El joven fallecido en el plantel educativo simplemente se desplomó y perdió la vida.

José Fuentes Santos

En menos de 36 horas, Ciudad del Carmen fue escenario de violentos asaltos, macabro hallazgo y decesos, reflejo del problema social que impe­ra en la isla más poblada del país.

Tres muertes, un asalto con arma de fuego y un violento atraco acom­pañaron a los habitantes en las últi­mas horas.

MUERE POR INGESTA ALCOHÓLICA

La primera muerte, derivada de la ingesta de alcohol, se dio en los lí­mites del municipio con Palizada, en la zona conocida como Boca Chica, donde un soldador que trabajaba pa­ra la industria petrolera encuentró la muerte al introducirse a la laguna en estado de ebriedad.

El cuerpo de Salvador Hernández Briseño, de 42 años, fue trasladado por unos pescadores a la orilla de la zona de Arroyo Grande, en la colonia Puntilla, en estado crítico, por sufrir ahogamiento. Personal de la Cruz Ro­ja y Policía Municipal llegaron al lu­gar y auxiliaron al soldador, pero fue demasiado tarde.

LO HALLAN PUTREFACTO

Ayer, olores fétidos alertaron a veci­nos de la colonia Salitral, quienes re­portaron que provenían de una cuar­tería conocida como “Puerta de Sol”, ubicada en el cruce de la calle 17 A por 42 D, donde elementos ministe­riales hicieron macabro hallazgo de un hombre de aproximadamente 40 años en estado putrefacto.

El hecho se registró a las 11:30 ho­ras y se corroboró que se trataba de

Israel Hernández Fernández, origi­nario de Veracruz, empleado de pla­taformas. Según los vecinos, refirie­ron que el hombre acababa de perder a un hijo quien falleció en ese estado, lo que le causó depresión; en tanto que el Ministerio Público confirmó que el cuerpo no presentó huellas de violencia y señalaban como causa probable un infarto.

MUERTE SÚBITA

La tercera muerte se registró en el in­terior del plantel del Conalep, donde víctima de un infarto fulminante, un joven estudiante de apenas 17 años de edad, perdió la vida mientras juga­ba futbol al interior de las instalacio­nes deportivas de su escuela, ubicada en el área de Playa Norte.

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Alrededor de las 10:00 horas, el jo­ven de 17 años N.A.P., estudiante del segundo semestre de Contaduría y originario de Puebla, jugaba futbol y repentinamente se sintió mal y se desmayó. Al caer estrepitosamente al piso, fue auxiliado por sus com­pañeros que dieron parte al prefecto de la escuela, el cual llamó en cinco ocasiones a la central de la Cruz Ro­ja para pedir una ambulancia, pero le colgaban el teléfono, pues le indi­caban que no sabían dónde quedaba el plantel.

Finalmente, después de 40 minu­tos, llegaron los paramédicos y a pe­sar de que trataron de reanimar al es­tudiante, fue demasiado tarde, pues ya no presentaba signos vitales. El cuerpo quedó tendido en la cancha deportiva bajo una sabana blanca.

VIOLENTO RECIBIMIENTO

Antes, alrededor de las 8:00 horas, Ángel Aranda Roque, de 40 años, ori­ginario del estado de Veracruz, tuvo violenta recepción a su llegada a Car­men por parte de tres delincuentes que a bordo de un auto Ibiza negro, lo asaltaron a plena luz del día y logra­ron despojarlo de su cadena de oro cuando caminaba en las inmediacio­nes de la colonia Aviación.

El jarocho se resistió al asalto y só­lo lograron quitarle la cadena.

En el forcejeo, los delincuentes lo despojaron de una cadena de oro de 14 kilates y ante lo difícil que resultó someter a su víctima, optaron por re­tirarse, pero el afectado logró quitar­le del cuello, a uno de los asaltantes, una placa de acero inoxidable con el nombre de Joel Bartolo Domínguez.

ASALTO CON OLOR A BALAS

Y por último, alrededor de las 12:00 horas, tres sujetos, uno de ellos con arma de fuego, asaltaron una joyería en pleno centro y lograron un botín de casi 100 mil pesos, además de dis­parar y lesionar a un empleado.

Durante el atraco, los empleados intentaron resistirse, por lo que uno de los ladrones accionó el arma de fuego y disparó contra una vitrina, que alcanzó a lesionar a uno de ellos. Luego de lograr su botín, los delin­cuentes se dieron a la fuga, a bordo del taxi número 2356, cuyo conduc­tor tenía el auto encendido y perma­necía estacionado esperándolos.