Novedoso. Edificado en 1963, el Palacio Legislativo rompió con la arquitectura imperante en el primer cuadro de la ciudad. Siguiendo la experiencia de Brasilia, esta estructura  fue una de las obras más modernas de los 60's (FOTO: Fondo José Manuel Alcocer Bernés)

Novedoso. Edificado en 1963, el Palacio Legislativo rompió con la arquitectura imperante en el primer cuadro de la ciudad. Siguiendo la experiencia de Brasilia, esta estructura fue una de las obras más modernas de los 60’s (FOTO: Fondo José Manuel Alcocer Bernés)

LUIS ANGEL RAMOS JUSTO
OFICINA DEL CRONISTA DE LA CIUDAD

Polémico por su peculiar estructura, el Palacio Legislativo ha permanecido  más de medio siglo en el Corazón de la Ciudad como el recinto donde reside el poder legislativo del estado.

Varias generaciones de campechanos lo han  visto. No es  gratuito que por su peculiar construcción desde el siglo pasado  se le conociera popularmente como el ‘platillo volador’.

Pero no siempre el trabajo legislativo campechano tuvo como sede esta estructura, pues  si hacemos un poco de memoria, sabremos que la primera sede del Poder Legislativo (1961-1968) estuvo ubicada en el antiguo  Palacio Municipal, que formó parte de un conjunto arquitectónico más amplio conocido como el antiguo Palacio de Gobierno.

“Fue en esta sede donde inició la actividad legislativa casi al mismo tiempo de la gestación de Campeche como Estado”. (Emilio Rodríguez, Manón Gómez y Fernando Cab, El Recinto Legislativo de Campeche: entre la tradición y la modernidad, 2012, p. 9).

Tiempo más tarde, la sede del Legislativo se  mudó al edificio que durante el periodo colonial ocupó el antiguo convento de la orden de terceros de San Francisco, en un auditorio especial que  recibió por nombre ‘Hernán Loría Pérez’ de 1869 hasta 1962.

Ahí, rindieron cuentas de la administración estatal gobernadores de la talla de Héctor Pérez Martínez. De hecho, para hacer más cómoda la  estancia de los que ahí se reunían en 1941, el  salón fue restaurado. Finalmente, la actual sede fue inaugurada en 1962.

Pero regresando al tema que nos ocupa, en 1961, el gobernador del estado,  José Ortiz Ávila impulsó como  nunca antes la planificación urbanística de la ciudad, si bien, la  política del gobierno anterior de Alberto Trueba Urbina se basó en ganarle terrenos al mar para  edificar una  ciudad moderna, Ortiz Ávila fue mucho más allá y transformó  la  ciudad capital, que no había cambiado en muchos años.

Basado en la experiencia de Brasilia, donde el urbanista Oscar Niemeyer proyectó la construcción de edificios con rasgos curvilíneos, amplios y firmes, que se consideraron hasta la década de los sesentas como la experiencia de vanguardia para el mundo latinoamericano, Ortiz Ávila tenía clara la idea de construir la sede del Congreso Local similar a los edificios brasileños que ocuparon el Congreso Nacional de ese país.

“Obligado por las circunstancias, y estimando que los Poderes del Estado deben cumplir sus actividades en un lugar que corresponda a las exigencias modernas de funcionalidad, orientación y buen servicio, el gobierno de mi cargo, previa consulta de técnicos y autoridades en la materia, se ha impuesto la tarea de entregar al futuro un edificio que esta levantándose ya frente al cuartel Pedro Baranda y donde laborarán los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial”. (Primer Informe de José Ortiz Ávila, 1961, p.71).

Es importante mencionar que el Palacio Legislativo formó parte del nuevo conjunto de la sede de los poderes estatales, que también albergó al nuevo Palacio de Gobierno en 1963.

Su construcción fue obra de un arquetecto de la capital del país, que muy probablemente estuvo inmerso en las corrientes arquitectónicas de Latinoamérica. En tan solo 120 días, edificó la obra modernista que rompería con el ambiente  colonial de  sus alrededores, pues se ubicó contiguo al baluarte de San Carlos.

“Su estructura fue construida con concreto armado, parecido a ‘una bombonera cuadrada’ compuesto de dos pirámides unidas por la base cuadrada y cuyas aristas del cuerpo han sido  redondeadas para dar la apariencia de continuidad”. (María Elena Torres, Modernidad urbana arquitectónica sustentable: Proyecto del Campeche Nuevo en 1960, 2012, p.111).

Fue hasta el 21 de enero de 1963, durante el gobierno de José Ortiz Avila, cuando  se inauguró el nuevo recinto oficial de los poderes del estado edificado al lado del baluarte de San Carlos.

Las fuentes históricas refieren que para dicho acto se contó con la presencia de nada más que el Presidente de la República Adolfo López Mateos, en ese mismo, acto la XLIV Legislatura del Congreso local declaró al entonces mandatario del país ‘Benefactor del Estado’.

Acerca de las novedosas obras iniciadas por Ortiz Ávila, el mismo Presidente significó que, “Me sorprende gratamente el surgimiento del espíritu cívico y constructor de esta ciudad. He venido a constatar la fructífera tarea desarrollada por el pueblo de Campeche, en conjunción para las autoridades, para dar un salto al tiempo, ganando etapas  perdidas  y ponerse acorde con el ritmo acelerado con que marcha el pueblo de México hacia las conquistas de las metas de la Revolución”.(Adolfo López Mateos citado en Segundo Informe de Gobierno de José Ortiz Ávila, 1963, pp.9 y 10).

Ese día el recinto lució completamente lleno por decenas de campechanos que esperaban admirar, aunque sea de cerca, al mandatario del país en una fecha trascendental para la vida nacional.

Con el pasar de los años, el Palacio Legislativo no cambio en mucho, pues hasta la década de los ochentas el salón de sesiones conservó su aspecto original y también fue  utilizado para la realización de alguno que otro evento relevante para la ciudad.

Posteriormente, en 1988, se construyeron las oficinas anexas al Palacio Legislativo, que servirían para que los empleados del poder legislativo y  los mismos diputados tuvieran sus propias oficinas.

Sin embargo, para no estorbar la majestuosidad de la estructura moderna, fue necesario enterrar las oficinas legislativas.

En ese mismo año, el entonces gobernador Abelardo Carrillo Zavala develó la estatua de Pablo García y Montilla en la plazuela que actualmente se ubica frente a las oficinas administrativas.