Íconica. La actual construcción que conocemos hoy en día como Catedral fue el resultado de varios hombres de Dios, que emprendieron mejoras para hacer de la Iglesia una de las más bellas de toda la Península.

Íconica. La actual construcción que conocemos hoy en día como Catedral fue el resultado de varios hombres de Dios, que emprendieron mejoras para hacer de la Iglesia una de las más bellas de toda la Península.

JOSÉ ARTURO CHAB CÁRDENAS
CENTRO INAH

En este mes, se conmemora uno de los hechos históricos más importantes de la fe católica; la Consagración de la nueva Parroquia Principal de Campeche”, una de las distinciones más  importantes que recibió la entonces Villa de San Francisco de Campeche en el siglo XVIII.

Desde la fundación de la ciudad y con el pasar de los años, la Villa fue adquiriendo mayor importancia, debido a su puerto, uno de los más prominentes en todo el virreinato. Gracias a la bonaza económica fruto de su actividad comercial, la ciudad portuaria pronto comenzó a embellecer sus principales  edificios públicos, administrativos y religiosos; siendo uno de los más intervenidos, la Iglesia Principal de estilo templo-fortaleza que contaba con reliquias sagradas  labradas en plata y oro, necesarios para el culto divino, que fueron saqueados por William Parker, cuando el pirata amagó el templo en 1597.

En el siglo XVII, el templo entonces ubicado cerca de la Plaza Principal, dejó de ser útil ante el crecimiento de la urbe. En una carta del Gobernador de Yucatán, Don Francisco José de Escobedo al Virrey de la Nueva España fechada el 4 de marzo de 1671, se señalaba que dicha capilla ya no cumplía sus funciones con que fue proyectada, convirtiéndose en un estorbo que ponía en riesgo la protección de la villa; situación que se vio reflejada con el ataque del Filibustero Edward Mansvelt el 9 de febrero de 1663. El pirata holandés logró entrar a la villa y abriendo fuego desde la parroquia hacia la fuerza principal.( Héctor Pérez Martínez, Piraterías en Campeche, 1937, p. 38).

“Importante fue el impacto que tuvo su incapacidad para cumplir con sus actividades más inmediatas y sustantivas: el púlpito y el confesionario. Los clérigos seculares tropezaban una y otra vez con la triste realidad de su inadecuada infraestructura para la atención de las almas: iglesias en ruinas, semiderruidas o semiconstruidas, carencia de artículos para la celebración de la misa y personal escaso, constituían la tónica imperante. Su iglesia parroquial, dedicada a la Inmaculada Concepción, no era la excepción. Construida durante la segunda mitad del siglo XVI, era tan pequeña que para las fiestas y celebraciones especiales muchos de sus feligreses tenían que escuchar los oficios divinos de pie en el cementerio anexo” (Adriana Rocher Salas, La Portada de la Catedral de Campeche, 2013, pp. 24 y 25).

En el plano de la plaza de Campeche, fechado en 1608 y signado por el Gobernador de Yucatán, Carlos Luna y Arellano y el Exmo. Obispo Don Diego Vázquez de Mercado, se observa la “Iglesia Mayor” con techo de dos aguas y una torre al frente, muy similar a la representación que hace en  1680 de Don Martín de la Torre, sin embargo, en este último plano la parroquia se señala como “Yglesia Caida” y el Templo del Dulce Nombre de Jesús (El Jesús) como “La Yglesia Cathedral”, debido a que años antes, en  1645 la antigua iglesia parroquial, presentaba un mal estado, por lo que el techo se derrumbó, motivo por el cual se tuvo que trasladar el sagrario y los servicios parroquiales al Templo del Dulce Nombre de Jesús, mientras la autoridad seglar resolvía la construcción de un nuevo edificio, proponiéndose un nuevo lugar. (Francisco Álvarez Suárez, Anales Históricos de Campeche, 1991, p. 448).

El nuevo sitio, para levantar la nueva parroquia cumpliría al igual que la nave caída con las ordenanzas de ‘descubrimientos, nueva población y pacificación de las indias’ dictadas por Felipe II, el 13 de julio de 1573 y promulgadas en el Bosque de Segovia,  que establecían:

“Art. 120.- Para el templo de la iglesia mayor, parroquia o monasterio, se señalen  los primeros después de las plazas y valles y sean en isla entera de manera que ningún otro edificio se le arrime, sino el perteneciente a su comunidad y ornato. Art. 121.- Para el templo de la iglesia mayor, siendo la  población en costa, se edifique en parte que en saliendo de la mar se vea y su fábrica que en parte sea como defensa del mismo puerto. Art. 125.- El templo en los lugares mediterráneos… hace procurar que sea algo elevado del suelo, de manera que haya de entrar en el por gradas y cerca de él entre la plaza mayor, y que se edifiquen las casas reales y el consejo y cabido, aduana. (Maria Milagros Del Vas Mingo, Las Ordenanzas de 1573, sus antecedentes y consecuencias, 1985 pp. 84-86).

A juzgar por el cronista franciscano, Diego López de Cogolludo “tenía hasta pocos años dos curas beneficiados proveídos en concurso y presentados según el real patronato, ya no hay más de uno, que también tiene título de vicario dado por el Obispo. Administra a españoles, mestizos, mulatos, negros, indios naborios… por ser tan corta, se comenzó a fabricar otra muy capaz y aunque se hizo gran parte de ella, ha muchos años que cesó la obra, por no haber rentas particulares para su fábrica, y cada día ser mayor la pobreza que hay en todo Yucatán.” ( Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán, 1975, pp. 355 y 356).

En el plano de la ciudad de Campeche de 1663, atribuido a Don Juan Francisco de Esquivel, se ubicaba a la Plaza con la Parroquia cercana al mar y en él se observa lo que al parecer son los cimientos de la nueva parroquia, ya ubicadas en el lugar en el cual se encuentra la actual Catedral de Campeche. Para 1690, en nuevos planos atribuidos al ingeniero militar Jaime Frank, ya se encontraba demolida la antigua iglesia y se señala como “Iglesia Comenzada” una nueva construcción ubicada del lado poniente.

LA NUEVA PARROQUIA

Sería entonces la nueva parroquia la que vendrá ser nuevo edificio levantado exprofeso para Parroquia de Campeche, sobre una plataforma de entre 1.20 a 1.30 de alto en la cual se accedía por medio de escalinatas y que fue proyectada con cúpula con albortantes, capillas y altares laterales, catacumbas y una fachada con posible crestería donde pendían sus campanas que casi dos siglos después  acogería la sagrada mitra del obispado.

“La obra estuvo paralizada por falta de recursos, hasta que habiendo la rica propietaria, doña Margarita Guerra, destinando parte de sus grandes riquezas al fomento del culto, se mandó continuar, terminándose en los primeros años del siglo XVIII.” (Francisco Álvarez, Anales Históricos de Campeche, 1991, p. 449)

Entonces la nueva Parroquia sustituyó a la iglesia principal que ya estaba en ruinas y que había sido erigida conmemorando los 14 años de haber sido otorgada la autorización de Carlos V para conquistar y poblar Yucatán, en cumplimiento del “Auto de Fundación” de Francisco de Montejo, -El Mozo-, construcción  de cal y canto y bajo la advocación de  Nuestra Señora de la Concepción en la que oficiara misa el 6 de enero de 1546, el Obispo Fray Bartolomé de las Casas.

Para 1705, en el plano del ingeniero francés don Luis Bouchard de Becour, sobre el estado que guardaba la ciudad ya se ve plasmada la “iglesia mayor de Campeche” con un amplio atrio que la rodeaba y pudiera corresponder a un enverjado, este templo no contaba con torres sino con una espadaña central donde pendían las campanas.

Terminadas las obras de la nueva parroquia a inicios del año 1705, se solicitó al H. Cabildo Catedralicio con sede en la Catedral de San Idelfonso de la Ciudad de Merida, la bendición de la culminación de obras de construcción, programándose visita episcopal del Obispo de Yucatán, Fray Pedro Reyes Ríos de la Madrid, quien bendijo el nuevo edificio el 14 de junio de dicho año.

Dicha construcción se encontraría en el lugar donde actualmente se encuentra la Catedral y aunque era más pequeña, pues su longitud apenas alcanzaba hasta el bautisterio y carecía de las torres que adornan su fechada, era de buena arquitectura y hermosa perspectiva. (José García Preciat, La Catedral de Campeche, 1940).

Sobre este hecho existe hasta la actualidad en la sacristía mayor de la Catedral, un nicho sacado del espesor del muro, en el cual se encuentra una lápida de mármol con letras doradas que actualmente dice: “El día 14 de julio de 1705 el I. y B. Sr. Fr. Pedro Reyes de los Ríos Obispo de estos Reynos, bendijo esta iglesia y revestido de Pontificial anduvo la procesión con los zapatos que están depositados aquí”.

En esta lápida, encontramos una valiosa información sobre el rito de bendición y dedicación del templo, puesto en él quedó plasmado la fusión de dos  tradiciones bajo un complejo ritual de la dedicación, al estilo pontificio muy apegado a lo establecido en el  “Caeremoniale episcoporum” que mediante bula de Clemente VIII en 1600 pasó a ser libro oficial de la Iglesia.

En ese entonces, Fray Pedro de los Ríos revestido con la mayor solemnidad y el templo con el mayor lucimiento con que la villa pudo contar, realizó el “in perpetuum” la bendición del templo, en tres actos: la bendición del templo, su dedicación y la consagración del altar.

El ritual recogido por diversos estudiosos, señala que el perímetro exterior del templo había sido asperjado tres veces con agua bendita, “en estos momentos el prelado rociará con el agua gregoriana el interior, empezando por la base de los muros en la primera vuelta y aumentando la altura en las dos siguientes” Pascual Gallart Pineda, El Ritual de la Dedicación de la Iglesia en los Pontificales Medievales, 2013).

 La triple aspersión del edificio rememoraba las tres inmersiones del catecúmeno en la piscina bautismal. Así pues, el rito constituiría el bautismo tanto de la iglesia como del altar, lo que permitiría establecer un paralelismo entre la iglesia-edificio, que es asperjada con agua la convertiría apta para el culto, frente a la Iglesia-comunidad que es bautizada para entrar a formar parte de la familia cristiana.

Para 1751, en el plano del presidio de Campeche, elaborado por don Juan de Villa Juana, la parroquia contaba con una anexidad ubicada en la espalda del templo y que podría ser una primera casa cural y que abraza las capillas laterales.

 Fue hasta en los años de 1754 a 1758 cuando el Presbítero Manuel José de Nájera inició el último proyecto de ampliación del templo hasta la extensión que ahora tiene, ya con la torre de norte conocida como ‘La Española’. Más tarde en 1845, el Presbítero Gregorio Jiménez  construyó el altar mayor y su ciprés de madera pintado en color blanco que fue retirado a mediados del siglo XX, ante el gran deterioro que presentada y fue remplazado por el nuevo altar mayor construido con mármol rosa y gris traído de la Ciudad de Puebla bajo el encargo del Obispo Alberto Mendoza y Bedolla.

En el año de 1849 a 1850 se mandó a construir la torre sur, denominada como ‘La campechana’, dándole la fisionomía que actualmente conserva. El  8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX en la Plaza de San Pedro, proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción y se refrendó el patronazgo de la Inmaculada como patrona de la hoy Catedral, preparándose una fastuosa celebración realizada 15 de julio de 1855, en el cual se habilitó un carruaje tirado por caballos para pasear intramuros de la ciudad a la sagrada imagen que hoy es patrona de la catedral.

OBRAS MODERNAS

Con motivo  del Concilio Vaticano II, Mendoza y Bedolla inauguró las obras y bendijo el “mejoramiento de la Catedral” destacando el hermoso retablo central que fue llamado “Retablo de los Santos”; las sillas del “Cabildo Catedralicio” con sus respaldos y bancas; la “Sede Parroquial”; la “Sede Episcopal”, el “Comulgatorio de los fieles” o  “Reclinatorio”; y otras mejoras al Interior del Templo. La obra fue bendecida el 11 de enero de 1953 por el VIII Obispo.

En el año 2011, se inició un importante proyecto de recuperación del patrimonio histórico de la Diócesis y se logró la recuperación de espacios importantes como el Jardín de la Meditación, la consolidación del Museo de Arte Sacro en la Capilla de Jesús Nazareno, el Santo Entierro y la Virgen de la Leche.

Finalmente, la consagración de la Catedral más allá de un hecho religioso, nos permite conocer una importante distinción que que forjó una gran ciudad, hoy llamada San Francisco de Campeche,  Patrimonio Cultural de la Humanidad.