Mercurio, el planeta más próximo al Sol, orbita a 57,91 millones de kilómetros de nuestra estrella. La sonda que más se ha acercado al Sol en la historia de la exploración espacial es la Helios-2, que llegó a estar a 43 millones de kilómetros en 1976. La nueva sonda de la NASA romperá siete veces ese récord.

La sonda se llama Solar Probe Plus, y se lanzará entre el 31 de julio y el 18 de agosto de 2018. Cuando pase por Venus, esta nueva nave de exploración comenzará una serie de órbitas cada vez más cercanas que la llevarán donde ningún vehículo fabricado por el hombre ha llegado antes, a solo seis millones de kilómetros de la superficie del Sol. Eso es 8 veces más cerca que Mercurio y siete veces más cerca que la Helios-2.

A esa distancia, la sonda deberá soportar una intensa radiación y unas temperaturas de hasta 1.400 grados Celsius. Para ello contará con un nuevo tipo de escudo térmico de 11,43 cm fabricado en fibra de carbono. Detrás de ese escudo hay un complejo conjunto de sensores que medirán los campos eléctricos y magnéticos de la corona solar, la densidad del plasma, y la velocidad del viento solar. El equipo contará además con un sistema único de refrigeración líquida para mantener los dispositivos a una temperatura operativa. Por supuesto, habrá una cámara que se encargará de tomar fotos de nuestra estrella como nunca hemos visto.

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¿Por qué molestarse en acercarse tanto al Sol en lugar de estudiarlo desde la Tierra? La respuesta es que sencillamente no podemos saberlo todo desde la comodidad de nuestros observatorios. Aún hay dinámicas solares para las que no tenemos explicación. No sabemos, por ejemplo, porque la corona solar es más caliente que la superficie. No sabemos exactamente cómo se originan los vientos solares y por qué la corona solar es tan inestable.

Solar Probe Plus busca dar respuesta a todas estas preguntas. Los datos que obtenga no solo servirán para comprender mejor cómo funcionan las reacciones internas de las estrellas. Nos permitirá también predecir con mayor antelación eventos solares extremos como las eyecciones de masa coronal, que afectan a las telecomunicaciones de nuestro planeta y que, si tenemos mala suerte, pueden provocar daños muy graves en nuestra infraestructura tecnológica. Por último, entender el viento solar servirá para afinar el funcionamiento de las naves que estamos dieñando que utilizan velas solares.

El miércoles 31 de mayo, la NASA ofrecerá una conferencia con más detalles sobre esta nueva misión.

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