¡¡Hola!!

Muchas veces no nos damos cuenta que convivimos más tiempo con nuestros compañeros de oficina que con la propia familia, y eso es porque la mayor parte del día la pasamos trabajando.

En todas las oficinas las relaciones laborales son diferentes. Si estamos rodeados de un ambiente muy relajado, llegamos a conocer muy bien a las personas con las que trabajamos; llegan a haber días en los que, sin hacerle una pregunta directa a algún compañero, ya sabemos que no anda de buen humor; si de plano anda medio depre, nos percatamos en un dos por tres.

La convivencia se hace más amena cuando todos los empleados tienen un mismo fin, que es sacar adelante el trabajo que haya sido encomendado. Siempre habrá quien tenga ‘mejor puesta la camiseta’ (dícese cuando algún trabajador está al 100% comprometido con la labor que tiene) que otros, así como también siempre existirá el ‘frijol en el arroz’ (la persona que, por más buena onda que sean con ella, siempre anda negativa).

El compañerismo que se da en una oficina es único, no me negarán que cuando se tiene un grupito bien definido para convivir en el trabajo, se comparten desde buenos hasta malos momentos. Primero que todo, los cumpleaños son esenciales: si hay que festejar a alguien se organiza el ir a comprar el desayuno y el pastel más rápido que nada. Si no existe fecha alguna de celebración, se inventa una reunioncita en hora de descanso para comprar Charritos y botanas. Cabe mencionar que estos desayunos y reunioncitas no exceden los 15 ó 20 minutos.

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Cuando algún compañero está pasando por un mal momento, el apoyo inmediato se refleja de cualquier manera.

La mayoría de nosotros hemos tenido diferentes compañeros de trabajo a lo largo de la vida, léase intendentes, veladores, oficinistas, secretarias, choferes, etc. Algunos se quedan para siempre en nuestra memoria, aunque no los frecuentemos a menudo, incluso aunque no los volvamos a ver. Otros pasaron desapercibidos, pero si analizamos bien las cosas, también aprendimos de ellos.

Me vienen a la mente muchos compañeros, personas de edad adulta a las que escuché contar sus anécdotas e historias. Recordar a estas personas cuando entonaban una canción o silbaban mientras ejercían su oficio, me hacían pensar lo felices que eran y que no importaba el lugar o la circunstancia, siempre habría un momento para ser feliz trabajando.

Cuando uno está rodeado de gente positiva en cualquier lado, se refleja claramente. Y en un área de trabajo mucho más. Trabajar es algo que debemos disfrutar al ejercerlo. Nos sentimos bien con nosotros mismos al desempeñarnos en lo que somos competentes y, si es en una atmósfera agradable, qué mejor.

Así que a agradecer diariamente por el trabajo que tenemos y por los compañeros que, para bien o para mal, nos han hecho crecer como personas en el ámbito laboral. Todo, absolutamente todo, es y será siempre un gran aprendizaje.

Les mando un beso.

Nos leemos la próxima semana.