Los gremios están listos. Los nervios quedaron atrás. El día por fin llegó. El cielo rugió, el mar embraveció y los cañones sonaron. Es el día que marca la tradición como la fiesta patronal en honor al campechano más antiguo y principal protector de la fe campechana.

La ciudad está preparada para la mayor concentración de feligreses y turistas en una ocasión especial. Tal y como lo marca la tradición, fue 14 de septiembre de 1565 cuando después de atravesar una jornada de lluvias y relámpagos, el galeón del mercader Juan Cano de Coca Gaitán, ancló en el puerto local con una preciosa carga. Se trataba del Cristo Negro, Señor de San Román.

En una fecha especial al cumplirse 450 años del milagro, nuevamente el Cristo Negro revive su llegada procedente de puerto de Alvarado, Veracruz, en un barco tipo español que lo transportó hace más de cuatro siglos. Es domingo al mediodía en la Iglesia de San Román y los preparativos están listos. Por fin llegó la fecha esperada por los custodios del Cristo Negro. Muchedumbres aguardan en la iglesia sanromanera en espera de la bajada de la sagrada imagen de su retablo.

Los custodios se acercan al retablo que desde tiempos inmemoriales resguarda al Cristo. Con  mucho respeto y fe lo colocan en la tradicional peana que lo protege de las inclemencias del templo.

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Lo cargan entre sus hombros y lo conducen hasta la entrada del templo. A su paso, los feligreses entonan cánticos, esparcen flores, ven con gran veneración al ‘negrito’ que desde muchas generaciones ha escuchado sus ruegos y lamentos.

Afuera de la iglesia lo espera la grúa que lo trasladaría al muelle de Lerma. “viva el Cristo, Señor de San Román”, exclamaron los devotos con gran alegría.

En su recorrido por el Malecón, los campechanos lo saludaban sonando sus cláxones, y otros más se detenían para admirar al campechano mas antiguo.

Una valla humana lo recibió con aplausos, ramos de flores y albahaca. Al llegar al muelle, el Cristo Negro fue traslado hasta el  barco ‘El Lorencillo’ que en esta ocasión lo trasladó como lo hiciera hace 450 el navío de un piadoso mercader.

Pero no sería Coca Gaitán quien acompañara al Cristo hasta el litoral campechano, pues fue el mismísimo Obispo José Francisco González, quien tras bendecir la imagen y el barco, dio el banderazo de salida para que la nave zarpara. “En un día especial vino la imagen del Cristo Negro, Señor de San Román, para reunir a los dispersos”, expresó.

Alrededor de las tres de la tarde, ‘Lorencillo’ zarpó del muelle con la preciosa carga acompañado de 60 lanchas que escoltaron al Cristo Negro. Por más de 120 minutos, el barco con sus banderas hispanas y su tripulación ataviada con ropas de los recios navegantes del pasado condujo la sagrada imagen por el suave oleaje del mar campechano, en un mediodía soleado hasta llegar al muelle de San Román.

Ahí ya los esperaba el ‘Catamarán’ donde los custodios traerían la imagen hasta un púlpito colocado para su veneración. Entre cánticos y aplausos, la imagen fue recibida en el Asta Bandera.

Es la segunda vez que el Cristo recorre la bahía en una representación de su legendaria llegada, tan llena de milagros, mitos, leyendas y mucha fe. La primera ocasión fue hace 50 años, cuando se festejó su IV Centenario. Ayer, de nueva cuenta, pero protagonizado por una nueva generación de campechanos, revivieron con la misma emoción, con la misma fe y con la misma admiración, lo que los habitantes de la entonces villa de San Francisco de Campeche sintieron en 1565.

…Y hasta el cielo recordó su llegada

Cuenta la tradición que hace 450 años, cuando el Cristo Negro llegó a las tierras campechanas, estaba empapado después de una jornada marcada por un fuerte temporal y al celebrase ayer una fecha especial, no podría ser la excepción. Sin embargo, pudo más el amor y la fe de todos los campechanos que las inclemencias del tiempo.

Eran las seis de la tarde, la hora pactada para la sagrada misa por los 450 años de la llegada del Señor de San Román y con la vista puesta en el cielo, el Obispo José Francisco González, dio inicio con un momento histórico que quedará grabada en la memoria de todos los campechanos.

“Cristo resucitó y nos prometió acompañarnos hasta el fin de los tiempos, el subió al cielo pero permanece entre nosotros”, fue el primer mensaje que el Obispo hizo llegar a cientos de fieles católicos que participaron en una larga jornada religiosa.

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Durante la homilía, José Francisco narró parte de la historia del Cristo Negro, imagen que 25 años después de la fundación de la ciudad de Campeche, hizo presencia en el santuario de San Román para presidir la oración, la devoción, las suplicas y las gratitudes que el pueblo campechano ha elevado durante 450 años.

“Yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos. Sin mí, nada pueden hacer”, rememoró el Obispo al señalar las palabras de Jesucristo en el Evangelio.

Recordó que el 14 de Septiembre de 1565, la imagen del Cristo Negro Señor de San Román, se hizo presente en medio de su pueblo, “es una imagen que enseña a un cristo agonizante, crucificado, muriente, pero no con  desesperación”.

Monseñor José Francisco explicó que Cristo subió a la cruz para asumir los pecados de la humanidad. Señaló que esa es la verdadera razón por la cual se vuelve negro, debido a que el pecado es negro y Cristo asume la condición  del pecado, aunque él era de otro color.

Reiteró que Jesús, enseña a los humanos el sentido de la vida, “para vivir hay que morir, pues si alguien quiere ser discípulo de Dios, debe renunciar así mismo, morir así mismo, tomar su cruz  y seguirlo”.

Sin embargo, como si las fuerzas del mal se reunieran para opacar al fiesta del cristo, el cielo se oscureció y los relámpagos tronaron, era la advertencia de una terrible tempestad, pero los campechanos mostraron su carácter bravo y se mantuvieron bajo la lluvia elevando sus oraciones al cielo.

“Llegó con agua, tenemos que celebrarlo con agua. Que Dios nos ayude a no vivir sin él, sin mi nada podéis hacer. Jesús nos asegura estar en medio de nosotros, que dificultad traes, si estoy contigo te fortalezco”, reiteró el obispo.

Posteriormente, la imagen se trasladó a la iglesia de San Román. En su camino, los feligreses entonaban cantos entre riachuelos de agua, pero manteniendo la alegría y la sonrisa en sus rostros.

El obispo de Campeche agradeció a los asistentes por mostrarse firmes ante las inclemencias del tiempo, “es una muestra importante de la fe que existe entre los campechanos y el amor hacia el Cristo Negro de San Román”.

Jornada concluyó con célebres notas musicales

La Orquesta de Cámara del Ayuntamiento acompañada por el coro del Santuario de nuestra señora de Guadalupe, y el coro de nuestra señora del Sagrario Catedral, fueron los encargados de cerrar con broche de oro este domingo de celebraciones en honor a los festejos por el 450 aniversario del Cristo Negro de San Román, brindando una elegante serenata.

Violines, flautas, oboes, clarinetas, trompetas, timbales, piano y contrabajo, fueron los instrumentos orquestales que congratularían un domingo de fe cristiana.

Con una iglesia de San Román repleta de fieles católicos, en punto de las 21:30 horas de la noche, la Orquesta interpretó con elegancia y alegría piezas musicales como “Jesús, Alegría de los Hombres” (Jesus Bleibet meine Freude) de Johan Sebastian Bach, “Cordero de Dios” (Agnus Dei) de Georges Bizet, “¡Aleluya” de Handel, entre otras.

Sin duda alguna, la pieza musical que levantó a más de un feligrés de sus asientos y arrancó una oleada de aplausos fue “Señor de San Román” una composición de Hernán Loría Pérez, la cual provocó que los asistentes acompañaran a la orquesta vitoreando las estrofas de esta canción.

Tras casi una hora y media de concierto, los directores de los coros, ensamble y orquesta, además de los músicos que la integran, agradecieron al público asistente y al comité organizador de la iglesia de San Román, por permitirles ser parte de esta celebración.

WILMER DELGADO Y JOSIMAR MEX
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Fotos: Robin Canul