El presidente francés Emmanuel Macron pidió el domingo una evaluación de posibles medidas de seguridad contra protestas, un día después de que una manifestación en París contra el aumento de los impuestos y el costo de la vida se convirtió en el peor disturbio en Francia en una década.

Horas después de que regresó a la capital francesa proveniente de la cumbre del G20 en Argentina, Macron sostuvo una reunión de emergencia en el Palacio del Elíseo mientras los equipos trabajaban para retirar automóviles quemados, vidrios rotos y grafitis de la famosa avenida de los Campos Elíseos y de otros destacados sitios de París.

Un total de 133 personas resultaron lesionadas, incluidos 23 agentes, luego de que muchedumbres causaron destrozos en varias calles de la capital el sábado, informó la policía parisina. Las autoridades lanzaron gases lacrimógenos y utilizaron cañones de agua para aplacar la violencia mientras los manifestantes quemaban automóviles, rompían ventanas, saqueaban tiendas y esparcían pintura en aerosol sobre el Arco del Triunfo.

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Algunos elementos policiales describieron haberse topado con una violencia “sin precedentes”, incluidos manifestantes que usaron martillos, herramientas de jardinería, tornillos, latas de aerosol y piedras en enfrentamientos físicos, dijo el prefecto Michel Delpuech, de la policía de París.

Algunos activistas de extrema derecha e izquierda estuvieron involucrados en los disturbios, así como un “gran número” de manifestantes que vestían chalecos, agregó Delpuech.

Los chalecos color amarillo fosforescente, que los automovilistas franceses deben traer en sus autos para emergencias, son un emblema de un movimiento de ciudadanos que protesta contra el aumento de los impuestos al combustible.

Se desataron incendios en seis edificios y más de 130 barricadas improvisadas y 112 vehículos fueron quemados, dijo Delpuech.

Remy Heitz, fiscal de París, señaló que 378 personas seguían detenidas para el domingo por la noche, de las cuales 33 eran menores de edad.

Agencias.