El Papa Francisco explica que en la vida de cada uno, que no debe centrarse en las apariencias, existen dos caminos: ser pecadores arrepentidos o pecadores hipócritas.

Así lo indicó el Santo Padre en la homilía de la Misa celebrada ayer ante unas 40 mil personas en el estadio “Renato Dall’Ara” de Bologna, con la que concluyó su viaje apostólico a esta ciudad y a Cesena.

En su homilía, el Santo Padre comentó la parábola evangélica de los dos hermanos a los que su padre envió a trabajar a la viña. El primero contestó “no”, pero después fue. El segundo contestó “sí”, y luego no fue a la viña.

“En el corazón del primero, después del ‘no’, resonaba la petición del padre. En el corazón del segundo, en cambio, a pesar del ‘sí’ inicial, la voz del padre había quedado sepultada”, explicó.

En la parábola, “la palabra clave es arrepentirse. Es el arrepentimiento el que permite no endurecerse, transformar el ‘no’ a Dios en ‘sí’, y el ‘sí’ al pecado en ‘no’ por amor al Señor”.

“La voluntad del Padre, que cada día delicadamente habla a nuestra conciencia, se cumple solo en forma de arrepentimiento y de conversión continua”.

En definitiva, dijo el Santo Padre, “en la vida de cada uno hay dos caminos: ser pecadores arrepentidos o pecadores hipócritas”. PAPA

“Aquí lo que cuenta no son los razonamientos que justifican o intentan salvar las apariencias, sino un corazón que avanza con el Señor, lucha cada día, se arrepiente y vuelve a Él. Porque el Señor busca puros de corazón, no puros ‘por fuera”.

Otra forma de explicar esta parábola, dijo el Papa, es que Jesús con ella hace elegir “si ser pecadores en camino, que permanecen en escucha al Señor y que cuando se caen se levantan, como el primer hijo; o, por el contrario, podemos ser pecadores recostados, siempre justificándose y que solo hacen lo que les conviene”.

A los cristianos de hoy, continuó el Pontífice, esta parábola “nos dice que no existe una vida cristiana hecha sobre la mesa, científicamente construida, donde basta con cumplir algunos preceptos para tranquilizar la conciencia”.

“La vida cristiana es un camino humilde de conciencia nunca rígida, sino en relación con Dios, que sabe arrepentirse y confiarse a Él en su pobreza, sin presumir nunca de bastarse a sí mismo”.

“Así se supera la reedición actualizada de aquel mal antiguo denunciado por Jesús en la parábola: la hipocresía, la doble vida, el clericalismo que se acompaña del legalismo, el desapego de la gente”.

También podría interesarte  Papa creará comisión que autorice a mujeres ser diáconos

“Esta parábola –continuó el Papa– Jesús la dirige a algunos de los jefes religiosos del templo que se parecían al hijo de doble vida, mientras que la gente común se comportaba con frecuencia como el otro hijo”.

El Pontífice se preguntó cuál era el problema de aquellos jefes del templo: “de palabra, y con los demás, eran inflexibles custodios de las tradiciones humanas, incapaces de comprender que la vida hacia Dios es en camino y pide la humildad de abrirse, arrepentirse y recomenzar”.

Estos jefes “lo sabían y lo explicaban todo, de modo formalmente intachable, eran verdaderos intelectuales de la religión. Pero no tenían la humildad de escuchar, la valentía de interrogarse, la fuerza de arrepentirse”.

Con ellos, Jesús fue muy severo: “les dice que incluso los publicanos les precedían en el Reino de Dios. Era una afirmación muy fuerte, porque los publicanos eran los corruptos traidores a la patria”.

Las tres “P”

La Palabra, el pan y los pobres son los tres puntos de referencia, las tres “P”, que el Papa Francisco también quiso dejar a los fieles tras su viaje a Cesena y Bologna.

La primera ‘P’ es “la Palabra”, que es “la brújula para caminar con humildad, para no perder el camino de Dios y caer en la mundanidad”.

“La segunda –continuó Francisco– es ‘el Pan’, el Pan eucarístico, porque todo comienza a partir de la Eucaristía. Es en la Eucaristía donde se encuentra la Iglesia, en el Cuerpo de Cristo compartido entre los pecadores y los necesitados”.

Finalmente, la tercera “P” señalada por el Papa “es la de los Pobres. Todavía hoy a demasiadas personas les falta lo necesario. Pero hay también tantos pobres de afecto, personas solas y pobres de Dios… En todos ellos encontramos a Jesús, porque Jesús en el mundo ha seguido la vida de la pobreza”.