Misionero. El padre José Ricardo HernándezTinoco ha dedicado toda una vida a llevar el mensaje de Dios a los rincones de Campeche, así como a ayudar a las personas más necesitadas.
WILMER DELGADO ROJAS
WDELGADO@MULTIMEDIOSCAMPECHE.COM
El padre José Ricardo Hernández Tinoco recientemente fue nombrado vocero de la Diócesis de Campeche, por el Obispo José Francisco González González .
Nació en Durango el 27 de agosto de 1954 y fue ordenado sacerdote el 26 de diciembre de 1986, en Campeche, por don Héctor González Martínez. Pertenece a la Sociedad de Hermanos de Jesús, congregación misionera establecida en esta Diócesis.
El padre Ricardo es el quinto de 13 hermanos. De sus padres aprendió a respetar a Dios y le enseñaron el sagrado deber de ir a misa los domingos porque significa Día del Señor, “el Señor es quien nos da la vida, nos da bendiciones y nos ayuda a superar tantos problemas”.
Cursó su educación básica en el colegio Guadiana, atendido por los religiosos Lasallistas; fue una experiencia ‘bonita’ la que vivió en el colegio en donde le enseñaron catecismo y la preparación para la Primera Comunión. También había deportes, siendo una educación de calidad.
El padre Ricardo recuerda que fue en la primaria cuando le preguntaron que quería ser de grande, él dijo que sacerdote o misionero, por tal respuesta fue requerido para una orientación vocacional. La secundaria la realizó en el aspirantado Lasallista en la ciudad de León, Guanajuato, de la que tiene bellos recuerdos en cuanto a valores, espiritualidad, deportes y las salidas al campo: “Dar catecismo fue extraordinario”.
De ahí pasó al postulantado de los Lasallistas e hizo la preparatoria en el Colegio ‘Ignacio Zaragoza’ en Saltillo Coahuila. Al terminar la preparatoria murió su padre, lo que provocó que saliera de la casa de formación para trabajar y ayudar al sostenimiento de su familia y sus hermanos menores.
Después de trabajar por un tiempo, fue invitado a ingresar a la Sociedad de Hermanos de Jesús; su madre, mujer de gran entereza y espíritu, le animó a buscar la voluntad de Dios.
Recuerda con gran cariño que su madre es un ejemplo de fe porque cuando estaba indeciso y vacilante respecto a su ingreso al convento, le dijo palabras muy sabias: “Hijo, a nadie le falta Dios, nadie se muere de hambre si lucha y usted no se crea tan importante. Vaya y vea cuál es la voluntad de Dios porque si su lugar está en esa congregación, adelante, a dar todo, y si ve que no es su lugar, nada pierde, se regresa a su casa porque siempre está abierta”.
Así entonces, cuando tenía 18 años de edad ingresó en la Sociedad de Hermanos de Jesús el 31 de julio de 1973, que tenía su sede en Puebla de los Ángeles. La congregación luego se trasladó a Picaya, Guerrero.
Como integrante de esta sociedad, realizó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario interdiocesano de Nuestra Señora de los Remedios en Tlalnepantla, Estado de México, en el ISEE, Seminario Conciliar de la Ciudad de México y en el Seminario Arquidiocesano en Mérida, Yucatán.
A principios de 1984, por invitación del X Obispo de Campeche, Monseñor Héctor González Martínez, los ‘Hermanos de Jesús’ se establecen en Lerma, en la casa que perteneció al ex gobernador Eugenio Echeverría Castellot; desde ahí brindaron un fuerte apoyo a la Diócesis. .
El prelado recuerda con grato entusiasmo cómo el Obispo González Martínez vino con todo el entusiasmo a impulsar al Seminario Diocesano Mayor de Campeche y con ese objetivo mandó a varios sacerdotes a estudiar a Roma, y esto provocó que varias parroquias quedaran sin atención. En esa coyuntura pidió apoyo a los Hermanos de Jesús, quienes estaban dispuestos a apoyar al Obispo en un compromiso de ayuda mutua.
A su llegada se les confió el cuidado pastoral de la parroquia de Lerma y la Capilla de San Rafael, además de otros servicios de atención a grupos y movimientos de la Diócesis.
Y, en palabras del propio religioso, se cumplió el compromiso asumido porque llegaron a trabajar duro en Cursillos, Jornadas, Escuela de la Cruz, Liga juvenil, en la curia diocesana, atenciones, movimientos, suplencias a sacerdotes que se enfermaban y ayuda en distintas parroquias que los necesitaban.
Manifestó que desde que llegaron a la Diócesis han apoyado al Seminario Diocesano como maestros. En la actualidad, varios sacerdotes siguen dando clases. Llegaron con mucha emoción y ánimos de servir; asimismo, dijo que Campeche ha sido muy noble con ellos y señaló que han recibido mucho apoyo de la gente a lo largo de los 30 años de estancia en esta ciudad.
Precisó que cuando vivían en Lerma y atendían la Iglesia de San Rafael, se les confió por un tiempo también la Iglesia de Bosques; asimismo, les tocó iniciar el culto en Santa Cecilia, pero en la cancha de basquetbol porque no había iglesia.
A fines de 1986 e inicios del 87, comenzaron a construir su casa en una quinta naranjera que adquirieron en las afueras de la ciudad.
Poco después se empezó a edificar en la zona el fraccionamiento Fidel Velázquez, donde recientemente se construyó la Parroquia de la Encarnación, confiada también a su atención pastoral.
En 1988 hubo cambio de Obispo y Monseñor Carlos Suárez Cázares les pidió que atendieran la Parroquia de San Joaquín, en Palizada, que atravesaba por algunas dificultades. Por más de 10 años, los Hermanos atendieron ese lugar de fe.
Cuando llegó el Obispo Ramón Castro Castro, con gran dinamismo y preocupado por la Diócesis y sus zonas pastorales que por su lejanía no eran atendidas, creó parroquias nuevas y confió a los Hermanos de Jesús la Parroquia de los Ángeles, en la zona de Calakmul, Xpujil, y la parroquia de NuestraSeñora de Guadalupe, en el Ejido Miguel Hidalgo, del municipio de Candelaria.
También comentó que él ha servido en la iglesia de Lerma y de San Rafael, y ha sido enviado a México a la parroquia de San José de Gracia en Iztapalapa. Luego fue enviado a Venezuela y posteriormente a San José de Upala, Costa Rica, como misionero. Apenas el año pasado regresó a México para volver a Campeche.
También fue asistente para el Movimiento Pastoral Familiar por encargo del Obispo Carlos Suárez, donde trabajó mucho para que los grupos de matrimonio llevaran el mensaje a más parejas de casados.
“Campeche es muy cariñoso y ahora el cariño es mutuo”, expresó.
Agregó que el estado tiene muchas cosas interesantes y una fe de tradición, así como otras costumbres que impulsó Héctor González Martínez, como la visita a la sietes casas el Jueves Santo y las posadas.
Dijo que Campeche es un pueblo en marcha y “yo seguiré sirviendo al pueblo de Dios mientras me dé salud, y seguiré en las misiones para atender a los pobres”.
Por último, platicó que escribió un libro con todos los versos que recopiló desde la secundaria y preparatoria, cuyo título es “Versos fugaces en nombre de Dios”.




