Nombre: Paseo General Manuel Rivera.
Ubicación: Entre San Carlos y Santiago.
Inauguración: Septiembre de 1914.
LUIS ÁNGEL RAMOS JUSTO
OFICINA DEL CRONISTA DE LA CIUDAD
Si hablar del Malecón se trata, es indispensable conocer que fueron varios proyectos gubernamentales en el siglo pasado y parte del presente, los que delinearon su configuración actual y le dieron el valor cultural-simbólico que hoy en día tiene.
Primero llamado ‘muelle’, ‘paseo’ y después ‘Malecón’, muy pronto se consolidó como el lugar para la distracción y la convivencia citadina.
La historia de este lugar inició desde 1883, cuando el comerciante y político Salvador Dondé emprendió mejoras en el muelle de la ciudad, un lugar únicamente destinado a la carga y descarga de buques.
Según las fuentes, se reparó la extensión del muelle desde la punta hasta la puerta de la entrada de la ciudad; asimismo, se cubrió toda el aérea con hermosos ladrillos de fierro, quedando a un lado los rieles del tranvía que conduciría las mercancías a los almacenes de la Aduana.
Pero las obras de Dondé también dieron una vista deleitable y sin igual al muelle, convirtiéndolo en un lugar de recreo donde los campechanos se reunían, por las tardes y por las noches, para disfrutar del fresco y distracción ante la inmensa perspectiva del mar. (Periódico Oficial, núm. 12, 8 de Junio de 1883).
Desde entonces y hasta la nueva centuria, se convirtió en el espacio donde los distintos gobiernos campechanos intentaron legitimarse por medio de lo monumental de cada remodelación y ampliación, cada una bautizada con nombres diversos para dejar constancia del gobernante.
En este punto, la historiadora Fausta Gantús refiere que “el Malecón fue ganando importancia como parte de los proyectos prioritarios del poder ejecutivo, hasta transformarse en una especie de símbolo que representa los logros políticos y constituirse así en el espacio donde el poder se concreta”. (Fausta Gantús, El Malecón; espacio simbólico de poder, 2010, pag.183).
En nuestra ciudad, el primer paseo costero fue construido por iniciativa del entonces general y también gobernador Manuel Rivera, e inaugurado en 1914. Abarcaba toda la extensión comprendida entre los baluartes de Santiago y San Carlos.
Según el informe del mandatario, el paseo serviría como un área “para que los campechanos disfrutaran de la brisa refrescante del mar bajo la sombra de las palmeras y del bello aroma de las flores”. Para que fuera una obra sin igual, Rivera mandó a colocar una torre con acabados artísticos donde se ubicó un reloj de cuatro carátulas, comprado a la empresa Diener de la capital del país. (Informe de gobierno de Manuel Rivera, 7 de agosto de 1914).
Hay que recordar que el mandatario era un militar huertista enviado al frente de las fuerzas federales para pacificar la región tras el levantamiento de Manuel Castilla Brito y su batallón ‘Aquiles Serdán’. Es muy posible que, para legitimarse, emprendiera la construcción de un pintoresco paseo en las orillas de mar.
Las siguientes décadas pasaron entre vaivenes de gobiernos revolucionarios y la lucha entre los grupos de poder, entonces fue muy poca la atención que se brindó al paseo marítimo, de hecho, durante el gobierno de Ángel Castillo Lanz se iniciaron los trabajos de construcción del Malecón casi frente al ‘Paseo de los Héroes’, del lado de San Román.
Pero fue en la década de los 30’s, durante el gobierno de Benjamín Romero Esquivel (1931-1935), cuando se construyó el ‘Malecón Justo Sierra Méndez’, edificado en el espacio comprendido entre el Paseo de Manuel Rivera y el Baluarte de San Carlos. Los trabajos iniciaron con el relleno a base de arena y conchas de mar sobre toda la franja costera y un muro de contención; con ello se saneó toda el área que por periodos acumulaba grandes cantidades de lodo y olores insoportables.
Cuenta el poeta Enrique Pino Castilla,que para adornar el sitio se sembraron varios árboles sobre la Calle 8, así como diversos ornatos. Ahí mismo se colocó un obelisco dedicado al ‘Maestro de América’, muy cerca del Baluarte de San Carlos. (Enrique Pino Castilla, Los malecones, 2008, pag.37).
Cuando en 1939 tomó posesión de las riendas del estado el ex gobernador Héctor Pérez Martínez, inició el proyectó para ampliar el paseo marítimo y construir su segunda etapa, que abarcaría la zona de Sotavento, es decir del centro hacia el norte donde se ubica el Barrio de San Román. Este lugar fue inaugurado en 1941 y se le conoció como ‘Malecón Sotavento’.
A diferencia de gobiernos anteriores, Pérez Martínez solicitó el apoyo de los vecinos para la ampliación del paseo, mismos que ayudaron con el acarreo de escombros para el relleno de la costa. Las obras incluyeron mil 200 metros de muro de contención, pavimentación con anchura de 20 metros, tres metros para la banqueta de playa, camellón central y dos carriles de ocho metros cada uno. También contó con alumbrado eléctrico.
Desde ese entonces, se convirtió en la arteria de más importancia y el sitio por excelencia para la distracción citadina. Es muy probable que también aglutinara parte de la actividad mercantil y fuera un paso obligado para los derroteros del Carnaval.
Con la llegada del siguiente gobierno, se contempló la tercera etapa desde la maestranza hasta el barrio de San Francisco, a cargo de Eduardo Lavalle Urbina (1944-1949).
A este tramo se le conoció como ‘Malecón Miguel Alemán’ o Barlovento. Igual que Sotavento, el Malecón estaba conformado por avenida de dos carriles, camellón central y banquetas para la playa. La obra se entregó en 1949.
La siguiente etapa del paseo se conoció como ‘Malecón Adolfo Ruiz Cortines’ nombrado así en honor del primer magistrado de la nación. Del mismo modo, las obras incluyeron la reparación y ampliación de los dos tramos hasta entonces existentes. Se ubicó en el área de relleno sanitario donde se edificó el proyecto gubernamental de Campeche Nuevo.
Pero el pasar del tiempo aunado al crecimiento de la mancha urbana de la ciudad, el Ruiz Cortines se convirtió en un espacio obsoleto y deteriorado, entonces fue necesario un espacio más moderno para la vida citadina. Por ello, se proyectó la ampliación del Malecón que iría del monumento dedicado a Pedro Sáinz de Baranda hasta Palmas.
Fue entonces cuando en 1998, durante el gobierno de José Antonio González Curi, sobre los cimientos del Malecón existente se proyectó edificar uno más moderno que comprendía del Monumento Justo Sierra hasta la actual Dársena, en cuatro etapas. La obra contaría con “estacionamiento en batería, una vía de baja velocidad, tres carriles en dirección al norte y tres en dirección al sur, camellón de seis metros de ancho, banquetas, pista para ejercicios, muro de contención y tres miradores”. (Primer informe de gobierno de Antonio González Curi, 1998).
El objetivo del nuevo Malecón, -según en palabras del propio mandatario-, fue crear un espacio que se convertiría en el eje de la vida social de los campechanos, donde las familias y los jóvenes disfrutarían de momentos de distracción y recreo.
Finalmente, después de un siglo de la visionaria idea de un gobernante para edificar un paseo a las orillas del mar, donde los campechanos pudieran disfrutar del fresco y solaz de la tarde, con varias modificaciones, en la actualidad es el sitio por excelencia para los campechanos.










