Ante la falta de trabajo, familias desplazas se establecieron en zonas donde, incluso, no hay servicios o escuelas. Foto: Agencia EL UNIVERSAL/ RML
Agencia El Universal
VERACRUZ, Ver. (EL UNIVERSAL).- Hace 20 años, como una de las muchas veracruzanas en el desempleo, Ángela decidió ir a probar suerte al norte del país. Llegó a Ciudad Juárez, Chihuahua, donde formó una familia y un patrimonio, pero abandonó todo y regresó al puerto huyendo de la violencia.
Ahora vende tamales de puerco en una comunidad del municipio de Medellín de Bravo, ubicada a 30 kilómetros al sureste del Puerto de Veracruz. Con nostalgia recuerda la casa que dejó a cargo de un vecino y su empleo en un supermercado.
Fue en 1992, cuando tenía 20 años de edad, que decidió irse a probar suerte junto con su marido y dejar con su abuela a sus tres hijos. Pronto consiguieron trabajo, ella en un supermercado y él en una maquiladora, por lo que decidieron que les enviaran a sus hijos para estar juntos.
Logró que le dieran una casa del Infonavit en una unidad habitacional, que por la violencia se quedó vacía. “Era la Villa Residencial del Real, un lugar que lució poblado, pero que acabó abandonado como pueblo fantasma tras los enfrentamientos”.
En 2010 el gobierno de Veracruz puso en marcha un programa para ayudar a retornar a los veracruzanos radicados en Ciudad Juárez. Foto: Agencia EL UNIVERSAL/ RML
El terror de vivir en Juárez
Durante los 18 años que la familia vivió en Ciudad Juárez les tocó ver cosas “horrendas”, como gente colgada de los puentes y cabezas humanas en la calle, aunque lo que más les impactó fue el asesinato de una pareja.
“Iba mi esposo manejando y vimos que unos muchachos se atravesaron rápido y bajaron a una pareja de novios, a los que les dispararon”, narró la mujer para luego admitir que sólo bajaron la mirada para no verles la cara porque eso hubiera sido su muerte.
“Allá no salíamos y si lo hacíamos era todos juntos. Íbamos a un antro, al parque o al cine, pero todos en bola, solos no”, añadió la mujer luego de indicar que se alejaron de Juárez ante el peligro de que el crimen organizado reclutara a sus dos hijos a la fuerza, como suelen hacerlo en esa ciudad.
Esa familia veracruzana, que pidió mantenerse en el anonimato, son parte de los 160 mil desplazados en México que el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados señala han huido de la violencia en diferentes partes del país.
En 2010 la mujer y su familia decidieron regresar a Veracruz, pero con sus propios medios por miedo a que el gobierno estatal no le permitiera cargar con sus muebles y sus bienes.
Sin embargo, la tranquilidad la pagan por la falta de empleo. “Allá sí hallas trabajo, no ven tu edad ni nada, te dan el trabajo rápido, no como aquí”.
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