A la crisis del covid-19, hay miles de niños que ahora deben añadir otro problema: el sobrepeso.
Mateo tiene 5 años y padece obesidad. A su corta edad, ya sabe qué es el bullying, al grado de no querer comer porque en el kínder le dicen “Ñoño”. Sin embargo, el encierro por la pandemia de covid-19 le trajo más kilos y su problema de salud se ha exacerbado.
Desde que la pandemia comenzó: se la pasa tumbado en un mueble viendo televisión durante la mayor parte del día, lleva toda la primavera con esa rutina y ya no desea volver a la escuela para no ser blanco de burlas por parte de sus compañeros. Vive en Tampico, Tamaulipas.
Y es que el confinamiento domiciliario lo protege del contagio del virus SARS-CoV-2, pero viene también a acentuar los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo, golpeando a los más vulnerables frente a la ansiedad de comer, los menores del hogar.
La mamá de Mateo dice que el más chico de sus cuatro hijos ha llegado a pesar 35 kilos.
“Me dice el doctor que tiene ansiedad por la comida, él ve comida y se desespera. A veces llora mucho porque quiere seguir comiendo y no lo dejamos”, lamenta.
En México, la obesidad infantil afecta a uno de cada tres niños menores de 11 años, lo que trasladado a Tamaulipas significa un estimado de 44 mil 442 infantes con esta condición de salud.
Para darse una idea de la dimensión que toma esta condición de salud, el estado acumula tres primeros lugares a nivel nacional en obesidad.
Es primero en la clasificación de niñas, adolescentes y jovencitas de 12 a 19 años con este padecimiento y ocupa la tercera posición en cuanto a escolares masculinos de 5 a 11 años.
Es primer lugar en obesidad de hombres mayores de 20 años y también en obesidad abdominal masculina, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición.
Agencias.

