Recordado. La personalidad “trágica” de Renato Russo y la riqueza poética de sus letras lo hacen un personaje atractivo para la pantalla grande

Associated Press

Brasilia.- Renato Russo, el fallecido cantante y líder de la extinta banda Legiao Urbana, la más emblemática de la época de oro del rock brasileño, revivió en la imaginación popular gracias a una serie de películas inspiradas en su vida y su obra.

El rescate de la figura de Renato Russo, cuyo verdadero nombre era Renato Manfredini Junior, comenzó el año pasado con el documental “Rock Brasila, Era de Oro”, de Vladimir Carvalho, que retrata el surgimiento de bandas en la década de 1980, la época más fértil del rock brasileño, con Legiao Urbana como pieza central del movimiento musical surgido en capital del país.

Este año, dos nuevas producciones llegaron a las pantallas brasileñas. La primera fue “Somos tao jovens” (Somos tan jóvenes), de Antonio Carlos da Fontoura, que retrata un período de la juventud de Russo, desde que forma su primera banda, Aborto Elétrico, un grupo punk inspirado en los Sex Pistols, hasta el nacimiento de Legiao Urbana.

El pasado fin de semana una nueva película recordó a Russo: “Faroeste Caboclo” (western brasileño, en traducción libre), de René Sampaio, inspirada en la canción homónima de Legiao Urbana sobre un joven que llega a Brasilia desde la ciudad nororiental de Salvador en busca de empleo y acaba envuelto en tráfico de drogas.

La proliferación de cintas refleja la vigencia del mito de Russo, un poeta que encontró en Brasilia una musa a la cual dedicó gran parte de su obra. El roquero falleció en 1996 a los 36 años víctima del sida.

Para Armando Bulcao, profesor de cine de la Universidad de Brasilia, la personalidad “trágica” de Russo y la riqueza poética de sus letras lo hacen un personaje atractivo para la pantalla grande.

“De cierta manera Renato era trágico, en el sentido que llevó la vida a todos sus límites”, comentó Bulcao a Associated Press. “Fue un excelente poeta, una persona que vivió todo con mucha intensidad”.

En ese sentido, considero que las películas rescatan para el inconsciente colectivo las canciones melódicas de letras profundas escritas por Russo.

“Es una alegría enorme, es todo lo que él siempre quiso. Me emociono con el cariño de la gente por el trabajo de él”, comentó su madre, Carminha Manfredini, a periodistas, tras el estreno de “Faroeste Caboclo”.

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Tiene motivos para estar feliz: las obras sobre su hijo han sido grandes éxitos de taquilla en Brasil.

“Somos tao jovens” ya amasa cerca de 2 millones de espectadores desde su estreno a inicios de mayo, mientras que “Faroeste Caboclo” atrajo a más de 540.000 personas en su primer fin de semana. Una película en Brasil, nacional o extranjera, vende un promedio de 280.000 boletos durante su exhibición.

Brasilia, la incipiente capital de edificios faraónicos en el corazón de Brasil, es tan protagonista de las cintas como el roquero, quien llegó a la ciudad en su juventud con su familia cuando su padre fue trasladado como funcionario del estatal Banco do Brasil.

“Fue toda una era en la Brasilia de final del siglo pasado, en que los jóvenes no tenían nada que hacer y entonces se reunían para tocar música. Renato era una persona complejísima y con una gran cultura. Leyó mucho, especialmente poesía, y eso hizo diferencia en su música”, opinó Bulcao.

Consideró que la ciudad es un escenario atractivo para el cine, con un centro marcado por la arquitectura del poder y una periferia con marginalidad e índices de violencia y drogas comparables a los de grandes ciudades, como Rio de Janeiro y Sao Paulo.

Esa contradicción está en el centro de la trama de “Faroeste Caboclo”, una melodía de nueve minutos que narra en 159 versos la historia de Joao de Santo Cristo, quien llega a Brasilia y queda mistificado con la ciudad donde sueña con trabajar, pero acaba involucrado en tráfico de drogas. Enamorado de Maria Lúcia, “una niña de alta clase social”, Joao de Santo Cristo acaba batiéndose en un duelo con Jeremias, un narcotraficante rival que le arrebata a su amor.

La canción capturó la imaginación de René Sampaio en 1987 cuando tenía 14 años y vivía en Brasilia, su ciudad natal. Ahora, convertido en cineasta, la adaptó para la pantalla grande.

Para el director, el legado de Legiao Urbana sigue presente en el imaginario brasileño, incluso de aquellos que se interesaron por la música después de la muerte de Renato Russo.

“Yo tenía la impresión de que Legiao Urbana no tenía vigencia, pero es un fenómeno de la juventud actual. Legiao Urbana está presente en la cultura y los temas que abordaban permanecen actuales”, manifestó a periodistas.

En las primeras presentaciones de “Faroeste Caboclo”, relató el diario O Estado de S. Paulo, ocurrió un fenómeno raro en el cine: las personas no se levantan cuando pasan los créditos finales, se quedan en sus asientos nueve minutos más cantando la música que cierra la cinta.