Un principio básico para poder llegar con seguridad a un destino es saber exactamente a dónde queremos llegar y en base a ello fijar una trayectoria que nos lleve por el camino menos complicado y tomar todas las previsiones necesarias para alcanzar nuestra meta.

El 2013 nos ha dado muchas muestras de que se esboza un plan para encaminar a nuestro país hacia el futuro, sin embargo, también nos ha enseñado muchos escenarios que quizá no fueron contemplados o los riesgos fueron medidos con demasiada ligereza. Podemos pensar que el presente año ha sido atípico y extraordinario; muy previsible si decimos que al cambiar de una administración de gobierno federal a otra, más tratándose de diferentes partidos políticos, la forma de trabajar sería distinta a la manera como se desarrollaron los últimos dos sexenios. Comenzando por los protocolos, todos cambian y hasta pensaríamos se renuevan, aunque siendo un régimen con una ancestral experiencia de gobierno, quizá sea irónico pensar en una post-modernidad.

El presente año ha sido de todo menos monótono, ha sido complejo y de muchos cambios que sentiremos sus verdaderos efectos en los años subsecuentes, como es el caso de las reformas estructurales y los problemas sociales que se han desencadenado paralelamente a estas. Si a ello le sumamos lo enrarecido que era el entorno que se heredó de una administración a otra, principalmente con los problemas de seguridad y violencia, hasta también la desaparición de la institucionalidad que había prevalecido por mucho tiempo. Este último aspecto no es para denostarlo si consideramos que el principal problema de credibilidad que tenemos los mexicanos es la poca confianza que tenemos en las instituciones.

El Gobierno de la República con todas sus acciones lo que nos ha tratado de mostrar es que la meta es crecer y recomponer el tejido social que se ha resquebrajado en muchas regiones del país y en diferentes segmentos de la población. La mayor parte de sus objetivos los han puesto ya sobre la mesa, sin embargo las formas han sido poco claras para la población en general, quizá podamos señalar, poco democráticas si habláramos de una participación social en las decisiones del país.  Quizá sea su estilo de ejercer el poder, esperemos se sensibilicen para bien de todos, ya que la tolerancia y como mencionaba antes, la credibilidad, son aspectos que están en sus niveles más bajos.

Dentro de este “nuevo” estilo de gobernar existe una centralización importante de la manera de administrar los recursos y señalar las prioridades regionales. Esto se ha demostrado en los cortos meses que van del año con la forma de limitar las gestiones y estructurar la canalización de recursos. Tal pareciera que es un: “tus necesidades yo te las establezco… las soluciones también”. ¿Paternalismo? Más bien desconfianza.

Es muy difícil trabajar en sincronía con un gobierno que centraliza su visión de la problemática regional. ¿Entonces qué debemos hacer?

Más que siempre, cada una de las entidades del país deben tener claro su perfil de necesidades y saber la manera en cómo van a realizar su gestión a nivel federal para solucionar su problemática local.

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¿Estamos en Campeche siguiendo los pasos correctos?

Estamos a poco más de 22 meses para que la actual administración de gobierno estatal concluya y si en algo se puede analizar su trabajo en los pasados 50 meses es que a carecido de consistencia y efectividad en la gestión de proyectos e inversiones.

La realidad opaca a la especulación, los tiempos han sido difíciles y lo obtenido hasta el momento no ha sido nada fácil aterrizar. Sin embargo,

la capacidad de gestión en muchos rubros ha dejado mucho que desear y hemos perdido oportunidades importantes para desarrollarnos y crecer. ¿Cuántas gestiones han tenido nulos resultados? ¿Cuántos recursos se han dejado de obtener o se han devuelto a la Federación por falta de proyectos consistentes? ¿Cuántos programas y proyectos se han hundido en la burocracia y nulificado los esfuerzos realizados? A 4 años de distancia el panorama de lo que se ha pretendido alcanzar debería tenerse más que claro, los principales proyectos ya están en marcha o por concluirse. Es necesario consolidar y ser prudentes al abrir nuevos frentes.

Tenemos un país que define su rumbo y un nuevo Gobierno Federal que establece una dinámica diferente; existen cambios en el marco legal que pretende apoyar el crecimiento económico y vienen más acciones donde será necesario estar muy atentos porque su estructuración nos involucrará estemos o no preparados.

El Gobierno del Estado de Campeche tiene que trazar con precisión su corto plazo y dejar abierto un esquema para facilitar el largo plazo. La capacidad de gestión será puesta a prueba al máximo y si no se logra una inmediata sincronía con la dinámica centralizada de la Federación nos veremos rezagados del desarrollo. Es tiempo de capitalizar sinergias y poner a trabajar horas extras a todos nuestros gestores y representantes, porque lo que no se realice ahora, muy difícilmente podremos hacer que sea tomado en cuenta después.

Los distractores de la política local no nos ayudan para la concentración de los intereses colectivos primordiales. Muchos de esos gestores y representantes que deberían estar trabajando al cien por ciento en lo que es importante hoy, han dado prácticamente por terminado el presente sexenio, habiendo tanto por hacer y gestiones neurálgicas por realizar.

Requerimos alinear nuestra economía a la dinámica del crecimiento que plantea el país y que para conseguir ser tomados en cuenta debemos concentrarnos en una gestión conjunta y sensibilizar a las autoridades centrales. Pero sobretodo debemos ser responsables de que no son tiempos políticos sino tiempos económicos y sociales, y que no podemos darnos el lujo de desaprovechar ningún momento. ¿Lo tenemos claro?