
La determinación y capacidad negociadora de las secretarías de Educación Pública y de Gobernación, así como el incuestionable apoyo de los gobiernos estatales, permitieron después de largos y difíciles procesos de conciliación, que la Reforma Educativa permee más convencidamente aceptada por el magisterio. A este respecto cabe destacar el apoyo de los maestros campechanos, logrando así ser el primer estado en levantar la bandera blanca del Servicio Profesional Docente.
Ante la amenaza de que el rechazo, aunque minoritario de un sector del magisterio, cundiera por toda la geografía nacional, la cordura y sensatez prevaleció por encima de esas radicales posiciones de a todo negarse y poco o nada proponer a cambio.
Un México inmerso en el mundo de una modernidad que sin detenerse transforma el acontecer social, no puede ignorar la necesidad de adaptarse a ese proceso que ha hecho de la calidad su más exigente carta de presentación.
Con sus luces y sombras no sería justo negar en esta cruzada reformista la existencia de bases que soportan esa gigantesca estructura educativa ahora poco funcional en un siglo cuyo vertiginoso acontecer descubre preocupantes fisuras en un sistema educativo al que las consecuencias del tiempo y falta de mantenimiento adecuado provocaron fallas, principalmente en sus resultados de calidad.
De ahí la obligada tarea de no olvidar y valorar el pasado para conocer a ciencia cierta la realidad. No se parte de cero en el proceso de modernización de este sistema vasto y complejo, con cerca de 30 millones de alumnos atendidos en todos sus subsistemas. No han sido nunca iguales los resultados educativos en las entidades del norte, centro y sur-sureste. Méxicos distintos con problemáticas propias, merecen ser compendiados en un todo que permita, con esa información, contar con los elementos necesarios para apoyar los postulados de una Reforma que la educación mexicana no puede, por más tiempo, retrasar.
Con Emilio Chuayffet, en sus inicios, e inmediatamente después con Arturo Nuño, la posición de la SEP, con los matices propios de la personalidad de cada uno de los titulares, fue siempre la misma: ni un paso atrás respecto a los postulados fundamentales de la Reforma. Chuayffet puso las bases para armar ese propósito presidencial que de consolidarse, como ahora se ve posible, habrá de fortalecer los dos últimos años de la presente administración por la trascendental importancia que representa.
A Nuño le correspondió, tal vez, la parte más difícil de ese proceso. El abierto y desafiante rechazo de la CNTE a las disposiciones de la Reforma, significativamente a los procesos de evaluación, marcó un abismo al parecer insalvable en el largo y difícil proceso de búsqueda de acuerdos.
La beligerancia de los maestros de la Coordinadora Nacional de la Educación, cuyos liderazgos veían amenazadas las canonjías que por mucho tiempo les habían permitido entronizarse en las entidades donde constituían mayoría, en casi señores feudales, desbordó en muchas ocasiones los límites de lo permisible en su afectación a los intereses de terceros. Sus continuas marchas, bloqueos, tomas de casetas en autopistas, afectaciones a oficinas públicas, mostraban un radicalismo cada vez mayor y preocupante; si a esto se agregaba el control que en esos días mostraban los maestros opositores en los estados de Chiapas, Guerrero, Michoacán y Oaxaca, las expectativas para superar esas diferencias parecían cada vez disminuir más.
La realidad era otra. El trabajo de las autoridades educativas, tanto a nivel central como en todas y cada una de las entidades del país, de una bien llevada campaña de sensibilización al magisterio, impidió que ese belicoso rechazo de la CNTE a la Reforma tuviera eco en un magisterio mayoritario y marcadamente receptor de ese propósito reformista de buscar, y lograr, una educación de calidad.
Fue una tarea conjunta, planeada, sistemática, con amplia cobertura de información. Quienes han seguido paso a paso este proceso, han coincidido en que muchos de los problemas de la no aceptación inicial a la Reforma Educativa pudieron haberse evitado, si antes, no después, hubiera existido ese acercamiento previo a los maestros. Escucharlos en foros abiertos, junto a los padres de familia y la opinión de la sociedad al respecto. Para nadie era un secreto la problemática tan difícil del sector educativo. Las exigencias cada vez menos posibles de cumplir del mercado laboral, respecto al tipo de profesional que egresaba de los planteles educativos, hacía obvio que algo no funcionaba bien en su formación. La calidad, emblema de los nuevos tiempos era desafortunadamente el talón de Aquiles de la educación mexicana.
Nada fue fortuito, habría que insistir. A la tarea emprendida por la SEP y la SEGOB; al invaluable apoyo de las autoridades estatales; no puede ignorarse la callada pero diaria tarea de sensibilización que en todo el territorio nacional llevó, y continúa realizando el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, SNTE, a través de sus secciones sindicales. No era fácil para ellos esta labor, ya que marcaban con claridad sus diferencias con la CNTE, aquella, rechazaba la Reforma Educativa; el SNTE la aceptaba y apoyaba. Este fue en esos cruciales momentos, importante. Se sumaban así al compromiso del Presidente Peña Nieto de modernizar la educación, elevar la calidad de sus resultados con maestros mejor capacitados y alumnos mejor preparados y más competitivos.
El esfuerzo de esas muchas partes que desde el principio creyeron en la importancia de la Reforma Educativa para la construcción de un mejor México, ha valido la pena. El reconocimiento a sus postulados, el compromiso de superación académica del magisterio nacional, el que las clases en las escuelas de todo México se hayan regularizado en beneficio de millones de niños y jóvenes, el apoyo de los padres de familia, la nueva y respetuosa relación entre las autoridades educativas y las dirigencias sindicales, alienta a la consecución de metas que a todos benefician.
El nuevo modelo educativo mexicano debe ser un producto consensado de lo que a mediano y largo plazos se pretende llevar a cabo. Los procesos educativos no son decisiones milagrosas que en un abrir y cerrar de ojos resuelvan crisis de muchos años con increíbles resultados satisfactorios que respondan a demandas que antes parecían imposibles de satisfacer. No, los procesos son lentos, difíciles, decepcionantes a veces. Requieren de talento y disciplina, pero sobre todo, de un responsable trabajo de equipo. La tarea apenas comienza.
