Los estilos de juego marcan época y nunca se olvidan y eso es precisamente lo que Josep Guardiola, aunado a la extraordinaria camada de jugadores españoles de los últimos tiempos, le dejan al mundo del futbol mundial.
Y puede que, como se ha visto en los últimos meses, ese estilo, el que llaman ‘tiqui-taca’, se encuentre por llegar a su fin. Es cierto, España avanzó a la final de la Copa FIFA Confederaciones y muy seguramente podrá ganarle a Brasil, pero al igual que al Futbol Club Barcelona parece que los equipos comienzan a tomarle la medida y los italianos ayer por momentos fueron superiores y mucho.
De cualquier forma, estando o no equivocado, la filosofía de un personaje, al que en su momento tuve el gusto de entrevistar, ha marcado una etapa gloriosa, épica e inolvidable. Y lo mejor de todo, el Pep buscará reinventarse y por qué no, marcar otro estilo de juego, en un futbol que anda de moda y que sueña con imponer un sistema como lo hizo el Barcelona.
Pero para entenderlo hay que conocer un poco de él, y a nivel personal esto es lo que sé del catalán Pep Guardiola.
Tenía siete años, pero ese 20 de mayo del 92 fue el día que conocí, al menos por televisión, a uno de los mejores mediocampistas que he podido ver en mi vida. No recuerdo la televisora, pero Wembley, un estadio que pese a mi edad ya identificaba como uno de los templos sagrados de este juego, lucía a tope… era la final de la Champions, la que ganó el Barza con un golazo de Ronald Koeman.
Pero la anécdota va más allá del partido. En los noventas no había ni Facebook, Twitter, Internet era un experimento y lo que quisieras saber de tu equipo o deporte lo tenías que consultar en el televisor o en los almanaques. Por suerte ya existía la televisión por cable y esa noche, ese canal que no logro recordar, presentó un programa especial del Barza campeón.
Allí descubrí cómo Guardiola controló los nervios previo al partido. En la banca del estadio, Bella del señor, la famosa novela de Albert Cohen, era hojeada por uno de sus jugadores blaugranas: Pep.
Guardiola leía esta historia mientras sus compañeros jugueteaban con un balón, sacaban lustre a sus botas o se perseguían arrojándose toallas mojadas, esas cosas que suceden normalmente en los vestidores y que, ese día, contrastaban violentamente con el medio centro que leía absorto porque había tenido el presentimiento de que, si terminaba esa novela antes del partido, ganarían la copa.
Y Guardiola terminó a tiempo las 624 páginas de Bella del señor y, como por arte de magia, el Barza ganó la Champions… Escuchar esa historia me movió. A partir de entonces emprendí en el sueño de conocer toda su carrera como futbolista y el sueño de conocerlo en persona.
Guardiola, para muchos el mejor entrenador que se ha visto en los últimos 10 años, llegó a La Masía –la cantera del Barcelona– en 1984, procedente del equipo de su pueblo y lo hizo para convertirse primero en un jugador de Primera, luego en un crack y ahora una leyenda.
El español ganó todo como jugador y luego siguió los pasos de su maestro, Johan Cruyff, como entrenador. El holandés con los blaugranas inventó un estilo de juego inexplicable para muchos, pero que enamoraba a todos… hasta los del Madrid.
El Noi de Santpedor –Noi es chico en catalán– jugó 11 años con el Barza y cuando su carrera llegaba a su fin decidió, precedido por la amistad que tenía con Juan Manuel Lillo, llegar al futbol mexicano, para enfundarse en la playera de los Dorados de Sinaloa.
Uno, seguidor de ese tipo de jugadores, agradeció el esfuerzo de los Dorados y esa era la oportunidad de oro para conocerlo y aún mejor, al estar en medios, ¡entrevistarlo!
“Sueño con ganarlo todo como entrenador del Barza, como ya lo hice como jugador”, contó tras afirmar que luego de esa temporada dejaría Dorados, terminaría sus estudios como entrenador y tomaría a un equipo de la cantera del Barcelona.
Aquella tarde, en una charla de 15 minutos, pude conocer mejor a una agradable persona. Siempre bromista, en especial con su compañero de cuarto, el uruguayo Sebastián Abreu, pero serio, muuuy serio al hablar de futbol.
Adelantó, sin dar nombre, que el Barza tenía una cantera que podría revolucionar el juego, al tiempo que destacó que el futbol mexicano tiene nivel y podría crecer, pero que el sistema de competencia era una “porquería”…
Dorados, pese a tener un buen torneo descendió y Pep se fue tirando y criticando el sistema de la Primera División. Ese año los de Sinaloa merecían quedarse un año más en Primera.
La de Guardiola es una historia de fidelidad inquebrantable a una camiseta y a un estilo de juego, es esa historia arquetípica del hombre que con empeño y humildad consigue comerse al mundo… y ahora buscará comerse al futbol alemán.




