Cien días. El pontífice ha realizado varios cambios con respecto a su predecesor

AGENCIAS

El Papa Francisco cumplirá mañana sus primeros cien días de pontificado durante los cuales ha sabido ganarse el afecto de los fieles demostrando humor, humildad y franqueza.

El pasado 13 de marzo, en el segundo cónclave del tercer milenio fue elegido sucesor de Benedicto XVI el argentino Jorge Mario Bergoglio, de 76 años, un jesuita con corazón franciscano, que nada más presentarse a los fieles mostró al mundo que quiere ser un papa “al servicio de los demás” y que sueña con una iglesia “pobre y para los pobres”.

Lo primero que ha hecho es desprenderse de oropeles. Calza zapatos negros y no los rojos papales, no duda en besar y abrazar a quienes se le acercan y se aloja en una residencia del Vaticano junto con obispos y sacerdotes y no en el palacio apostólico.

Francisco quita importancia y dice que el apartamento papal no es tan lujoso y que él vive en la residencia de Santa Marta porque necesita estar entre la gente, “porque no puedo estar solo”.

Pero también reconoce que tiene en cuenta los tiempos que vive el mundo, “en los que se habla de tanta pobreza”.

La pobreza es un escándalo

“La pobreza es un escándalo. En el mundo, donde hay tanta riqueza, tantos recursos para dar de comer a todos no se puede entender como hay tantos niños hambrientos, sin educación, tan pobres”, afirmó recientemente.

En una carta enviada al primer ministro británico, David Cameron, con motivo del reciente G-8, afirmó que el fin de la economía y de la política es servir a los hombres, empezando por los más débiles, y que el dinero “debe servir y no gobernar”.

Francisco, en la misma línea que Benedicto XVI, asegura que todas las acciones económicas deben tener en el centro al hombre, “que no es un factor económico más o un bien desechable, sino que tiene una naturaleza y una dignidad que no se puede reducir a simples cálculos económicos”.

El papa ha denunciado que en el mundo no manda el hombre, sino el dinero y que aunque la crisis es profunda sigue dominando una economía y una finanza carente de ética.

Aunque suave en las formas, Francisco no duda en usar frases fuertes para denunciar las situaciones de injusticia y ha señalado que la comida que se tira a la basura “es el alimento que se roba al pobre, al que pasa hambre”.

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Relación con Benedicto XVI

Su magisterio es, según coinciden los observadores vaticanos, sencillo, el de un sacerdote de pueblo, directo.

Él lo sabe y usa frases simples. Cuando tiene que referirse a temas más profundos no duda en echar mano del magisterio de Benedicto XVI, con quien se ha visto en varias ocasiones en este tiempo y habla con cierta regularidad.

Esa relación con el papa emérito le llevará a firmar la encíclica sobre la fe que empezó a escribir Benedicto XVI y no acabó al renunciar al papado.

Bergoglio pretende una iglesia más cercana a los fieles y no ha dudado desde el primer momento en pedir a los sacerdotes que no sean burócratas y salgan a las periferias a mostrar el Evangelio.

Reformas a la Curia

Ha criticado el “carrerismo” (afán de éxito), la rivalidad y la lucha de poder y ha llegado al papado tras los casos de curas pederastas y el escándalo Vatileaks, que desveló enfrentamientos y supuestos casos de corrupción en la Curia Romana.

Durante las reuniones preparatorias del cónclave, los cardenales mostraron la necesidad de reformar la Curia y ese es uno de sus grandes retos. Los otros son la nueva evangelización y la potenciación del diálogo ecuménico.

En estos 100 días se ha reunido con numerosos cardenales y ya ha nombrado un grupo de ocho purpurados para que le aconsejen.

Los primeros nombramientos que ha hecho, entre ellos el sacerdote y amigo Battista Ricca como secretario de la Comisión Cardenalicia que vigila el Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como el banco del Vaticano, dan a entender que la reforma será profunda.

A la espera, todas las miradas están puestas en quien será el nuevo Secretario de Estado, que sustituirá al cardenal Tarcisio Bertone, o si remodelará la “presidencia del gobierno” y reducirá el poder del “primer ministro”, según no descartan fuentes vaticanas.

Los observadores vaticanos consideran que de ese nombramiento dependerá que pueda llevar a cabo la reforma de la Curia -donde el papa ha reconocido ante religiosos latinoamericanos que hay gente buena pero también corrupción- y lograr la transparencia financiera en el IOR.