Uno de los grandes milagros de Su Santidad Juan Pablo II, curar a un joven de 17 años que padecía cáncer, fue una anécdota que vivió el ex Obispo de Campeche, Ramón Castro Castro.

El ahora Obispo de Cuernavaca relató a este rotativo cómo fue aquella experiencia inolvidable, al tiempo que recordó las reliquias de San Juan Pablo II, mismas que se encuentran en la parroquia de San José Obrero en esta ciudad, las cuales “ojalá se puedan aprovechar para acrecentar y madurar nuestra Fe”.

En entrevista con EL EXPRESO, el Obispo de Cuernavaca relató una experiencia vivida con San Juan Pablo II. Recordó que corría el año de 1982, cuando fue llamado a trabajar en la Nunciatura Apostólica en Luanda, capital de Angola.

“Cuando llegó el Papa Juan Pablo II estuvo casi una semana en Angola, el único país al que le dedicó tanto tiempo debido a la guerra civil que esteba enfrentando, por lo que él llevó consuelo y esperanza”, comentó.

Añadió que después de un tiempo extraordinario de vivencias profundas, de sencillez, caridad, amor y preocupación por la iglesia, lo que vivió en su último día de visita fue una experiencia inolvidable.

Dijo que el último día, el Santo Padre dedicaba un encuentro especial para agradecer a las personas que trabajaron en la organización, así como a aquellos implicados a su servicio, como cocineros y personas que se dedicaban a la limpieza.

Subrayó que en esa ocasión, en la Nunciatura Apostólica de Luanda, el embajador de Portugal ante Angola le pidió al nuncio apostólico estar presente en el momento del Santo Padre en el cual agradecería a las personas que lo atendieron, a lo cual accedió.

De tal manera, –rememora– cuando el Santo Padre fue a saludar uno por uno a todos aquellos que trabajaron tanto en su visita, se encontró también con la familia del embajador de Portugal, su esposa y su hijo de 17 años, éste último en silla de ruedas, con cáncer terminal y en una situación bastante crítica.

Sin embargo,  –agregó– cuando el embajador le presentó a su familia, la esposa del diplomático rompió en un llanto amargo y triste, diciéndole a Su Santidad que su hijo estaba muriendo de cáncer, lo cual el Santo Padre escuchó y respondió: “no se preocupe, vamos a rezar por él, cerró sus ojos, puso sus manos sobre el joven e hizo una oración, lo saludó con mucho cariño y continuó su camino”.

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El hecho que el Papa Juan Pablo II le haya dedicado ese tiempo y oración al joven fue de gran consuelo para la corazón de la madre y el padre.

Castro Castro agregó que una vez terminado todo, el Papa Juan Pablo se fue del sitio, pero una semana después exactamente, el embajador pidió una cita urgente con el nuncio apostólico, donde llevó todos los estudios de su hijo antes y después.

Aquella ocasión, el embajador aseguraba que después de la intercesión del Papa Juan Pablo su hijo se recuperó completamente, ya que el cáncer había desaparecido, lo cual atribuyó a “un milagro, no hay otra explicación”.

Expresó que después de aquella situación querían que todo el mundo supiera del milagro, sin embargo, una vez que enviaron todas las pruebas y documentación a El Vaticano pidieron que de favor no se hiciera público, ya que no querían mezclar esos dotes de un hombre santo con su misión como sucesor de Pedro.

Castro Castro explicó que tiempo después supo que no se trataba del único milagro, pues existe un libro que documenta 12 milagros hechos por San Juan Pablo II en vida, entre ellos acerca de un niño de 5 años de Zacatecas que fue curado de cáncer tras estar presente en su beatificación y canonización.

Por último comentó que el joven de 17 años fue fiel testigo de cómo la intercesión de un hombre santo puede lograr los favores que Dios brinda debido a la grandeza de su Fe.

Wilmer Delgado Rojas
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