Editorial
Columna invitada
Ricardo Rodríguez Dives
Consultor en Turismo y Competitividad Económica
@rrdives

El negocio de la Cultura

Voces, Jueves 11 julio, 2013 a las 11:18 am

Poco valorada, la cultura es el factor que determina, regula y moldea la conducta humana, plasma en nosotros un elemento de identidad y determina patrones sociales y costumbres heredadas. Campeche y la cultura tienen una relación muy íntima. Nuestra población, sin proponérselo, gira en torno a ella generación tras generación.

Somos un lugar donde las manifestaciones culturales son naturales a los nacidos en esta noble tierra. Es común entre nuestra gente las expresiones extraordinarias de talento artístico, bailar, cantar, pintar, escribir, tocar un instrumento musical, actuar, diseñar, tomar fotografías, modelar y muchas actividades más, son parte de la cotidianidad de ser campechanos.

Tal es la importancia que somos de las pocas entidades en México que cuenta con una Secretaría de Cultura, con manejo presupuestal para estimular las actividades culturales del estado. Sin embargo, a pesar de ser un lugar pródigo en herencia cultural, no generamos acciones para capitalizar este patrimonio en beneficios económicos para la población. Se necesita la profesionalización de los artistas e intelectuales para que éstos puedan vivir de su creación, así como para hacer que Campeche se posicione como un verdadero destino cultural donde las salas de arte, museos, teatros y otros espacios culturales atraigan a los visitantes y produzcan una mayor derrama económica.

¿Pero acaso la cultura y la economía pueden conversar en la misma mesa?

Definitivamente sí, cabe destacar que en las sociedades capitalistas modernas existe una industria cultural, con un mercado donde se ofrecen bienes culturales sujetos a las leyes de la oferta y la demanda de la economía.

Entonces es pertinente cuestionarnos las razones por las qué si contamos con gente talentosa, éstas no han alcanzado a colocar productos culturales en los mercados donde podrían ser consumidos. Por ejemplo, tenemos excepcionales escritores de distintos géneros literarios. Pero ¿cuántos de ellos han publicado un libro? Me refiero a un libro que no sea editado por las colecciones que difunde el Gobierno ni como una recapitulación que justifica un programa o taller. Estamos hablando de que estos autores sean contratados por importantes casas editoriales y tengan manera de vivir de sus regalías, vendiendo sus obras en las librerías del país, bueno, aunque sea en Sanborns. Estoy convencido que tenemos valiosos intelectuales que dejarían con la boca abierta a cualquier crítico literario, así como fascinados a los lectores que aprecian de un buen libro y que consumen ese “producto” en cantidades industriales. ¿Por qué no pensar que un campechano es capaz de presentar su obra y firmar autógrafos en una Feria Internacional del Libro? ¿Por qué no atrevernos a imaginar que el próximo Octavio Paz ya nació y es campechano?

En las artes plásticas nos enorgullece hablar de la obra del campechano Joaquín Clausell, pero poco reconocemos que tenemos pintores extraordinarios que lo único que necesitan es una oportunidad para demostrar su capacidad y talento, que podrían ser pilares de nuevas corrientes creativas e inundar las galerías con su arte. Respetuosamente considero que contamos con artistas que hoy harían sonreír al mismo Clausell, Frida o Rivera.

Qué delicia sería escuchar que una obra de un talento campechano fuera subastada en Sotheby’s o expuesta en el MET de Nueva York.

Cuántas talentosas bailarinas egresadas de las academias de danza podrían sobresalir, como lo hemos visto ya con el caso de la joven campechana que destacó en un “reality show” en televisión nacional. Imaginen a estas jóvenes haciendo audiciones para ser primera bailarina en el ballet Bolshoi o en las compañías de danza de Londres o Viena.

El talento campechano tiene calidad de exportación, pero este necesita ser impulsado, no podemos seguir levantando murallas para atraparlos y limitar sus alcances bajo la subsidiaridad de cómodas becas artísticas para consumirlos localmente en exposiciones, puestas en escena, colecciones de libros y otras formas de difusión que pocas veces son apreciadas por alguien más que nosotros mismos, eso, si bien nos llegamos a enterar de que existen.

Debemos impulsar la cultura, generar los espacios para el arte, darle valor y hacerla producir. Necesitamos que nuestros artistas difundan su obra fuera de Campeche y procurarles su contacto con el mercado que valora y consume productos dentro de la industria de la cultura.

Invertir en ello siempre será una opción redituable ya que genera un factor de identidad y le da a nuestro estado una manera de competir con productos diferenciados y un capital no convencional. Contamos con los talentos, que son los insumos, tenemos la infraestructura e incluso recursos financieros para planificar el desarrollo de la cultura como un negocio potencial generador de riqueza.

Quizá ya sea tiempo de cambiar nuestra visión de las expresiones artísticas y culturales de Campeche y enfocarlas también al plano de la economía, bueno, aunque nunca falten vivales que compliquen las cosas.

  • Juan

    columna mala y aburrida…

  • MARTIN SERRANO

    También estoy convencido que mucha gente opina sin haber asistido jamas a un evento cuando habían festivales en nuestra ciudad.