Júbilo y alabanzas por Cristo Negro

Comunidad, Lunes 20 agosto, 2012 a las 8:32 am

Texto: Wilmer Delgado Rojas / Fotografía: Robin Canul

Con la tradicional algarabía cam­pechana dio ayer inicio a la rome­ría más antigua de la ciudad y, entre olor a flores e incienso, alabanzas y oraciones, el Cristo Negro, señor de San Román, fue bajado de su altar y puesto a veneración ante cientos de fieles que con fe y amor elevaron sus plegarias, iniciando así los festejos en conmemoración de los 447 años de la llegada de la imagen a tierras campechanas.

Pese al intenso calor y los ardien­tes rayos del astro rey, alrededor de mil 500 fieles comenzaron a reunirse desde las 10:00 hrs. en el Santuario del Cristo Negro de San Román, don­de a las 12:00 hrs., el rector Fernando Manzo Barajas ofició una misa pre­via, resaltando la importancia de ele­var las oraciones por un mundo en donde los valores están quedando en el olvido y en el que la fe, el amor y la oración pueden llevar al cambio.

Los asistentes recitaron la ora­ción del Cristo Negro, glorificaron su nombre y con bendiciones, aplausos y ovaciones entonaron cantos que hacían referencia a la bondad, amor, felicidad y milagro que significa te­ner tan cerca al Señor de San Román.

Mientras tanto, la Reina de la Fe­ria de San Francisco y Chiquitita San Román, vestidas de gala, manifesta­ban el honor que significa encabezar esta tradición.

Aproximadamente unos 20 cola­boradores de la iglesia preparaban to­do para la bajada de la imagen, mis­ma que era protegida por unas vallas metálicas que, a la vez, permitían el orden de los católicos que querían venerar a la escultura de ébano y pe­dirle milagros, dar gracias, alabarlo y tocarlo, ya que es la única ocasión du­rante todo el año que pueden estar así de cerca de la sagrada imagen.

Fue alrededor de las 13:00 hrs., cuando fue bajada la imagen del Se­ñor de San Román entre flashes de las cámaras, aplausos y alabanzas. Fue toda una fiesta, en donde la ba­tuta musical era llevada por el coro del santuario. Mientras al interior del recinto los encargados bajaban lentamente y con cuidado la ima­gen, en las afueras del santuario se empezó a escuchar el tronar de los voladores cuya luz era opacada por los intensos rayos solares, pero no así el regocijo de los fieles que abarrotaron el recinto.

Algunas miradas a primera vista podían calificarse de tristes, pero en realidad las lágrimas que escurrían de los ojos de muchos eran de felici­dad, misma que se conjugaba con la alegría de los coloridos trajes regio­nales portados por muchas mujeres.

“Es un honor estar aquí adoran­do a mi negrito”, fue la expresión de una de las feligreses procedente de Yucatán junto a toda su familia. Se­gún refirió, con este cumplen ya 30 años consecutivos de acudir a la fies­ta más tradicional de la entidad.

También la directora del coro de la iglesia dijo que “Dios nos favore­ció enviándonos la imagen del Aa­mor, la imagen de Cristo Crucifica­do, que entrega su vida por nuestra salvación y que llegó a esta queri­da tierra campechana en medio de un gran milagro para recordarnos que está aquí para atender nuestras necesidades”.

Luego de dos horas de adoración se formó una larga fila que termi­naba a las afuera del santuario, pa­ra que los feligreses pasaran a decir sus plegarias al Cristo de San Román, siempre atendiendo las solicitudes de las autoridades de la iglesia para preservar la imagen, evitando rayarla con objetos metálicos o pasarle ra­mos de plantas regionales como la albahaca, ruda y otras.

La fiesta concluyó con gran júbi­lo, pero terminó sólo por ayer, por­que la fiesta se prologará durante 42 días más.