Fue una reunión que se debió haber dado desde hace mucho, en la que los miembros del movimiento de Resistencia Civil Campechana plantearon sus demandas a los diputados de la bancada de Morena, pero en la que desgraciadamente reinó arrogancia que llevó a la ausencia del presidente de la Junta de Gobierno y Administración del Congreso del Estado y coordinador de los morenistas, Alejandro Gómez Cazarín.
Ayer, una semana después del puñetazo que una empleada del Congreso propinó a una manifestante, y casi dos meses después de haber comenzado el movimiento de resistencia civil, por fin los diputados recibieron a una comitiva de los manifestantes.
El presidente del Congreso, Alejandro Gómez Cazarín, presumió en sus redes sociales la reunión señalando que él mismo atendía a las personas sin importar el tiempo ni la hora, pero una vez más fue mentira: el líder del Congreso no estuvo presente en el encuentro y desairó a los manifestantes.
Por su parte, el dirigente del movimiento civil, Álvaro Omar Chiquini Cu y un grupo de integrantes de su organización, plantearon a los morenistas sus demandas que han dejado claro desde el principio: alto a los despidos injustificados de los trabajadores de Gobierno, freno al nepotismo, corrupción y tráfico de influencias, alto a traer a gente de fuera a trabajar a la entidad, pues discriminan la inteligencia y el trabajo de los campechanos.
No se llegó a nada, pero al menos hubo diálogo, ese diálogo que debió estar desde el principio y que pudo haber evitado muchos males, ese diálogo al que el dirigente del Congreso se sigue resistiendo.
Wilmer Delgado.