empresa junto a sus hijos, Pao­la, Jorge y Benjamín.

“Un ‘no sé puede’ no lo acepto, soy orgullosa y terca”, asegura esta mujer, quien se define más campe­chana que los campechanos, y desde hace más de 25 años se dedica a las labores relacionadas con la pesca.

“La escuela más dura fue La Viga”, comparte con quien estas líneas es­cribe, recordando su paso por el que era el mercado más grande de pesca­dos y maricos en la capital mexicana, y adonde llegó después de casarse con su entonces esposo, Benjamín Ganzo, quien tenía una bodega en dicho lugar.

Debido a que su ex esposo no mostraba mucho interés en dicha bodega, Adelina decidió tomar las riendas del asunto, y aprendió lo re­lacionado con el negocio.

“Aprendí todo, desde enhielar hasta conocer el viento y saber qué días nos pueden favorecer”, y re­cuerda cómo al principio tuvo que sortear una serie de obstáculos para poder seguir adelante en el negocio que además, es su pasión.

“La pesca es un medio muy com­petitivo y complejo”, asegura Adeli­na, quien en el camino se enfrentó al sexismo y acoso por parte de algu­nas personas inmiscuídas en el me­dio, tradicionalmente machista, pe­ro que con carácter y esfuerzo pudo superar para después convertirse en la primera mujer dedicada a la pesca en Campeche.

Al principio, recuerda Adelina, “eran tres personas dueñas de la playa” y añade que primero nadie la tomaba en cuenta por ser mujer, y cuando poco a poco fue haciéndo­se un nombre entre los pescadores, esos ‘dueños’ de la costa no le daban más de tres meses de permanencia en el mercado, pero debido a la du­reza de su carácter, salió adelante y hoy en día sigue trabajando casi tres décadas después.

En este lapso ha aprendido a com­partir mucho tiempo con los pesca­dores, quienes asegura, son los que realmente la conocen en su trabajo; “si dejan de verme una semana em­piezan a buscarme”, comparte más relajada y mostrando una amable sonrisa.

“Ellos, además de mis hijos, son las personas más importantes para mí”, y asegura que para ella se tra­ta de un trabajo en equipo, lo cual le deja saber bien a los pescadores con quienes trabaja.

“Si yo no respondo, ellos tienen todo el derecho de reclamarme” y apunta que tiene que ser parejo el asunto, y que intenta que sus traba­jadores estén contentos para así ob­tener buenos resultados.

“Tener una persona a disgusto no vale la pena”, afirma.

Y tanto le ha dado resultado, que incluso muchos de los pescadores que no trabajan con ella la respetan como si fuera su jefa.

“Hay gente que nunca ha traba­jado conmigo y me dicen ‘patrona’, aunque el término no me guste mu­cho”, nos comenta.

Adelina sigue adelante en el am­biente de la pesca, y ahora, con más de un cuarto de siglo en el ramo, dice que hay muchas cosas que ahora ha­ce más por gusto que porque deber, lo cual le da satisfacción, porque co­secha lo sembrado.

“Estoy orgullosa que mi nombre es el que figura, no el de una marca”, finaliza con seguridad.

 

Adelina junto a sus hijos Paola, Jorge y Benjamín, quienes trabajan con ella en su negocio.

Superando obstáculos por todos lados

Que una mujer salga adelante en un ambiente dominado por hombres no es algo que hoy en día cause mucho revuelo, pero la situación no era la misma hace 10 años, y mucho menos hace un cuarto de siglo, tiempo que aproximadamente lleva Adelina Pintos en el negocio de la pesca. Además de la indiferencia de sus colegas en el ramo empresarial, luchó contra lo que llamó el ‘juego sucio’ contra su persona por ser jo­ven y mujer.

“Al principio tuve que luchar contra los propios empleados”, comenta Adelina, quien recuerda cómo incluso en una ocasión sus trabajadores dejaron parado un ca­mión de tres toneladas, y ella misma tuvo que moverlo para poder seguir adelante.

“Aprendí de todo sin que se die­ran cuenta”, comenta orgullosa. Pero no todo fue malo, ya que ella misma tiene varios recuerdos bastante gratos, como la prime­ra vez que fue a la llamada Isla de Piedra, lugar cercano a la bahía, y en donde comió mariscos por prime­ra vez, preparados por los mismos pescadores sobre las lanchas y al más puro estilo tradicional de los pescadores campechanos.

 

Siempre podría ser mejor

A pesar de que en Campeche la pesca es una tradición y una forma de vida, Adelina Pintos, quien ape­nas el pasado viernes recibiera un reconocimineto de manos del go­bernador Fernando Ortega Bernés por su trayectoria en el ámbito, está segura que es necesario hacer una serie de cambios que beneficiarían el sector pesquero. “Hay gente que lucra con el traba­jo, ven a los pescadores como obje­tos”, comenta.

“O eres amigo de alguien o eres uno de los muchos lidercillos que se aprovechan de la gente…sí hay una sarta de bandidos, pero hay gente que no levanta la voz, por eso no logran algo”.

En la opinión de Adelina, algo necesario también sería cambiar la mentalidad de algunas autoridades, y hacer un censo real de la gente que ha dedicado su vida al mar. Algo importante, considera, es reconocer que en los últimos años se ha respetado más a las personas mayores que trabajan en el mar.