Licenciado en Filosofía, maestro en Sociología y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Iberoamericana. Tiene estudios de comunicación en el Iteso (Guadalajara, Jalisco) y de Desarrollo Institucional en el Inodep (París, Francia). Ha publicado una quincena de libros sobre temas relacionados con la educación y el análisis económico, político y social.
El Instituto Nacional Electoral (INE), a solicitud del PRD, el pasado siete de septiembre, organizó las elecciones internas para elegir a los integrantes del Consejo Nacional (320), Congreso Nacional (1,200), consejeros estatales (3,450) y municipales (25,770), en el proceso participaron 80,348 candidatos que se diputaron 30,740 cargos.
La elección resultó tersa, algo excepcional en el PRD, y mostró cuál es el verdadero peso político de las distintas corrientes del partido. Así, el bloque que encabeza Nueva Izquierda (NI), en el que también participan Alternativa Democrática Nacional (ADN), Foro Nuevo Sol (FNS) y Movimiento Equidad Social (MESI), se hicieron del 71% de los sitios del Consejo Nacional.
El sector opositor encabezado por Izquierda Democrática Nacional (IDN) y en el que también participan Patria Digna (PD), Coalición de Izquierda (CI) y Movimiento Progresista (MP), tendencias más cercanas a López Obrador, obtuvieron el 29% de los lugares. En la recta final esta coalición tuvo fracturas y se debilitó aún más.
Así se llegó a la elección, el pasado cinco de octubre, del presidente, el secretario del partido y los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional (CEN). La presidencia la obtuvo Carlos Navarrete, integrante de NI, y Héctor Bautista, el líder de ADN, la secretaría general. De las 25 carteras del CEN, 18 quedaron en manos de la alianza ganadora y las otras siete pasaron a la alianza perdedora.
A mediano plazo, la existencia de una mayoría calificada puede dar mayor estabilidad al partido y evitar los enfrentamientos que lo han caracterizado. La separación de López Obrador, que se llevó a los populistas identificados con el nacionalismo revolucionario del PRI, va a permitir que el PRD viva una etapa de mayor tranquilidad.
En el corto plazo, la crítica de los sectores perdedores va a continuar. El lamentable y vergonzoso caso del alcalde de Iguala, error claro de la anterior dirigencia del PRD, da pié a la crítica e incluso la solicitud de renuncia de la actual dirigencia, legítimamente elegida, por parte de Cuauhtémoc Cárdenas. Esa solicitud no va a prosperar. La actual dirigencia debe recoger las críticas, muchas de ellas ciertas, y actuar en consecuencia.
Ya aunque en esta coyuntura es incorrecto decirlo coincido con Roger Bartra cuando afirma que “el panorama político de la izquierda da un vuelco importante, al consolidarse el PRD con un perfil de izquierda reformista más claro, y dotado de una poderosa maquinaria electoral. Los grupos populistas que soñaron con desbancar a los reformistas para eventualmente apoyar desde el PRD en el 2018 a López Obrador como candidato a la presidencia han sufrido un importante tropiezo. Ahora el PRD se enfrenta a las elecciones intermedias del 2015 con un nuevo aliento”.




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