Este fin de semana, de quincena, de puente y de Buen Fin, ganó el comercio, pero perdió la salud y la seguridad de muchas familias: cientos, miles de ciudadanos llenaron los comercios, los restaurantes, las calles y las plazas, como si el coronavirus haya sido solamente una larga pesadilla de la cual ya despertamos.
El efecto que querían lograr las autoridades se logró: Una ciudad económicamente viva y dinámica, una ciudad que mueva mercancías, productos, servicios y que no siga perdiendo empleos, aún a costa del peligro que representa.
El argumento es falaz. Ya (casi) todos estamos vacunados y/o adquirieron inmunidad por contagios, por lo tanto no hay razón para seguirse cuidando.
Aunque todo cae en la responsabilidad personal, de qué me sirve cuidarme y cuidar a mi familia y habrá allá afuera irresponsables sin cubrebocas que pueden contagiar incluso a los que sí los usan.
Desde la noche del viernes, durante todo el sábado y domingo, y ayer lunes feriado obligatorio se notó el cambio radical entre una sociedad precavida y una sociedad instigada por sus autoridades para dejar de prevenirse.
La irresponsabilidad promovida desde la Secretaría de Salud nos arriesga a todos, en un momento en que el mundo comienza a padecer la cuarta ola de contagios y comienzan a regresar las restricciones.
Algunas voces afirman que a nuestro país llegará en diciembre o enero… y de ser así, nos agarrará a campechanos con la guardia abajo.
Wilmer Delgado/ Gilberto Ávila.

