Continuando con nuestro relato de cómo eran los carnavales de antaño, seguiremos con nuestra crónica.
El otro evento importante que se realizaba para estas fiestas, era el carnaval estudiantil del Instituto Campechano, una festividad muy esperada que se inició en los patios de la añeja institución donde era muy tradicional el concurso de disfraces, por lo original de ellos. Este, se venía festejando desde el año de 1941, siendo los primeros soberanos la Srita. Adda Elena Castillo Gahona, “Adda Elena I” y Jorge González Francis, “Jorge I”.
Para el año de 1951, los organizadores del XI Carnaval Estudiantil invitaban al público en general a asistir al baile de coronación a efectuarse en los patios del colegio. El jueves 1 de febrero a partir de la 21 hrs. Los reyes serían la señorita Marbella Ávila Cervera, “Marbella I” y Mario Hurtado Oliver, “Macachí I”, los cuales habían sido “electos por obra y gracia de la simpatía”.
El carnet musical estaría a cargo de la Orquesta Náutico de don Rafael Martínez Martínez. Para los caballeros disfrazados la entrada sería libre. Las mesas tendrían un costo de 10 pesos y los intrasferibles, 8 pesos.
Las crónicas de ese año señalan que la reina hizo su entrada triunfal al recinto al son de la marcha de Aída y los redobles de los tambores de la banda de guerra de la institución.
La nueva reina acompañada de su corte, donde sobresalía su princesa la Srita. María Luisa Sánchez, fue coronada por la reina saliente, la Srita. Vilma Minet, luego ‘Su graciosa Majestad’ coronó a sus princesas y enseguida se leyó la ofrenda lírica dedicada a la nueva reina.
A las 11 de la noche hizo su aparición su horrorísima majestad “Macachi I”, junto con su corte, quien fue coronado por la reina, después leyó su decreto, que era una parte esencial en todas las coronaciones.
Inmediatamente dio paso a las comparsas invitadas, sobresaliendo la del Club Gardenia, encabezada por Graciela Ramos, reina saliente del Carnaval de Campeche. Elvira Tello en su libro: Carnaval Estudiantil. Instituto Campechano, nos relata: “Se presentó un número cómico picaresco y muy original, fue la representación de un Mitin Político, de campaña electoral, los integrantes se vistieron de mestizos “acarreados” del Camino Real (con todo y líderes), traídos para los actos masivos de los partidos políticos, (uno en realidad), los cuales enseñaban los dos pesos que les habían pagado por asistir, así como sus sabucanes llenos de pozole, su misión: gritar y aplaudir al candidato, el grupo estaba conformado por 43 personas y llevaban un cartelón que decía “VIVA NUESTRO OMBRE”. Obviamente despertó las simpatías y el aplauso del público.
Otro grupo destacado señala Elvira Tello fue el del grupo “Bugambilia” que presentó un cuadro colectivo, donde imitaron una boda, con novios, damas, cura y monaguillo, que también encantó al público.
Después se inició el baile al compás de la orquesta, estaba en lo mejor del baile cuando desde la campana que se encuentra en el claustro, se dejó caer un “hombre lobo”, personificado por el hoy conocido, Lic. Manuel Lanz Cárdenas, obviamente asustó a la concurrencia que no se esperaba tal aparición.
También en dicho evento las señoritas Adda Zubieta y Rosario Herrera personificaron a dos de los personajes que salían en el periódico dominical, “Pacho y Ramona”. Así eran los carnavales estudiantiles llenos de ingenio y con una velada crítica a la política local.
Por su parte, el Casino de Campeche, también anunciaba sus fiestas de carnaval para sus asociados. La Embajadora de ese año era “la gentil” señorita Luisa del Carmen Hernández Capetillo.
Las festividades se iniciarían el sábado 3 de febrero denominado “Fantasía y Máscaras” donde la embajadora presentaría su comparsa, así como otras invitadas. El domingo “Traje de calle”, el lunes “Traje regional” y El martes, “Traje de etiqueta o negro”. Los horarios: domingo, lunes y martes habrían Lunches desde la 1 hasta las 6 de la tarde y los bailes: sábado, domingo, lunes y martes a partir de la 22 horas.
Las orquestas sería la de Larry Soon y sus 16 solistas de la Capital de la República y la orquesta de Rafael Martínez y sus marinos del Ritmo. Los Show serían de Dolores Montaño, Ruth Paul y Juan Peña. La venta de instransmisibles a cargo del Lic. Agustín Ortega y la reservación de mesas el Sr. Ramón Espínola. Para ubicar el local del Casino se encontraba frente al Teatro Toro y las crónicas populares cuentan que la gente esperaba en la puerta para ver pasar a los socios, a las damas con sus vestidos elegantes y disfraces, y también para criticarlos.
Los bailes del Casino, eran privados, solo para la clase social de primera de la ciudad. Pero luego, en el sábado de bando, todos salían a divertirse con el pueblo y asistir a todos los demás centros de baile y toldos de la ciudad, que a veces eran más divertidos.
El Carta Clara junior, ubicado en el mero corazón del Cristo Negro, también anunciaba su programa para ese año. El domingo de 1 a 2 de la tarde actuarían “La formidable Orquesta de Eleazar Méndez”, por la noche “extraordinario” baile de Fantasía y Máscara, llamada “Noche Motivosa” con la Orquesta de Eleazar Méndez.
El lunes por la noche “Noche Mexicana”, el carnet musical a cargo de una competente Orquesta Sorpresa. El martes: regio Lunch y por la noche el Baile de Etiqueta con la Orquesta de Fernando Cardeña. El domingo 11, era el Baile de Piñata (quema de Juan Carnaval) con la orquesta Náutico de Rafael Martínez M. (Pachalí).
Se hacía mención de que los bailes comenzaban a las 21horas y el Luch del martes a las 13 horas. Y que la gentil señorita Cristina Vila Zapata participa en representación de este Círculo Social, Carta Clara junior en el concurso de Linda Campechana, organizado por la Casa Arceo, en el Club “Pablo García” del barrio de San Francisco. Las reservaciones se hacían en el teléfono 24-59.
Como podemos ver existía una gama de posibilidades para que la gente asistiera a cualquiera de los Centros Sociales a danzonear, bailar los mambos de moda o cualquier otro ritmo, bailes que concluían en la madrugada.
Cuentan que las reinas asistían a cada uno de los Centros de diversión y cuando estaban en la puerta se anunciaba su llegada con dianas, de inmediato se abría el salón a su paso y de la corte, los cuales hacían su recorrido por todo el salón con dianas y aplausos del respetable, inmediatamente se le preparaba la mejor mesa de pista y los anfitriones colocaban bandejas de sandwichitos de pan de caja y pavo, refrescos y cervezas.
Bailaban una o dos piezas y seguían su recorrido hacia otros salones de baile. En otras ocasiones llegaba alguna comparsa callejera que también eran recibidos con agrado, hacían su número y se retiraban. Mientras que en los ventanales o las puertas la gente se arremolinaba a ver, divertirse y porque no, a criticar sanamente el paso de estas comitivas carnavalescas.
Era una convivencia natural, sin alardes de competencia, era divertirse los cuatro o cinco días que duraban las fiestas. Independientemente que en algunos toldos ubicados en barrios o dentro del recinto amurallado la fiesta continuaba. Este era el carnaval de antaño donde el objetivo de todos, desde el rico o pobre, era divertirse al compás de los acordes musicales de moda.
COORD. LUIS ANGEL RAMOS JUSTO
Luarju@gmail.com
Fotos: Fondo José M. Alcocer Bernés


