Hace unos días el presidente Enrique Peña Nieto dio un decálogo del plan de legalidad y justicia. Diez puntos necesarios en un inicio y que deben de irse aumentando, corrigiendo, ajustando y aplicando a cabalidad pues en este barco vamos todos.

La ley contra la infiltración del crimen organizado donde la federación asumirá el control de los servicios municipales o disolverá un ayuntamiento cuando existan indicios de estar involucrados con el crimen organizado.

Se redefinirán las competencias de cada autoridad de cara al delito.

Se crearán 32 grupos sólidos de policías estatales únicas.

Se creará un número telefónico único para emergencias a nivel nacional y se buscará que sea el 911 por ser el más reconocido a nivel mundial.

Se formará un registro de clave única de identidad para facilitar trámites.

Se implementará un operativo especial en los estados de Michoacán y Guerrero.

Se enviará al Congreso de la Unión una amplia agenda de reformas para mejorar la justicia cotidiana.

Fortalecer los instrumentos para proteger los DDHH, detallando la tortura, las desapariciones forzadas y la localización de personas. Se fortalecerán los protocolos y procedimientos, para que en caso de tortura, desaparición forzada y ejecución extrajudicial, las investigaciones sean oportunas, exhaustivas e imparciales.

Promover la pronta aprobación de las diversas leyes y reformas para combatir la corrupción.

Fortalecer los principios de Gobierno Abierto en la Administración Pública Federal. En este marco, se instruyó a la Secretaría de la Función Pública a desarrollar un portal de información sobre los proveedores y contratistas de toda la APF.

Como dije antes, como inicio es bueno. No obstante, las leyes que tenemos podrían ser efectivas si no existiera impunidad, si el que cometiera un delito fuera sancionado, si la sociedad confiara en sus instituciones pues estas resuelven problemas, dan certeza y seguridad. Es cierto que estamos malacostumbrados, es cierto que debemos de renovarnos, es cierto que si queremos que México sea el país en el que todos deseamos vivir, se debe de acabar con la corrupción y con la impunidad y eso solo se logrará con transparencia por parte de las autoridades y aplicación de la ley de manera imparcial y objetiva.

La justicia se representa como una mujer vendada sosteniendo una balanza porque debe ser equilibrada y ciega a cualquier distractor de la función de impartir justicia sin importar color, sexo, clase social o poder político. En México debemos ser iguales todos y todos tenemos que hacer nuestra parte.

A lo dicho por el presidente debemos de sumarnos como sociedad y aportar nuestras ideas y pedir su cumplimiento, es hora de exigirle a nuestros diputados y senadores de que se olviden de sus respectivos partidos políticos y se conviertan en lo que se supone son, nuestros representantes, nuestra voz, nuestra primera línea de diálogo.

Si queremos de verdad cambiar las cosas debemos ser parte de la solución, debemos unirnos a un gran pacto nacional y no dejar en manos de las autoridades lo “bueno” y lo “malo” tenemos que participar para mejorar, tenemos que acabar con los actos de corrupción y tenemos que meter a la cárcel a los que abusan del privilegio de servir al ciudadano y solo buscan su beneficio personal a través de ilícitos. Como ciudadanos participativos debemos cumplir para exigir y cuando exijamos debemos hacer temblar a cualquiera que este fuera del imperio de la ley.

Debemos conocer nuestras leyes y debemos de buscar que su aplicación sea justa y expedita, debemos de respetarla, debemos de respetarnos.

Es un inicio, ahora hace falta un gran pacto nacional donde el gobierno no sea la punta de la pirámide, sino esté sentado en la mesa con nosotros buscando lo mejor para todos y cada uno de los mexicanos.

-911 ¿Cuál es su emergencia?…

-México.