Sin importar el partido político de sus simpatías, todos tenemos claro lo que queremos para México y los estatutos de los partidos políticos plasman que el desarrollo de su participación debe enfocarse al desarrollo de un mejor país y que sea sobre todo, justo.

Quisiera equivocarme al decir que no obstante en los estatutos de los partidos ponen como requisito conocer y acatarlo, no todos los militantes o simpatizantes lo conocen.

La política en su sentido más amplio debe de consensuar diferentes puntos de vista para encontrar el justo medio que permita obtener el beneficio de la mayoría.

Sin que me importe si son de derecha, izquierda o centro, todos deben de buscar el bien común, en especial de aquellos que no somos militantes o simpatizantes de ninguno de sus partidos y que somos la mayoría.

No obstante parece que la pertenencia a un partido los enfrenta de manera automática a los demás sin considerar que puede haber personas valiosas dentro de ellos y que buscan lo mismo, mejorar a México.

Es muy fácil señalar y acusar de esta forma. “Es culpa de los priístas; de los panistas; de los perredistas; de los morenos; es culpa del sistema”. Bueno, esa última afirmación es cierta pues el sistema, es el sistema de partidos, que son nuestros por supuesto, pues viven de nuestros impuestos.

La ideología de una persona o la forma en que cree deben llevarse las riendas de un gobierno, son las que hacen que se aglutinen en diferentes partidos y eso es bueno. Lo que sí me provoca conflicto es que muchos de los que están dentro de esos partidos lo están por un interés personal más que por cuestión de ideología y mucho menos por la búsqueda del bien común.

Si estuviera en mis manos este país debería contar en su vida política con cuatro corrientes a)Izquierda b)Centro c)Derecha d)Ninguno de los anteriores. Y en una boleta de elección deberían de haber cuatro espacios donde tres de ellos representaran a las corrientes ideológicas de los partidos y la cuarta fuera de la candidatura independiente. Y el financiamiento de los partidos debería estar a cargo de los militantes y simpatizantes a través de una cuenta bancaria única a la vista de propios y extraños. Para los actos de campaña deberían ser capaces de recaudar a través de esa misma cuenta y pagar toda su parafernalia política vía cheque o transferencia y así, a la vista de todos, sabríamos quienes apoyan, con cuanto apoyan y en qué se lo gastan los partidos.

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Para cambiar nuestro entorno político primero debemos cambiar nosotros para después cambiar las estructuras que aglutinan las corrientes y que designan a nuestros representantes pues si a esas vamos, aquellos que nos van a representar no son electos por nosotros sino por el paternalismo de unos partidos que nos dicen “hey, esta es la mejor opción para que te represente así que cáele con tu voto para que seamos mayoría y sigamos designando a los que nos son útiles dentro de un sistema multipartidista”

En ocasiones, cada vez más seguido, me pregunto si nuestra apatía es natural o es producto de nuestra falta de injerencia en las decisiones. Decisiones que nos afectan de manera directa por personas que votamos pero que no decidimos que aparecieran ahí y que por consiguiente su principal lealtad no es para los miles de mexicanos que votaron sino para quien los designó.

Es funcional porque de otra forma sería un caos, pero quizá, si los partidos políticos tomaran en cuenta el trabajo que ha realizado por y para los demás y no para el partido… otro idea tendríamos y quizá, aunque no compartiéramos su ideología, tendrían nuestro respeto y gratitud.