Constituido a finales del siglo XVI, el barrio de Guadalupe fue el más joven de los reductos de población existentes en la Villa de San Francisco de Campeche durante el periodo colonial. 

barrio de guadalupe

Habitado en su mayoría por habitantes canarios, navarros y de otras partes de la Península ibérica, el barrio de Guadalupe adoptó desde sus inicios características singulares en su arquitectura y en su medio de subsistencia.

Cuenta la tradición que su porte señorial se debió a que las casonas más prominentes del barrio se ubicaron en la Calle Real (hoy Calle 10) que conectaba este barrio con el de San Francisco, ahí estaban también casi todas las casas comerciales del barrio.

Fue por esa misma arteria donde hace 150 años pasó la Emperatriz Carlota con sus carruajes y doncellas para dirigirse a la Puerta de Guadalupe, donde la augusta dama fue recibida por las entonces autoridades imperiales.

Frente a la mencionada puerta se ubicó uno de los lugares más frecuentados por todos los campechanos donde se ubicaron los Portales que hoy en día conocemos como: San Martín.

Gracias a las crónicas de la época, sabemos que este emblemático inmueble fue construido en 1836,  por iniciativa de Don José Trinidad Medina, quien con permiso del Ayuntamiento y del Comandante de Armas, mandó a construir una casa con amplios portales frente al abandonado Campo de Tiro de Guadalupe.

Esta construcción al igual que la mayoría de las casas del mismo barrio contaba con grandes ventanas con guardapolvos, y portales donde se ubicaron grandes bodegas que servían para guardar mercancías.

La cercanía de este barrio con la playa propició que los guadalupanos fincaran gran parye de sus ingresos del comercio de mercancías, ya que podían ingresar tanto de manera legal como ilegal enseres diversos para ser vendidos a bajo costo, pues no pagaban el impuesto aduanal.

Construida también sobre la Calle Real del mismo barrio, se ubicó la famosa mansión de Punta Diamante, propiedad del entonces vecino de nombre Antonio León Ledesma.

Este inmueble poseyó grandes zaguanes y portales que incluían bodegas para facilitar la descarga y carga de mercancías en forma rápida. Desde la época colonial y hasta el siglo XIX, la mansión de Punta Diamante fue una de las viviendas más representativas que se ubicó en el barrio guadalupano.

Hay que mencionar que a lo largo de las centurias, está  mansión tuvo distintos propietarios quienes ya sea por lo caro de las contribuciones o por la falta de recursos vendieron una y otra vez el inmueble.

Su parroquia principal

Cal y canto, materiales característicos de la región fueron los principales elementos utilizados para la construcción de una pequeña ermita que se construyó a orillas de la playa del barrio consagrada a la devoción mariana, hace más de cuatro siglos.

La erección del primer espacio destinado al culto religioso, se debió a la iniciativa del encomendero Pedro Martin de Bonilla, quien con recursos propios fundó un sitio en honor a la Virgen de las Villuercas de Extremadura, España, patrona de la evangelización del Nuevo Mundo.

iguesia de guadalupe

De acuerdo al religioso Fray Gregorio de Montalvo, la primitiva ermita estaba construida a base de piedra, y sin ornamentos, más que la imagen de bulto, posible copia de la virgen extremeña.

Según las crónicas, en este lugar se celebraba a la virgen cada 8 de diciembre cuando de acuerdo a la tradición española se organizaba una procesión.

En el siglo XVIII, la iglesia de Guadalupe sólo era frecuentada durante las celebraciones marianas o bien en alguna actividad de índole eclesiástica. Ya para 1732, el gobernador de Yucatán, Antonio de Figueroa, reconoció a la ermita como Parroquia perteneciente a la villa campechana. En 1817, se pretendía que se le diera la categoría de Curato.

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Aunque para 1697, Roma reconoció a la virgen mexicana como patrona de la Nueva España y le dio carácter oficial a la devoción, los estudiosos del tema coinciden que el fervor a la virgen del Tepeyac debió darse en Campeche durante la primera década del siglo XIX.

De hecho, para el 11 de diciembre de 1827, el alcalde de la ciudad ordenó por medio de un decreto que en el marco de “la festividad de nuestra Señora de Guadalupe, Patrona titular de la Nación Mexicana, ordeno y mando a todos habitantes que en la noche de este día y en la mañana, decoren sus puertas, ventanas y cortinas, luminarias y otras demostraciones dignas de la reverencia debida al objeto a que se dedican. (Francisco Álvarez Suarez, Anales Históricos de Campeche, tomo I, pág.196).

Sin embargo, aunque  se puede pensar que en ese entonces ya se había arraigado la tradición guadalupana en la ciudad, esto no fue así, ya  que cuando la Emperatriz Carlota Amalia llegó a la ciudad en 1865, al igual que durante su estadía en  la capital del país, profesó devoción  a la virgen extremeña a tal grado de visitar la iglesia del barrio guadalupano.

Finalmente, para el caso de Campeche, la celebración a la Morenita del Tepeyac ya figuraba en los calendarios civiles decimonónicos. Un ejemplo de esta situación fue el decreto del 11 de agosto de 1859, en el que Benito Juárez, Presidente de México, incorporó la fiesta de la Virgen de Guadalupe.

Durante esos días, las oficinas de gobierno en la ciudad de México suspendían todas sus labores para que los empleados pudieran asistir a las ceremonias religiosas. En ellas se podían observar desde simples funcionarios públicos, jueces del Supremo Tribunal de Justicia e incluso hasta se podía contar con la asistencia del Presidente de la República.

En la actualidad, la  iglesia consagrada a la guadalupana, es una de las tres principales del país donde se congregan cada 12 de diciembre los peregrinos que profesan un profundo amor a la Morenita de Tepeyac.

Luis Angel Ramos Justo
historiador/Oficina del Cronista
luarju@gmail.com